

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) ocupa dos espacios inseguros en la geografía de Cuernavaca: el Campus Chamilpa, cuyo acceso tiene un perímetro enorme y difícil de controlar; y la zona de Los Volcanes, una larga franja que va desde la privada Tanque hasta la calle Leñeros, atravesada por cinco calles y muy cerca de zonas que si bien eran muy seguras hace unas décadas ahora son escenario frecuente de robos con violencia y otros crímenes. La seguridad universitaria es un asunto complejo pues la propia presencia de una enorme comunidad pacífica de personas, mayormente jóvenes, se traduce en riesgos a la población; algo que resulta tan obvio que los gobiernos tendrían que ubicarlo como una prioridad.
Durante la última década, por lo menos, no había sido así.
La UAEM empezó a tener episodios de criminalidad cada vez más frecuentes desde la administración de Graco Ramírez, cuando el pleito del exgobernador con la rectoría de entonces dejó prácticamente abandonada financiera y políticamente a la universidad. Los hechos se convirtieron en más recurrentes en el sexenio de Cuauhtémoc Blanco, quien nunca le dio importancia a la institución, ni a la seguridad, ni a casi nada, y así fue creciendo el riesgo de la comunidad universitaria frente al aumento de la criminalidad que tenía en los universitarios, víctimas frecuentes.
La llegada de José Luis Urióstegui a la alcaldía de Cuernavaca en el 2022 ayudó un poco a fortalecer la seguridad en los alrededores del campus Chamilpa, pero el estado de fuerza policial de la ciudad no es suficiente para atender la vigilancia especial que requieren sus campus. También deberá reconocerse que la anterior administración universitaria, a cargo de Gustavo Urquiza, hizo bastante poco y muy tarde para gestionar apoyos en matera de protección a su comunidad. De hecho, ya casi para despedirse de la rectoría Gustavo Urquiza enfrentó un par de manifestaciones de la comunidad estudiantil cuya principal demanda era la seguridad en los campus universitarios.
Cuando la rectora, Viridiana Aydeé León Hernández fue electa, casi de inmediato se inició un trabajo de coordinación con la policía municipal de Cuernavaca que, aunque con mejores resultados seguía siendo insuficiente. Los problemas de competencia de las autoridades federales (una de las salidas naturales de la UAEM es por la autopista México-Cuernavaca vigilada solo por la Guardia Nacional), la insuficiencia de elementos policiacos, la prohibición de las policías de entrar al campus universitario (como forma de respeto a la autonomía), y los propios descuidos históricos de la institución en materia de vigilancia, mantenían el riesgo.
La llegada de Margarita González Saravia a la gubernatura del estado y su compromiso con los universitarios de Morelos permitió trazar una mejor estrategia que se ha venido trabajando desde principios de este mes. El secuestro y posterior asesinato de dos catedráticos jubilados de la UAEM, no fue el detonante para el programa, pero sin duda influyó en que se aceleraran los trabajos en los que se incluyen compromisos de los gobiernos municipal y estatal y de la propia universidad para volver más seguras las unidades académicas tanto del campus Chamilpa como de Los Volcanes, y también las zonas aledañas a ellas.

Entre otras acciones que iniciarán desde ahora, están el fortalecimiento del sistema de videovigilancia, la prevención de los robos en el transporte, el reforzamiento de la vigilancia policiaca en las entradas de la universidad, y mantener una línea de comunicación abierta y permanente entre los servicios de vigilancia y emergencia municipales, estatales y la universidad.
La seguridad especial que se brinda a la comunidad universitaria permitirá espacios más seguros para el desarrollo de la juventud, pero también deberá traducirse en que las áreas norte y oriente de la ciudad recuperen la paz y tranquilidad que hace mucho les fue robada.

