

Hace unas semanas, en entrevista para La Jornada Morelos, Clarisa Manrique, hoy secretaria de las Mujeres en el gabinete de Margarita González Saravia, aseguraba que hay pequeñas acciones que significan mucho en la construcción de una vida libre de violencia para las mujeres de Morelos. Ayer se inició uno de estos pequeños cambios y se anunció otro que podrían, gracias a la colaboración de la sociedad, mejorar sustancialmente la seguridad para las mujeres de todo el estado.
La violencia contra las mujeres en el estado es un fenómeno intolerable que en los últimos años se ha agravado. Morelos es el primer lugar en incidencia del delito de feminicidio, nueve de sus municipios (Cuautla, Cuernavaca, Temixco, Xoxocotla, Jiutepec, Atlatlahucan, Emiliano Zapata, Jojutla y Yecapixtla) se ubican entre los ochenta con más feminicidios en el país. Las víctimas mujeres de homicidios dolosos también han aumentado en los últimos años; igual que las que han denunciado. Y otras formas de violencia contra las mujeres siguen creciendo.
En este contexto, habría quienes pensarían en la urgencia de grandes acciones, muchas de ellas intentadas en el pasado y que muy pronto se convirtieron en sonoros fracasos.
La Secretaría de las Mujeres inicia su gestión dando pasos aparentemente muy simples, pero que pueden generar un gran avance en el acceso de las mujeres a una vida libre de violencias. El primero es la certificación de operadores del servicio de taxis en materia de conducción responsable y segura, sensibilización con enfoque de género; se someterán a exámenes psicométricos y toxicológicos; y recibirán capacitación, acceso a mejores condiciones laborales y certificación como operadores seguros. Con estas sencillas acciones se busca garantizar que las mujeres tengan un medio de transporte seguro y libre de violencias de cualquier tipo.
En segundo lugar, Clarisa Manrique adelantó el inicio de capacitaciones a prestadores de servicios y empleados de negocios para servir como primeros respondientes en casos de violencia contra las mujeres, a fin de que las víctimas se sientan seguras en locales comerciales, oficinas, consultorios y otros espacios que se incorporen al programa que, en una segunda etapa incluirá incluso a giros rojos. El proyecto aprovecha la voluntad de miles de morelenses comprometidos también con la generación de espacios seguros para las mujeres que, pese a su buena voluntad, difícilmente saben qué hacer como primeros respondientes en estos casos.
La capacitación podría ampliar a miles las decenas de espacios que hoy ofrecen atender y dar refugio temporal a mujeres víctimas de cualquier forma de violencia. La capacitación estará orientada, entre otras habilidades, a cómo establecer el primer contacto, la habilitación de espacios seguros, las autoridades a las que se debe contactar en cada caso y cómo dialogar con la víctima para hacerla sentir a salvo en los primeros minutos, cruciales en la atención.

Pequeñas cosas que no requieren grandes presupuestos ni enormes despliegues parecen destinadas a ser mucho más efectivas que lo que se ha intentado en el pasado. La buena voluntad de las y los morelenses acompaña las propuestas que, con eso y mucho trabajo colectivo pueden traducirse pronto en enormes cambios para que las mujeres tengan paz en el estado.

