Desde ninguna perspectiva es justificable la violencia. La retención del alcalde de Ocuituco por vecinos de Ocoxaltepec, un poblado situado en la zona nororiente de Morelos es impermisible, aunque puede explicarse por la desesperación de la gente frente a promesas incumplidas, recursos públicos no ejercidos en el destino para el que fueron programados, y el tiradero en que la administración de Juan Jesús Anzures García ha dejado al pueblito que habitan poco menos de dos mil personas en condiciones de alta marginación. El hartazgo de la gente aumenta por la cercanía del final de la administración municipal a la que quedan apenas 14 días.

Horas antes de ser retenido por los habitantes de Ocoxaltepec, Juan Jesús Anzures había estado con la gobernadora, Margarita González Saravia y el alcalde de su municipio vecino, Yecapixtla, Rafael Sánchez Zavala, en el arranque de las obras de rehabilitación de la carretera que une a los dos municipios. Después fue al poblado limítrofe con el Estado de México y ahí enfrentó la furia de los vecinos que lo privaron de la libertad por casi 20 horas, aún cuando el gobierno estatal acudió para instalar el diálogo. Finalmente, tuvo que venir la mano (o la cartera) salvadora del Ejecutivo para prometer apoyos que lleven a la conclusión de las obras pendientes.

Al mismo tiempo que el gobierno de Morelos mediaba para liberar al alcalde, un grupo de vecinos de Tepoztlán se manifestaban frente a Palacio de Gobierno en Cuernavaca con una demanda similar, el alcalde saliente, David Demesa, pretende dar por concluidas obras a medias y con ello evadir la responsabilidad que, sin duda podría fincársele dadas las irregularidades que se presentan en casi cada una de ellas.

El problema lo comparten, sin duda, otros alcaldes cuyas gestiones han sido reprobadas por la ciudadanía y que se irán dejando grandes pendientes, es el caso de Cuautla, donde también quedarán obras y remediaciones pendientes para la nueva administración municipal.

En algunos municipios, la gente parece estar mucho menos dispuesta a aguantar las ineficiencias de sus alcaldes. El caso de Ocuituco es un ejemplo claro que debería alertar a los funcionarios municipales de lo importante que es cumplir con las obras prometidas y dejar en condiciones operables a los ayuntamientos al concluir sus administraciones.

Apostar a que el gobierno estatal salve a los alcaldes en problemas pudiera no ser tan riesgoso con la administración de Margarita González Saravia y los oficios del equipo de la secretaría de Gobierno que encabeza Juan Salgado Brito, pero sin duda es una enorme irresponsabilidad. Si bien la gobernadora ha demostrado que, a diferencia de sus antecesores, no dejará solos a los ayuntamientos, por cierto, más por el bien de las comunidades que se los alcaldes; la obligación de la aplicación correcta y puntual de los recursos para obra toca a las administraciones municipales que las inician.

En el caso de Cuernavaca, por ejemplo, justo ayer la secretaría de Obras del municipio anunció que antes de la Navidad estarán listos los pendientes, evidencia de que se ha planeado la ejecución de la infraestructura y se mantienen a salvo los recursos para pagarlas. Sorprende entonces que municipios con programas de obra pública mucho menos ambiciosos que el de la capital de Morelos, padezcan tantos problemas para la conclusión de proyectos que fueron fondeados en su totalidad.

Que valga el aprendizaje para los alcaldes que iniciarán sus gestiones el 1 de enero próximo; la gente se ha vuelto mucho más exigente y, aunque no sea siempre de la mejor manera, siempre va a exigirles resultados.

La Jornada Morelos