
La tragedia del feminicidio de la estudiante universitaria Kimberly Joselin, igual a las que hay detrás de cada asesinato y feminicidio, horrorizan y ponen de luto a casi toda la sociedad. La excepción son los criminales y quienes buscan obtener beneficios políticos o económicos a costa de tales atrocidades.
Mientras una familia está destrozada y una comunidad, fracturada porque Kimberly fue víctima de un atroz crimen, hay quienes buscan aprovechar el dolor, la ira, el miedo, para lograr posiciones políticas, visibilidad pública, atentando contra la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), una institución que ha servido a la sociedad desde su fundación y que desde hace por lo menos dos años ha emprendido un programa importante de vinculación con las comunidades, de ampliación y modernización de su oferta académica, y todo ello sin sacrificar la alta calidad de sus programas de bachillerato, licenciaturas, posgrados e investigación.
Porque la UAEM es mucho más que una escuela de estudios superiores o que una institución rígida; se trata de una comunidad viva que todos los días construye un Morelos mejor, aún a pesar de muchos políticos y grupos sociales que apuestan por el fracaso del estado y de sus instituciones. La comunidad universitaria, por su extensión, pero mucho más por lo que realiza y por lo que puede construir en el futuro, merece un respeto que no se le ha dado en muchos medios de comunicación, en círculos políticos, en el discurso inmediatista que atiza el odio y estorba para cualquier diálogo y acuerdo.
En los últimos días ha sido evidente la intromisión de actores externos a la UAEM, violentando su autonomía, intentando fracturar sus estructuras, sorprendiendo a una administración dedicada a la academia y la vinculación social. Eso tendría que ser considerado como otro crimen, éste de índole social y político, uno que atenta contra el futuro de miles de estudiantes, académicos y administrativos.
La intromisión ha contado, como siempre, con la venia e invitación de actores internos que buscan posicionamiento político. El resultado es un coctel peligroso para la estabilidad universitaria, la continuidad académica y también para la paz social del estado.
Es evidente que la administración universitaria, desde las direcciones de escuelas, facultades e institutos, los puestos administrativos y hasta la administración central tienen mucho qué corregir para que la Universidad sea una comunidad mucho más segura; también es innegable que estos cambios deben hacerse con las propuestas sanas de la comunidad estudiantil y de trabajadores que buscan mejorar la institución. Pero estos cambios deben hacerse en un consenso al interior de la comunidad universitaria, uno que incluya desde la rectoría hasta la escuela más alejada.

La UAEM deberá también, en la medida de sus necesidades, aceptar la colaboración de instituciones que, como el Gobierno del Estado de Morelos y el Ayuntamiento de Cuernavaca, han ofrecido apoyos en materia de vigilancia y prevención del delito. Pero al mismo tiempo tendría que empezar a cerrarse a voces que promueven el desastre, que pretenden dimisiones, destituciones, y otras medidas injustificadas, es evidente que buscan sacar raja política de una desgracia, y es notorio su desinterés por el engrandecimiento de la comunidad universitaria.

