Son jarocho, trova y bullicio sonorizaron la noche de los mil que, como el tiempo pasa, ya eran más cuando empezó el festejo. Era el sonido del pensamiento, de los muchos pensamientos que intercambiaban ideas, anécdotas, experiencias, demostrando una vez más que la intelectualidad es sonora porque el silencio es para los merodeadores, los fisgones, los malhechores; y de esos no había.

En torno a nuestro periódico, propiedad más de cada uno de los lectores que de quienes lo hacemos, se reunieron todos los que pudieron para celebrar, en esa comunión intelectual que siempre es honesta y sincera, decenas de amigos, colaboradores, lectores todos para celebrar y festinar un arte que, por más que lo den por muerto, está vivo y extraordinariamente sano: el periodismo. Y no cualquiera de sus formas, sino la que, por su compromiso con la verdad, suele incomodar al engañoso.

Compartiendo, no el pan y la sal (porque la Grecia antigua feneció hace mucho) pero sí canapés deliciosos y exquisitas bebidas (algunas espirituosas y otras espirituales), ahí estaban todos los que quisieron y pudieron estar, respaldando un proyecto joven de periodismo que, antes de sus tres primeros años ya cuenta más lectores que amigos, y amigos tiene por miles. La Jornada Morelos celebró sus primeros mil ejemplares cobijado por el cariño que acompaña el respeto a la labor de informar, de opinar responsablemente, de participar de forma decidida en la formación de una nueva sociedad, una que sea mejor, que dé orgullo heredar a los hijos y nietos.

Estaban ahí muchos de los que hacen eso posible, otros se quedaron en las labores propias del periodismo, exigentes siempre. Y por supuesto, no faltaron los lectores que sugerían temas, enfoques, nuevas formas de diálogo que iremos experimentando con la seriedad que merecen.

La charla abierta siempre es igualadora, aunque no despoja a nadie de su esencia. Así que el diálogo nutre, fortalece las ideas al enriquecerlas. Y la construcción que tuvimos en cada una de las múltiples pláticas con articulistas, editores, lectores, artistas, científicos y hasta políticos, permitió a todos construir o reconstruir opiniones, proyectos, teorías, y especialmente el compromiso que solo debe ser con la verdad, como dijo José Iturriaga de la Fuente orador de la breve ceremonia.

La personalidad de los jornaleros siempre ha sido de una sencillez extraordinaria, pese a sus evidentes y reconocidas virtudes, así que la celebración que otros habrían hecho de autoelogio fue de autocrítica porque se celebraba algo mucho más grande. Igual que La Jornada Morelos es más grande que la suma de todos sus esfuerzos, el buen periodismo es mucho más que la suma de sus medios; es una idea que se vuelve credo y forma de vida.

Así que la celebración de los mil fue para el periodismo, esa práctica en la que autor y lector se convierten mágicamente en (perdón Benedetti) mucho más que dos.

Y tenemos muy claro que los mil y algunos ejemplares que ya llevamos a este domingo, son más de cada uno de nuestros lectores que nuestros, por eso las mil y más gracias que damos a quienes hacen esto posible, cada lector y autor que, en esto del periodismo suelen fusionarse en uno mismo.

La Jornada Morelos