El alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado anunció relevos en su equipo de trabajo producto de una evaluación a lo realizado durante el primer semestre del año y que en algunas de las oficinas ha resultado del todo insatisfactorio. Se trata, no solo del estilo de trabajo del alcalde, la fecha de los relevos fue acordada desde las primeras sesiones de cabildo cuando la permanencia del funcionariado quedó condicionada a los resultados que se ofrecieran en el primer semestre.

Al cabo de ese tiempo, el propio Urióstegui lo reconoce, hay quienes no cumplieron con las altas expectativas no sólo del ayuntamiento, sino también de la ciudadanía. El anuncio dio ya para las primeras especulaciones, muchas de ellas derivadas de percepciones parciales de la realidad, otras bastante válidas dado el escaso trabajo en algunas áreas, pero las determinaciones que al final valdrán son las que emitan el alcalde y el cabildo de Cuernavaca en función de indicadores muy puntuales de cumplimiento.

Así debe ser en la administración pública. Los gobernantes y sus colaboradores deben saber que cualquier compromiso concluye con el nombramiento y a partir de él están obligados a dar los resultados a los que se comprometieron. No siempre es así, y por ello las destituciones de funcionarios no deben espantar a nadie, al contrario, tendrían que interpretarse como la habilidad de las administraciones para corregir el rumbo y mejorar el servicio que brindan a la ciudadanía.

Hay estilos diversos de enfrentar los cambios, a diferencia de Urióstegui Salgado, que parece preferir los cambios en paquetes de varios funcionarios al mismo tiempo, en una especie de corrección sistémica; la gobernadora, Margarita González Saravia parece más dispuesta a relevar a los funcionarios en el momento en que considera se requiere un cambio.

Lo que no puede hacerse, sin duda, es renunciar a los cambios o no hacerlos por una necedad política o una “muestra de quien manda en el gobierno”. Si bien es cierto que muchas veces grupos ciudadanos y medios de comunicación le cargan la mano a uno u otro funcionario, debe considerarse que la mayor parte de las veces las críticas ciudadanas tienen buena parte de razón. Muchos políticos han padecido terribles crisis de gobierno por ignorar la exigencia de cambios en su personal. Los exgobernadores Jorge Carrillo Olea y Sergio Estrada Cajigal sufrieron un enorme desgaste por no entender la exigencia de cambios en sus equipos de trabajo.

Pero la experiencia también enseña que no todos los cambios logran mejoras, cuando fue gobernador, Cuauhtémoc Blanco Bravo hizo relevos importantes en su gabinete y pese a ello las cosas siguieron empeorando. Como esa experiencia hay otras en la historia reciente, por lo que resulta vital que si algún gobernante hizo nombramientos por cualquier razón que resultaron equívocos, la contratación de nuevos funcionarios procure corregir los factores que llevaron a las primeras fallas sean problemas en el reclutamiento, en las entrevistas, en las recomendaciones o hasta las presiones de grupos políticos.

Algo que debe reconocerse, y Urióstegui lo demostró en su primer periodo como alcalde, es que el actual alcalde de Cuernavaca sabe corregir el rumbo y acomodar nuevas piezas en el engranaje municipal para volverlo más eficiente. Si es ese el caso, bienvenidos los relevos y que sirva de ejemplo a otros ayuntamientos en donde las cosas no van bien.

La Jornada Morelos