Probablemente el mayor problema que tenemos el comunicar la crisis ambiental que ha provocado la pérdida de miles de hectáreas de bosques, la contaminación de los acuíferos, la degradación de los suelos, la expansión depredadora de la superficie urbana, y sus efectos como el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y el riesgo de crisis alimentarias graves, es que las voces de alarma pueden generar una sensación de desesperanza.

En medio de esa depresión, lo más sencillo es pensar que el diablo se llevará pronto al mundo y entonces no hay nada por hacer. Esa parece ser la actitud de muchos, incluidos gobiernos y grandes capitales, que aprovechan esa desesperanza a su conveniencia política y económica, renunciando entonces a cumplir con su deber en la preservación y restauración de la biodiversidad. Morelos ha padecido por décadas la depredación, pero también la simulación de autoridades sin interés de futuro más allá del próximo proceso electoral.

En un contexto así, los reportes de experiencias muy positivas en la conservación y restauración de la biodiversidad en zonas tan cercanas a nosotros como la Sierra de Huautla, resultan especialmente edificantes porque muestran que otra forma de organización, una que salve al planeta de la destrucción que diariamente provoca la actividad humana, es posible y, entonces, hay una verdadera posibilidad de futuro para todos.

La recuperación del hábitat que Morelos ofrecía a especies como el jaguar, el jabalí y el venado cola blanca en la selva baja caducifolia de la Sierra de Huautla es una gran noticia para la biodiversidad, pero no debe entenderse como un asunto casual, sino dentro de un modelo de conservación de tres décadas diferente a los que simularon durante el mismo periodo gobiernos municipales y estatales.

El modelo implementado en conjunto por las comunidades de la Sierra de Huautla y la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, se fundó en la organización comunitaria para la protección de la reserva, el impulso a proyectos productivos comunitarios y demostró que, permitir a la naturaleza hacer su trabajo en la restauración del ecosistema es la forma correcta de recuperar la biodiversidad. Así, paulatinamente se fueron recuperando las especies nativas y el hábitat para que hoy la zona pueda alojar nuevamente a los seis felinos con presencia en México. No hubo simulaciones, los académicos hicieron su tarea de monitorear el área y las comunidades supieron defender su tierra.

El modelo, según comentó a La Jornada Morelos el director de la Comisión Estatal de Biodiversidad, Fernando Jaramillo Monroy, es uno que podría replicarse en otras áreas del estado aun cuando están sujetas a presiones mayores que Huautla. En el centro y norte de Morelos, la presencia de grupos criminales, las intenciones de desarrolladores inmobiliarios, y la corrupción de autoridades ejidales, comunales y algunas municipales, representa un riesgo mayor que, sin embargo, puede ser atendido por la aplicación de la ley y la defensa que las propias comunidades suelen hacer de su territorio.

El programa de reordenamiento territorial y urbano para la zona metropolitana de Cuernavaca, que incluye a Huitzilac y Tepoztlán, la renovada protección al bosque de agua, la convicción de implementar paradigmas diferentes y funcionales para la protección de la biodiversidad son buenas noticias siempre que tengan la concurrencia de las comunidades rurales y urbanas, de la sociedad en conjunto.

Hay esperanza para la biodiversidad en Morelos y eso, de alguna forma, significa que también la hay para el planeta.

La Jornada Morelos