

Promulgada hace 108 años, la Constitución Mexicana del 1917, con todas sus reformas, contrarreformas, es el pacto que establece los derechos, obligaciones, forma y espíritu del gobierno, de las leyes que protegen la libertad, integridad y dignidad de quienes habitamos el país. Se trata del documento fundacional del país, el que regula las relaciones sociales, pone límites a la acción gubernamental, establece la soberanía y las formas para alcanzar el bien común. Además, es una Constitución ejemplar pues fue la primera en el siglo XX que estableció los derechos sociales de los ciudadanos.
Gran parte de la validez de la también llamada Carta Magna proviene de sus medios de adaptación; los constituyentes del 17 establecieron en ella las formas en que puede ser adecuada a nuevas realidades, lo que ha garantizado su permanencia a través de más de un siglo en que ha tenido más de 700 reformas, la mayoría de ellas (486) en el periodo que abarcaron las presidencias de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, y Enrique Peña Nieto (el hoy llamado periodo neoliberal). La presidencia de Andrés Manuel López Obrador fue mucho más moderada y de las 81 reformas en promedio que hicieron sus seis antecesores, logró 23 cambios constitucionales que impactaron en 62 artículos.
Desde que asumió el cargo, la presidenta Claudia Sheinbaum ha impulsado tres reformas en el 2024 y una en el 2025. En el aniversario CVIII de la Constitución anunció dos más, la primera para prohibir la reelección a cualquier cargo de elección popular, y la segunda para evitar el nepotismo con “la prohibición expresa de que ningún familiar pueda suceder de manera inmediata a otro tratándose de un puesto de elección popular”; ambas iniciativas podrían mejorar la rotación en el poder e impedir cacicazgos políticos como los que se presentan, por ejemplo, en algunas regiones de Morelos.
Más allá del sano debate que debe darse en torno a las iniciativas de reformas a la Constitución, que versan siempre sobre el espíritu de cada época, lo que permanece como esencial en la Carta Magna es la construcción de la identidad de los mexicanos como un pueblo libre y soberano, por ello resultan especialmente significativos los discursos que regalaron a mexicanos y morelenses, en sendas ceremonias de conmemoración la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo; y, en representación de la gobernadora, Margarita González Saravia, el secretario de Gobierno, Juan Salgado Brito.
Parte como respuesta a la circunstancia actual de México en el concierto regional de las naciones, la presidenta Sheinbaum advirtió “jamás permitiremos que violen nuestra soberanía ni la dignidad de nuestro pueblo y de nuestra patria”, y se pronunció por la cooperación sin subordinación, colaboración sin sometimiento, y por erradicar el injerencionismo, el racismo y el clasismo. También reiteró la posición de México a favor de las libertades, la democracia y la patria; es decir, un recuerdo necesario del espíritu de la Constitución respondiendo a los actuales retos de relaciones internacionales del país.
En el plano local, el secretario Juan Salgado Brito también recurrió al espíritu constituyente para atender una urgencia local, la defensa y consolidación del Estado de Derecho (una garantía constitucional), en una entidad afectada desde hace años por el crimen, la corrupción y la impunidad.

Los mensajes federal y local tienen un componente que los mexicanos no debemos pasar por alto y es el de la cohesión, la unidad que nos ofrece y a la que nos compromete el texto constitucional. La fortaleza de México radica en su gente, pero también en sus instituciones y en el marco jurídico que, los últimos 108 años hemos podido mantener vigente como parte de la esencia nacional, de cómo vemos al país y cómo queremos ser vistos por el mundo; y aunque puede haber debate en las formas, el espíritu es el mismo, uno que vive y defiende su libertad, soberanía y el derecho de cada mexicana y mexicano.

