La detención en el poblado de Chamilpa de un par de expolicías, uno de ellos que incluso llegó a ser responsable de Protección Civil en Cuernavaca, evidencia lo necesario de una profunda depuración de las fuerzas policiales en Morelos; un proceso que inició desde enero pasado y sigue entregando desagradables sorpresas. Hasta ahora hay más de una veintena de policías que han sido separados de sus cargos y puestos a disposición de las autoridades dada la probable comisión de delitos diversos.

El caso de los capturados en Chamilpa, de confirmarse los datos que obran en más de una decena de carpetas de investigación, será un escándalo aún mayor. Conforme a las indagatorias, elementos policiales de Cuernavaca y Huitzilac participaban de actividades criminales junto a un grupo delictivo al que brindaban todo tipo de protección. Los indiciados habrían participado en secuestros y robos de vehículos; pero también, desde sus puestos de vigilancia, daban información errónea a otros policías para evitar que las persecuciones culminaran con la aprehensión de los delincuentes.

Las investigaciones están a cargo de la Fiscalía General del Estado, pero los datos de inteligencia policial que han resultado de operativos policiacos parecen establecer una relación de los detenidos, o de otros elementos policiacos en Huitzilac y Cuernavaca, que habrían participado en la comisión de delitos de alto impacto y en la protección a un grupo criminal que aún opera en Cuernavaca y Huitzilac, aunque sus operaciones han sido severamente disminuidas gracias a la estrategia coordinada de seguridad en la zona.

Mientras tanto, la depuración de las policías continúa también fuera del terreno de los operativos contra grupos criminales, desde dentro de las corporaciones. La institución de los Consejos de Honor y Justicia para todas las policías municipales, al principio de este año sólo había en 12 de los 36 ayuntamientos; es parte de ese trabajo de depuración pues permite la baja de los elementos sin permitir que recurran a procesos administrativos para ser reinstalados aún después de haberse comprobado la comisión de faltas graves o violaciones al reglamento.

Porque si bien los exámenes de control de confianza, obligados para todos los elementos y mandos policiales, resultan sumamente útiles, se aplican en periodos de dos o tres años, lapsos en que algunos de ellos podrían corromperse, o bien librar la revisión hasta el término de la administración municipal. Así que esas pruebas no son suficientes para lograr la depuración, así que se complementan con investigaciones internas, denuncias ciudadanas, actos de investigación serios, y la acción de los consejos.

Y por supuesto que la depuración hace ruido porque siempre será escandaloso que quienes juraron proteger a la población se dediquen a dañarla o proteger a quienes la dañan.

Pero deberá distinguirse, los esfuerzos por limpiar las corporaciones policiacas de malos elementos parten de dos principios fundamentales:

Primero el hecho de que la mayoría de los policías en Morelos, estatales y municipales, son gente que honra el servicio que brindan a la sociedad.

Y segundo, que es mejor enfrentar escándalos heredados de un pasado de vinculación entre corruptos y criminales y no, en aras de evitar hacer ruido, dejar que los silencios sigan cobrando víctimas de delitos y violencia en todo el estado.

La Jornada Morelos