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La seguridad pública es, sin duda, la mayor preocupación de los morelenses y el principal desafío de cualquier administración estatal. En Morelos, los años recientes dejaron una estela de violencia, desconfianza institucional y temor social. Por eso, los resultados anunciados por la gobernadora Margarita González Saravia, que revelan una reducción del 50% en los homicidios dolosos durante 2025, son una señal alentadora de que, como dice ella, la estrategia actual comienza a dar frutos concretos.

De acuerdo con el gobierno, este descenso representa el efecto de una política de seguridad integral, basada no solo en el despliegue operativo, sino también en la coordinación interinstitucional, la prevención del delito y el fortalecimiento de la inteligencia policial. González Saravia ha insistido en que la confianza ciudadana y la denuncia son ejes fundamentales para romper el círculo de impunidad que durante años permitió el crecimiento del crimen organizado en la entidad.

El ejemplo más reciente de esta política es la inauguración del Centro de Comando (C2) en Cuautla, un espacio tecnológico conectado directamente al C5 estatal, desde donde se integran sistemas de videovigilancia, arcos de seguridad y plataformas de análisis de información en tiempo real. Con más de 140 cámaras en puntos estratégicos y un esquema de colaboración con el municipio y la federación, este nuevo centro es parte de la apuesta por la modernización del sistema de seguridad y la reconstrucción de la confianza social en las instituciones. Y, si se considera que la pasada administración municipal dejó menos de una decena de cámaras funcionando, la mejora es notable.

La estrategia estatal no se limita al control territorial. Va acompañada de una visión de gobernanza en la que la transparencia y la ética pública son pilares de la seguridad y la justicia. En ese sentido, la gobernadora anunció también que se encuentra en la etapa final de selección de la terna para la titularidad de la Fiscalía General del Estado, con el compromiso de proponer perfiles honorables, experimentados y con principios éticos sólidos. La elección de un nuevo o nueva fiscal no será solo un trámite administrativo, sino una pieza clave para consolidar el combate a la impunidad, ese otro gran enemigo de la paz en nuestro estado.

La inseguridad y la impunidad son, en efecto, dos caras del mismo problema. De nada sirve reducir los índices delictivos si la justicia no llega y, cuando lo hace no es a tiempo ni con imparcialidad. Por ello, el énfasis del gobierno estatal en mantener una coordinación efectiva entre las instancias de seguridad y procuración de justicia responde a una comprensión profunda del problema: no se puede aspirar a la tranquilidad social sin instituciones confiables, sin un marco legal que funcione y sin funcionarios comprometidos con el servicio público.

Morelos no puede ni debe llegar a los grados de emergencia que hoy viven otras entidades del país. Su tamaño, su ubicación y su historia lo colocan en una posición estratégica: es posible contener y revertir la violencia antes de que sea incontrolable. Pero para ello se requiere continuidad, voluntad política y vigilancia ciudadana.

En menos de un año, la administración de González Saravia ha mostrado que la seguridad se construye con inteligencia, coordinación y ética, el reto de fondo es mantener este rumbo. La tecnología y las estrategias son herramientas; la verdadera transformación depende de consolidar una cultura institucional de cercanía con la ciudadanía, transparencia en la acción pública y rendición de cuentas. Si Morelos logra afianzar estos principios, podrá no solo reducir la violencia, sino también recuperar la confianza y la esperanza de su gente.

La Jornada Morelos