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Cuernavaca tendrá en 2026 el presupuesto más alto de su historia: 2 mil 699 millones de pesos, una cifra que marca un antes y un después en la capacidad financiera del municipio. Su crecimiento recaudatorio en los últimos cuatro años no es casual: obedece a una estrategia fiscal que ha logrado ordenar, ampliar y sostener los ingresos propios, un esfuerzo que —en un contexto nacional donde muchos ayuntamientos dependen casi por completo de las transferencias— resulta digno de subrayarse.

Este incremento, además, es congruente con la realidad socioeconómica de la capital. Casi tres de cada 10 habitantes de Morelos viven en Cuernavaca, lo que naturalmente origina mayores demandas de infraestructura, movilidad, servicios urbanos, seguridad pública y gestión ambiental. También concentra un amplio número de empresas, comercios y actividades profesionales, acorde con el perfil económico del estado: de acuerdo con el INEGI, la principal actividad económica de Morelos son los servicios. Por ello, que la capital encabece la recaudación y el volumen presupuestal no solo es razonable, sino coherente con su peso poblacional y productivo.

Sin embargo, la fotografía completa muestra matices importantes. Aunque Cuernavaca aportará 23% del total de los ingresos municipales de Morelos, esta proporción es menor a su peso demográfico. La brecha entre población atendida y recursos disponibles persiste y obliga a una reflexión sobre la estructura de financiamiento municipal en el estado.

Aun así, los números de la capital impresionan: su presupuesto será más del triple del que tendrá Cuautla en 2026 (856 millones de pesos) y muy por encima de Jiutepec (790 millones), Yautepec (661 millones) y Temixco (637 millones). Estos cinco municipios, junto con Cuernavaca, integran la primera categoría de ayuntamientos con ingresos altos, responsables de sostener buena parte de la vida económica, industrial y urbana de la entidad. Pero esta situación, en contrasta con la realidad de muchos otros municipios pone de manifiesto que la desigualdad fiscal en nuestro estado, si bien no es nueva, la brecha entre extremos vuelve a ensancharse.

En un estado donde muchos municipios arrastran rezagos administrativos o muestran dependencia casi total de las participaciones federales, Cuernavaca ha demostrado que fortalecer la recaudación propia sí es posible. Ordenar catastros, actualizar padrones, impulsar el pago de derechos y combatir la evasión son decisiones que requieren voluntad política, técnica y administrativa. La capital lo ha hecho —con sus claroscuros y resistencias sociales— pero el resultado está a la vista.

Este punto no debería pasar desapercibido: la autonomía financiera es también autonomía de gestión, y Cuernavaca ha ganado margen para planear, invertir y sostener servicios sin depender exclusivamente del vaivén federal.

La distribución presupuestal aprobada por el Congreso refleja realidades demográficas y económicas, pero también alerta sobre un riesgo estructural: municipios con muy pocos recursos difícilmente pueden atender problemas que ya rebasan sus capacidades administrativas. Desde seguridad hasta agua potable, pasando por infraestructura básica, pues la desigualdad financiera redunda necesariamente en desigualdad de servicios.

La Jornada Morelos