Ayer el centro de la Ciudad de México se abarrotó con cientos de miles de compatriotas convocados desde mediados de la semana por la presidenta de la República.

El llamado a la unidad surtió efecto pero en lugar de palabras airadas, reproches internacionalistas o anuncios catastrofistas, los asistentes se encontraron con una fiesta -hubo hasta mariachis- y a una mandataria que domina el contexto sin alardes ni dudas y que supo comunicar su confianza profunda en una coyuntura que a muchos ha hecho dudar.

De ninguna manera negó que hubiera temas en el ambiente internacional que escapan del control nacional, pero el énfasis lo puso en las ventajas que tiene nuestra nación para hacerles frente. Aseguró que México se encuentra en el mejor momento de convertir a la región en la mejor del mundo, pero «es menester fortalecer la relación económica, respetando las soberanías», pues con EU nos complementamos y asimismo con toda América Latina.

Con el gobierno de nuestro vecino del norte prevalecerá el respeto, el diálogo y la colaboración, pero manteniendo los “principios irrenunciables: no podemos ceder nuestra soberanía ni permitir que nuestro pueblo resulte afectado por decisiones que tomen gobiernos y hegemonías extranjeras”.

“Siempre lo hemos expresado con convicción: México es un gran país, con un pueblo digno y valeroso”, subrayó y recordó que en el ámbito internacional “somos naciones en igualdad de circunstancias, no somos más pero tampoco somos menos”; advirtió que siempre pondrá, por encima de todo, el respeto al pueblo y a la nación.

Planteó como estrategia seguir aumentando el salario mínimo, buscar la autosuficiencia energética, promover inversión pública para la creación de empleos y, por conveniencia de todos, «México seguirá en buscando evitar que el fentanilo llegue a Estados Unidos».

Quienes respondieron a la convocatoria presidencial no se vieron defraudados y encontraron en las palabras de la presidenta voluntad, optimismo y confianza antes que derrotismo o incertidumbre, cosa no menor dados los ríos de información que pintan un México como rehén de caprichos o sinrazones. La nación necesitaba eso y seguramente ayer la presidenta Sheinbaum ganó aún más adeptos.

Es inevitable señalar el gran contraste con los gobernantes que por el momento prefieren que el aire no los toque; sin ir más lejos, ayer al exgobernador de nuestro estado debieron haberle zumbado los oídos más de la cuenta porque, tanto en Morelos como en la Ciudad de México, se puso a Cuauhtémoc Blanco como el ejemplo de lo que NO debe ser ni un hombre o un gobernante, los abucheos no solo fueron para él -presente, aunque en efigie- sino para todos los que lo solapan y quieren usar la ley como escudo para ello.

El día y la noche, en cuanto credibilidad y calidad de personas, gobernantes o exgobernadores.

La Jornada Morelos