

Pocos temas de mayor importancia económica y social para México como lo es el trabajo y la seguridad laboral. Más allá del mantenimiento familiar, que muchos morelenses han encontrado en la informalidad, el empleo formal es el que tiene la virtud de ser un motor de la economía pues es el que cotiza para la seguridad social y mantiene las iniciativas gubernamentales vía impuestos.
La forma en que los morelenses se ganan el sustento se ha modificado dramáticamente en las últimas décadas, de pasar de ser una economía agraria a una primordialmente de servicios en la que predomina la informalidad.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI del año pasado, Morelos está muy por encima de la media nacional en materia de informalidad: el 66.3 por ciento de los trabajadores en nuestro estado se encontraban en ella (aunque el promedio nacional es también preocupante: 54.6)
Por si fuera poco, en el 33.7 por ciento de los trabajadores formales, asalariados -cuyas percepciones pagan impuestos y seguridad social vía IMSS o ISSSTE- solo son el 26.9%. Morelos está por debajo del promedio nacional de empleo a su población económicamente activa pues solo ocupa al 56.9 por ciento.
Desde hace años, Morelos se ha mantenido por detrás de los promedios nacionales de ocupación y laboralmente estamos dominados por la informalidad lo que redunda en otros fenómenos como la pobreza salarial y que la economía se apoye en pocos contribuyentes.
Por lo anterior, resultan muy preocupantes los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social que reportan pérdida de plazas laborales y cierre de fuentes de empleo durante el año pasado.

Que cierren 527 fuentes de empleo para un estado de las dimensiones del nuestro es al mismo tiempo trágico y preocupante, son miles de familias a las que se vulneró su estabilidad económica y, seguramente, por lo menos una parte, engrosarán las filas de la informalidad. De acuerdo al IMSS Morelos es uno de los estados en donde se perdió la mayor cantidad de patrones.
Las razones de este fenómeno serán materia de estudio para los especialistas, pero es evidente que si un negocio cierra o se transforma es que resultó inviable para el patrón, los inversionistas, emprendedores o como se le quiera llamar a quien estuvo dispuesto en algún momento a arriesgar su patrimonio generando empleo, cotizando a la seguridad social y pagando impuestos.
Si el empleo formal es un tema preocupante para todo el país, para nuestro estado, dadas las circunstancias históricas que tenemos, ya toma niveles de urgencia, pues la informalidad podrá sacar de apuros a una familia, pero cada vez le sale más cara a toda la comunidad.

