

En un reportaje que aparece un poco más adelante, Eduardo Bello realiza un recorrido por una de las joyas culturales de nuestro estado: El Museo de Arte Sacro de la Catedral de Cuernavaca, uno de los pocos que hay en México y que ha logrado recuperarse tras el sismo del 2017 gracias principalmente a la Arquidiócesis, el Gobierno Federal y a las organizaciones civiles, como la Fundación “Adopte una Obra de Arte”.
La participación de la llamada sociedad civil es estratégica para la conservación de esta riqueza que explica parte de lo que somos actualmente. El arte sacro es más que una manifestación artística que fusiona la espiritualidad y la creatividad -que ya es decir mucho- pues es invaluable para la historia de las comunidades, nuestro estado y del país entero, pues tiene la capacidad de mostrar la evolución de la fe y la identidad nacional a lo largo de los siglos.
Producto de la época virreinal, el arte sacro fue primero un vehículo esencial para la evangelización y la instauración de la fe católica en México. Iglesias, catedrales y conventos albergan pinturas, esculturas y objetos litúrgicos que no solo poseen un valor estético, sino que también son testimonios históricos de las interacciones entre las culturas indígenas y europeas. Estas obras ofrecen una visión profunda de la sociedad mexicana, sus valores y su evolución a través del tiempo.
La conservación de esta parte de la historia mexicana y morelense es fundamental para preservar la herencia cultural y espiritual de la nación. Estas obras no solo representan la devoción religiosa, sino que también son piezas clave para entender al México actual, sus costumbres y tradiciones.
Por su propia naturaleza, es arte público que el tiempo le ha otorgado un enorme valor no solo para los fieles y los vecinos de los tempos en donde se resguarda, sino para los coleccionistas y los criminales que, como sucede con las piezas arqueológicas, han diezmado esta parte del patrimonio nacional, muchas veces sin la necesidad de llegar al mercado negro pues nuestro país carece un inventario preciso de todo el acervo cultural distribuido en los más de 19 mil templos católicos que hay en el territorio nacional.
La falta de un inventario facilita el robo y hasta la venta de este tipo de artículos en un circuito comercial de millones de dólares. Hace algunos años se calculaba que en México eran robadas 26 iglesias a la semana y desaparecías piezas coloniales que podían venderse fácilmente hasta el 150 mil dólares; las entidades más saqueadas eran Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Ciudad de México, San Luis Potosí, Hidalgo, Guanajuato, Zacatecas, Jalisco y desde luego, Morelos.

Por eso, la organización de la comunidad y la responsabilidad de los custodios de esta riqueza nacional y de las entidades de gobierno, resultan vitales para conservarlo para las próximas generaciones, algo que se está consiguiendo en Morelos.
Aunque no se profese la religión católica o se crea en sus santos, resulta gratificante e iluminador visitar el Museo de Arte Sacro, testimonio vivo de la espiritualidad, elevada artesanía e historia de nuestro estado.

