La digna rabia volverá hoy a las calles en su enésimo intento de sanarnos y de convertirse en una refundación que garantice de una vez la paz y una vida libre de violencias para todas y (por consecuencia lógica) todos. 

La de este 8M será una movilización irremediablemente marcada por los feminicidios de Kimberly y Karol, las estudiantes universitarias ultimadas en hechos separados aparentemente por personas cercanas a sus círculos sociales. Ambos crímenes han provocado la indignación social, y la ira de cientos de alumnos de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos que durante toda la semana que concluye han protagonizado movilizaciones en demanda de justicia para ellas y seguridad para todos. 

No se trata, lamentablemente, de los únicos hechos de violencia de que son víctimas las mujeres morelenses. La cuenta de feminicidios, asesinatos y mucho más de agresiones contra ellas, es horrorizante en un Morelos que padece un patriarcado exacerbado estimulado por décadas de impunidad para quienes agreden a las mujeres. 

La digna rabia no requiere de explicaciones, y mucho menos de justificaciones, porque es una reacción evidente ante una situación de miedo casi perpetuo, un estado de indignación permanente ante la sistemática violencia de género, la desigualdad, la opresión prácticamente omnipresente porque de ese tamaño la ha vuelto el patriarcado. 

Se trata de un acto un sentimiento colectivo que recupera el amor propio, un combustible para el cambio y una respuesta que no tiene miedo de incomodar para ser escuchada y generar cambios. 

Y a pesar de que las lágrimas de dolor por las víctimas probablemente los nublan, debe reconocerse que esos cambios han empezado. En Morelos las mujeres ocupan puestos de decisión que incluyen la gubernatura con Margarita González Saravia y la rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, con Viridiana León Hernández; quienes desde sus posiciones han visibilizado las inequidades y los riesgos a que se exponen las mujeres en Morelos y trabajan para reducirlos hasta su eliminación. 

La reacción de culpar a las mujeres en puestos de poder de la situación de violencia feminicida y otras agresiones de género es profundamente injusta y hasta raya en la misoginia. Nadie debe olvidar que los feminicidios y el resto de las agresiones llamadas “de género”, son perpetrados por hombres, desde un profundo odio patriarcal. 

Si se revisa bien, estamos asistiendo a un cambio bueno y notable. Las movilizaciones en el pasado se habrían enfrentado con todo el poder del Estado, desde la descalificación de la otredad (a quienes se percibía como adversarios incorregibles) hasta la represión. Hoy se convoca al diálogo, se toman medidas de corrección inmediatas y de mediano plazo, se escucha y se trata de construir consensos, en otras palabras, se entienden y atienden los enojos y la indignación. 

Cierto que en medio de la ira es difícil percibir esos matices, pero ahí están. 

Tanto el gobierno del estado como la UAEM han sido autocríticos y por eso han iniciado el reforzamiento de la seguridad para la comunidad universitaria. Un refuerzo que, también debe reconocerse, realizará la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en su Campus Morelos con sus medidas de prevención y seguridad, en respaldo a las necesidades de la comunidad UAEM con la que comparten espacios en el Campus Norte, 

Contar con el respaldo y asistencia de la UNAM resulta profundamente significativo, no solo por lo que representa simbólicamente la Universidad de México, sino por el peso científico, económico y político que tiene en el país.  

También respaldan a la UAEM en sus demandas de justicia y seguridad el resto de las instituciones integrantes de ANUIES, la sociedad morelense y el gobierno del estado. Las decisiones que la institución tome por consenso en los próximos días para resolver su situación actual deben ser respetadas y apoyadas en el marco de su autonomía. 

La Jornada Morelos