A los aficionados al simbolismo debió encantarles que la primera gira de la presidenta Claudia Sheinbaum por el interior del país haya sido a Morelos, precisamente a Jantetelco y justamente el cinco de octubre, fecha en que se conmemoran 211 años del decreto con que José María Morelos y Pavón ordenó la liberación de los esclavos en México.

La presidenta escogió iniciar las giras de trabajo presidenciales en la región oriente de Morelos, que le había faltado visitar en su campaña presidencial, y lo hizo con un costal cargado de proyectos que, de concretarse la mayoría de ellos, podrían dar un nuevo rostro a Morelos, un estado con múltiples rezagos acumulados por muchísimos años de abandonos parciales y un último sexenio de total olvido.

La gira demuestra, no solo que el nuevo gobierno federal tiene una colección de políticas públicas renovadas para implementar en todo el país, sino el cariño que desde el centro político del país se tiene a la gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia.

Podría criticarse, en todo caso, que el acto de anuncio del enorme listado de programas, becas, pensiones y apoyos los entregó como una enorme carretada en que es difícil hacerse preguntas que resultan sumamente pertinentes respecto a las fechas, los costos y lo que tendrá que hacer el gobierno federal, y el estatal, para implementarlos. No sólo es relevante saber de dónde saldrá el dinero requerido para que los proyectos, cada uno de ellos loable y reparador de injusticias históricas, funcionen y resulten en el fortalecimiento de la economía y con ello de los ingresos gubernamentales necesarios para que funcionen no sólo los apoyos, sino el propio gobierno; también es vital conocer cómo y cuándo funcionará cada uno de ellos, a qué grupos, poblaciones, territorios, amparará.

El formato de la primera gira presidencial en Morelos, probablemente debido a que es la primera gira y no hay nada para inaugurar o poner en marcha en apenas cinco días de gobiernos federal y estatal, pareció por momentos un acto de campaña de esos que llenan de buenas intenciones una atmósfera que las requiere, pero que a estas alturas ya necesita saber el cómo y el cuándo de cada uno de los qué.

La presencia de la presidenta Sheinbaum en Morelos, por cierto, muestra el inicio de una relación diferente, y aparentemente mucho más efectiva, que la del sexenio anterior entre los gobiernos federal y estatal. A diferencia de solo el afecto entre el presidente y el gobernador que se veía en el pasado, en esta ocasión resulta evidente que además del cariño se tiene la convergencia de ideas y proyectos, de historias de lucha, de pertenencia a un movimiento; “dos mujeres, un camino”, bromeó la presidenta desde el templete en una suerte de descripción muy resumida de esta nueva colaboración.

Otro punto vital es que, según todo apunta, esta vez los secretarios de gabinetes federal y estatal están dispuestos a trabajar juntos, a aprovechar las áreas de oportunidad que ofrece el gobierno federal, siempre enormes para una entidad de apenas dos millones de habitantes, lo que abre nuevos horizontes para el desarrollo de Morelos. Las promesas están, faltará solo cumplirlas.

La Jornada Morelos