

Aunque la división administrativa dice otra cosa, la ciudad de Cuernavaca es un área urbana que abarca siete municipios y en la que radican más de un millón 156 mil personas, lo que representa la mitad de los habitantes de Morelos.
En una zona metropolitana que se extiende desde el centro de Cuernavaca a Jiutepec y Emiliano Zapata en el oriente, Temixco y Xochitepec al sur, y Huitzilac y Tepoztlán por el norte, se concentra gran parte de la actividad económica, la mayoría de los empleos, el más alto ingreso per cápita, pero también la mayor cantidad de delitos (aunque la incidencia en algunos de ellos – el número de incidentes entre la cantidad de pobladores- puede ser ligeramente menor que en otras regiones del estado).
Por todos esos factores, en el área urbana de Cuernavaca se determina en buena medida el futuro económico y social del estado; por lo que la percepción de inseguridad en la zona es un elemento fundamental para toda la entidad.
Es un fenómeno muy complejo, pues se trata de un proceso cognitivo con el que el grupo de personas que forman la sociedad interpreta, analiza y forma impresiones sobre la realidad. Aunque se basa en ella, la percepción social suele no ser una calca de la realidad, pues se desarrolla mediante un proceso que selecciona, organiza e interpreta los estímulos del ambiente para formarse. Entonces, en la percepción social influyen las primeras impresiones, las experiencias personales, el contexto social, y las motivaciones, expectativas, valores, creencias, entre otros elementos que subjetivizan la realidad.
La gente funda sus decisiones más en la percepción que en los hechos, así que las cifras de incidencia delictiva, por ejemplo, suelen tener menos carga que las experiencias personales con las que la gente tiene contacto. Un crimen muy sonoro o cercano puede tener un efecto muy negativo en la percepción de seguridad, por más contundentes que pudieran ser las cifras sobre reducción de la incidencia delictiva.
Con estos antecedentes, la percepción de inseguridad es determinante en la calidad de vida, la cohesión social, la confianza ciudadana en las instituciones, la actividad económica (comercio, empleo e inversiones), la recuperación de los espacios públicos, entre otros componentes del desarrollo.

El dato que refleja la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Urbana que levanta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), calcula una reducción de cuatro puntos porcentuales en la percepción de inseguridad en la zona metropolitana de Cuernavaca, lo que ubica el índice en 80.2%, uno de los más bajos para el último trimestre del año. También saba a la ciudad del listado de las diez con mayor percepción de inseguridad.
En números reales, ese 4 por ciento de personas que se sienten más seguras significa poco más de 46 mil habitantes, lo que puede no parecer mucho considerando la densidad poblacional de la zona metropolitana, pero parece marcar una tendencia de contención, primero, y luego de paulatina reducción de la población que se siente en riesgo, lo que es una buena noticia porque significa que la estrategia de seguridad no sólo ha logrado disminuir la incidencia delictiva, sino también hacer que menos gente se sienta en riesgo.
Pero el otro dato de la encuesta resulta preocupante, durante el mismo periodo llegó a casi 40 por ciento el número de adultos que experimentaron conflictos o enfrentamientos en la zona metropolitana; algo que incrementa el riesgo de violencia y crímenes. Los diferendos que se miden aquí incluyen familiares, vecinales, laborales, escolares, con personal de establecimientos, o con autoridades de gobierno. Es un índice al que debe ponerse especial atención para evitar que tenga efectos en conductas delictivas y con ello vuelva a alterar la percepción de seguridad. Y en contener ese índice deben participar todos los habitantes de la ciudad.


