
Daniel Martínez Castellanos
Este año se cumple una década de que la Secretaría de Gobernación del gobierno federal decretó la Alerta de Violencia de Género para ocho municipios de Morelos: Cuautla, Emiliano Zapata, Jiutepec, Puente de Ixtla, Temixco, Xochitepec, Yautepec y Cuernavaca. Pero pese a la implementación de “un programa de trabajo para implementar medidas de seguridad, prevención y justicia, a fin de garantizar los derechos de las mujeres, particularmente al de una vida libre de violencia”, los índices de mujeres víctimas de delitos contra su dignidad, integridad, salud y vida han crecido de forma impresionante.
Lorena Castillo Castillo es una investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública que hace poco más de tres años fue invitada por el alcalde, José Luis Urióstegui Salgado para hacerse cargo del Instituto de la Mujer de Cuernavaca en el que ha implementado un nuevo modelo de atención que parte, por un lado de reconocer la violencia contra la mujer como un problema de salud pública, pero también por admitir y corregir los errores en materia de coordinación, operación y hasta financiación de la Alerta de Violencia de Género que han provocado su fracaso o por lo menos sus múltiples disfuncionalidades.
Desde su oficina en el Parque Tlaltenango de Cuernavaca, Lorena Castillo recibe a La Jornada Morelos para platicar a fondo del tema que la apasiona, la forma de construir una vida libre de violencia para las mujeres. La charla empieza por reconocer la Alerta, sus aciertos y errores sistémicos.
El origen de la Alerta de Violencia de Género
Recuerda que el mecanismo se implementó gracias a “grupos y personas muy comprometidas e interesadas en que se visibilizara un fenómeno tan doloroso como es la violencia contra las mujeres, las adolescentes y las niñas” un asunto que “parecía que era indiferente ante las mismas autoridades y ante la misma sociedad”.

Lo que puede rescatarse del mecanismo es la parte en que las autoridades y la sociedad se asumen corresponsables, asegura, pero si bien se trata de “una oportunidad de que las autoridades tomen en serio la responsabilidad que tiene de garantizar la seguridad, de garantizar y privilegiar el bienestar y el desarrollo integral de las mujeres. No solamente pensar en una medida paliativa contra las violencias, sino en trabajar en las causas y erradicar las mismas desde mecanismos de educación, mecanismos de atención y sobre los determinantes sociales, es decir, dónde viven, cómo viven, con quién viven y todo eso es responsabilidad del Estado” en el sentido más amplio de la expresión.
En contraste, por mucho tiempo no se dio “la atención de estas medidas. Entonces, de manera aislada, que son loables los esfuerzos, daban pláticas, daban talleres y se van atendiendo, pero creo que la inmediatez y lo que necesitamos es tener un programa sistematizado, articulado y que sea evaluado para que realmente sepamos justamente qué ha sucedido con esas medidas”.
Los institutos e instancias municipales de la mujer son uno de los adelantos
Lorena Castillo advierte que uno de los adelantos “para una vida libre de violencia de las mujeres, (son los institutos e instancias municipales de la mujer que cumplen) en el sentido de la proximidad con las mujeres que necesitan la ayuda de manera inmediata. Esto es muchas veces sacarlas de manera inmediata del entorno en donde están sufriendo violencia, porque más del 80 % de mujeres que refieren necesitar ayuda la están sufriendo en sus entornos familiares. Entonces es indispensable sacarlas de estos espacios, muchas veces de manera inmediata y en algunas otras ponerles medidas de protección y todas las condiciones que les permitan garantizar su seguridad en ese espacio, porque no deben de salir ellas, deberían de salir los agresores, pero hay que asegurar de todas formas que ellas estén a salvo”.
El municipio, asegura, es el espacio más democrático y cercano a la población y en particular a las mujeres y “estamos haciendo este gran esfuerzo de atender y prevenir las violencias con los recursos que tenemos y lo que creo que tenemos como área de oportunidad es articular todos los esfuerzos de manera transversal en el espacio en el que estemos. Porque si lo seguimos trabajando de manera aislada, como sucede en muchos lugares, no vamos a avanzar en la atención de estas medidas de prevención y freno de la violencia”.
Por ejemplo, recuerda, “una de las medidas es rescate de espacios públicos, sí, pero este debe de ser de manera transversal. Entonces mientras se comprometan los ayuntamientos, en este caso voy a hablar de mi espacio, que sí se han comprometido y creo que en administraciones anteriores no se había visto de esta forma, no estoy diciendo que no lo hayan hecho, pero no se había visibilizado de esta forma, pues no podemos avanzar. Otra es trabajar en la capacitación de los cuerpos policíacos con la perspectiva de género y con la atención inmediata a cualquier riesgo o percepción de las mujeres. Creo que, en esta administración de José Luis Urióstegui Salgado, quien tomó de manera muy sería el problema pues hay un Instituto de la Mujer que tiene psicóloga, trabajadora social, abogada y profesionales que trabajamos la perspectiva de género para la generación de proyectos, programas y políticas públicas”.
También ha sido vital “el gran interés que han tenido las colectivas en trabajar de manera conjunta, por ejemplo, en el tema específico de capacitación en perspectiva de género a servidoras y servidores públicos y específicamente a los cuerpos policíacos”.
Medir para evaluar lo que funciona y corregir lo que no
Ya en el Instituto de la Mujer de Cuernavaca, Lorena Castillo se dio a la tarea de la actualización del Banco Estatal de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (Banesvim), “es fundamental y Cuernavaca específicamente lo ha atendido de manera inmediata, porque la perspectiva de género implica trabajar con datos duros que nos digan por qué se deben de atender de manera diferenciada algunos temas fundamentales para la seguridad de la mujer.
Porque si bien “el derecho de que todas las personas lleguen bien a su casa es hombres, mujeres y todas las identidades reconocidas, pero en cuestión de equidad las mujeres, niñas y adolescentes andamos de forma diferente, entonces es bien importante por ello analizarlo de esta forma”, por ejemplo.
Explica que los muchos datos que se tienen ahora “nos sirven para poder programar, planear acciones, no ocurrencias, ni seguir solo con acciones chiquitas paliativas… nos permite saber, por ejemplo, que el viernes y sábado a partir de las 6:00 p.m. lastimosamente es cuando más ocurren violencias contra las mujeres y sobre todo los entornos familiares; que entre 19 y 24 años la violencia es emocional, puede ser sexual y física; que después de que entre 29 y 44 años es violencia económica, es muy violencia física que lastimosamente falte la violencia emocional”.
Y por supuesto, “también nos ayuda a saber qué ha sucedido con una denuncia de una mujer que la puso en el 2020, nunca se judicializó, ni siquiera hubo un seguimiento. Y hoy en el 2025 viene y viene con la misma situación. También regresamos a ver los datos y el número o mayor número de feminicidios ocurre por personas conocidas, que se pudo haber detenido, justo eso tiene que hacer el Estado, insisto, con corresponsabilidad con la sociedad”.
Los datos ilustran, asegura Lorena Castillo, que los fenómenos aparentemente repetitivos que envuelven a la violencia contra las mujeres no lo son, “hay situaciones mucho más allá. Y otro dato, las causas por las que las mujeres no denuncian o no dan seguimiento a sus carpetas es porque piensan que no es importante lo que les pasa. Por eso es necesario la visibilidad e identificación de las violencias y cómo va creciendo, hay instrumentos para medirlo; porque piensan que nadie les va a creer; y porque tienen miedo y no saben a dónde acudir”.
La información sirve para saber qué sucede en las colonias, dice, aunque también hay una cifra negra; ya no tan alta como antes del 2022, en que sólo se habían registrado 20 casos de violencia en Cuernavaca, “hoy cerramos en diciembre con 1375. Esto quiere decir, no quiero que sea un factor confuso de si hay más violencia o hay más denuncias, porque seguramente debe haber muchas más demandas de apoyo y de denuncias que no han llegado por las razones que comentábamos”.
El servicio del Instituto de la Mujer de Cuernavaca
Lorena Castillo explica que las “áreas de detención inmediata o de adelanto para el acceso a una vida libre de violencia permiten un primer contacto con una trabajadora social; con una psicóloga, en una terapia que no es una plática de échale ganas si vas a estar bien; son terapias sostenidas de 10 a 12 sesiones individuales y después hay una terapia narrativa y colectiva para sostener las emociones. Y también esta decisión o determinación de qué van a hacer con el entorno en el que están y apoyarlas y acompañarlas. Y la otra es la asesoría jurídica, que se les acompañan a hacer sus denuncias. No somos representantes sociales, por ello que es tan importante que los ministerios públicos nos apoyen, en sí dar seriedad y celeridad a estas denuncias”.
Porque, asegura, la Alerta de Violencia de Género “es la divulgación de la alerta de violencia género para que las mujeres sepan que hay un mecanismo que las protege y que está visible. Las agresiones pueden ser y deben de ser sancionadas. Es la difusión de la violencia de género, el rescate de espacios, la capacitación para las y los policías, un sistema que está siendo alimentado y que nos da datos para programar”.
Pero también incluye: “las campañas disuasivas para deconstruir modelos machistas, por eso trabajamos con masculinidades también, porque nueve de cada 10 personas agresoras son hombres, entonces se hace necesario trabajar con varones. No es para polarizar, sino trabajar en conjunto e identificar cuáles son las causas que están propiciando esta violencia irracional que llega hasta los feminicidios”.
Todas las medidas se han cumplido en Cuernavaca “se han atendido cabalmente en algún momento. Y otra complementaria es la de cero tolerancia a la violencia, en el mismo ayuntamiento tenemos una. Las otras son medidas como obligatorias y las seguimos y anexamos una más. Cuernavaca, si no es el primer municipio, es de los primeros que tiene un protocolo para no tolerar la violencia ni el hostigamiento y acoso sexual que forma parte también de estas violencias institucionales”.
Reconoce que en todos los municipios “ha habido esfuerzo seguramente, pero falta tomar esta articulación y planeación de manera sistemática. Otra cosa que sucede es que cada vez que inicia un trienio se reinicia, entonces al no haber continuidad eso complica evaluar lo que ya se hizo y hay que iniciar nuevamente, nuevamente reconocer la alerta de violencia de género, nuevamente programar. Cuernavaca en este momento está dando continuidad a un trabajo que ya está sistematizado, previo diagnóstico y previos datos.
La importancia de ir a de la reacción a la acción
Comentamos que, a pesar de los logros, la política parece seguir siendo reactiva, las mujeres violentadas son mejor atendidas, pero sigue habiendo mujeres agredidas, le exponemos.
“Entiendo que es un asunto reactivo. Una de las medidas es trabajar con estas campañas educativas, que sería trabajar en las causas estructurales. Creo que fortalecería las políticas una vinculación efectiva interinstitucional e intersectorial, porque hoy por hoy pareciera que el tema de la atención a las mujeres es tema de las mujeres y de una institución y no es de toda una administración. Si vemos qué falta, creo que fortalecer la vinculación federal, estatal y municipal; y que este espacio tan democrático y más cercano a la población que es el municipio deje de verse como un espacio micro en el que, bueno, pues no hay mucho que vincularse porque pues queda en sus talleres”.
“Para ser proactivos o proactivas, estas campañas de trabajar con infancias, trabajar con línea de vida, es fundamental trabajar con infancias, con adolescencias, con juventudes y personas adultas. Vamos a tener un programa de sensibilización, porque cuando dicen erradicación y concientización en tres años, es largo el camino. Pero sí tiene que iniciar que (las instituciones educativas) nos abran las puertas vamos a trabajar juntas y juntos. O en Salud, que otra de las violencias es la falta de acceso con perspectiva de género en los servicios de salud”.
Otra parte fundamental del proyecto es el empoderamiento económico: “tenemos un programa aquí de fortalecimiento de la autonomía económica que habla del ABC del emprendimiento, en donde las mujeres puedan hacer sus propios productos y comercializarlos para tener autonomía financiera, pero también autonomía personal. Muchas de las situaciones en las que las mujeres no salen de los círculos de violencia es por la falta de oportunidad. Entonces se da un programa serio, que atiende sus necesidades de capacitación, identifica la demanda de esos productos que ellas mismas identifican y entonces trabajas con un programa articulado en donde les permites que puedan vender después sus productos y entonces pueden también aceptar o buscar ayuda para que no estén viviendo violencia”.
El apoyo interinstitucional, asegura “también requiere tener este acompañamiento y este apoyo de áreas del mismo ayuntamiento, pero también estatales, como la Secretaría de Mujeres, por supuesto que creo que es un gran acierto de la gobernadora (Margarita González Saravia) que haya visibilizado este tema y que tenga una secretaría. Siempre lo vamos a aplaudir como mujeres que trabajamos en el tema y hay una persona sensible al frente.
La violencia contra las mujeres es un problema de Salud Pública
La mayor parte de los tratamientos a la compleja colección de problemas que representa la violencia de género se da desde perspectivas jurídicas y políticas, le comentamos, pero en Cuernavaca la orientación es más a tratarlo como un problema de salud pública. Lorena sonríe y concede.
Lorena explica “si hablamos de la salud pública pensando en las fases, está la promoción, está la prevención, está la curación y está la rehabilitación. En la promoción es trabajar toda esta parte de factores protectores que a las mujeres de manera inmediata pudieran atenderles; pero también está en la erradicación, es decir, trabajar en los determinantes sociales, ¿qué está generando estos círculos de violencia? ¿Por qué en el entorno familiar? Porque ahí es donde está la carencia de vivienda, la carencia de empleo, la carencia de seguridad social, entonces eso hace que pueda haber círculos de violencia que estén afectados. Entonces el Estado debe atender estos determinantes sociales para empezar… hay que trabajar en promoción y factores, ¿cuál identifican qué están viviendo? ¿cuáles son los problemas que pueden atender y en cuáles hay que ayudarles, hay que apoyarles, hay que acompañarle?”
Después viene, nos dice, “la prevención de la violencia es justamente todos aquellos espacios y factores de riesgo que están identificados, hay que atacarlos… En Cuernavaca empezamos los puntos violeta hace dos años, que son puntos seguros, porque bueno, el riesgo existe, los datos nos dicen que sí hay que tener esos espacios. Los puntos violetas son lugares en donde las mujeres pueden guarecerse de manera inmediata mientras llegan sus redes de apoyo, llegan las autoridades y hay un protocolo de atención totalmente establecido. Tenemos movilidad segura, porque sabemos que de acuerdo también a los datos, que el acoso callejero, cuando esperan un colectivo, los tipos de violencia comunitaria. Y en la movilidad, las mujeres van a más sitios que los hombres. Por eso también nosotros tenemos los paraderos seguros, porque ahí pasan algún tiempo en el que pueden ser suficiente para que sean atacadas, lastimadas o agredidas”.
Sigue la curación, explica y “en el caso de mujeres que ya fueron lastimosamente agredidas, aquí tenemos terapia psicológica, tenemos terapia, tenemos asesoría jurídica, ya que están aquí, ahora vamos con la rehabilitación. Ya tuvo sus 12 asesorías, pero tiene que regresar con el marido, al mismo espacio donde está sufriendo violencia y no es que quiera, nadie quiere, a veces es el tener que… en lo curativo, también se trabaja con el agresor, eso es fundamental, no porque vaya a regresar, sino porque hay que desactivar las acciones violentas de un agresor. Él también está enfermo, es el principal enfermo, entonces va a seguir enfermando todo alrededor, quizá ella se separe, pero puede ir con otro, entonces hay que trabajar con los agresores, es la parte de curación y rehabilitación”.
Y ya que hablamos de salud, le preguntamos qué tan enfermos estamos como sociedad y responde: “lamentablemente la sociedad ha normalizado todo tipo de violencia y entonces ahora somos indiferentes. Lo que necesitamos es una sociedad sensibilizada, no una sociedad enferma. Porque también es cierto que lo vemos de manera individual, necesitamos una sociedad que mire de forma colectiva, ver la población en general. Entonces esto debería ser aplicable no sólo para la violencia contra las mujeres, sino para todos los fenómenos que están afectando la dinámica de una sociedad. No me atrevería como a decir un diagnóstico, pero sí puedo decir una situación que esta es que normalizamos la violencia, que de manera colectiva no hemos mirado este tema específico de la violencia contra las mujeres, adolescentes y niñas, pareciera que nos hemos mimetizado con el tema y de manera individual cuido mi espacio, cuido mi cachito y además emito juicios sin saber realmente qué sucedió”.
Y continúa: “Otra parte es también que, como sociedad, de pronto criticamos las manifestaciones de las mujeres, y yo quiero decir desde aquí mi reconocimiento a esas mujeres, porque gracias a esa voz hoy tenemos un instituto, gracias a esas mujeres que molestan y gritan. Gracias a esas voces hoy estamos visibilizando una deuda histórica que tenemos con las mujeres. Iniciábamos la plática que ha fallado, pues ha fallado, que se abandonó por muchísimo tiempo este tema, este fenómeno tan doloroso, eso falló”.
Es un problema con características de pandemia
“¿Qué hay que hacer ahora? Retomarlo con seriedad para que, de alguna forma a nuestras niñas, adolescentes, pues les demos esta seguridad que merecen. No estoy responsabilizando, estoy diciendo que de manera colectiva y hablando de salud pública como una población, podamos atender este tema urgente que ya es una pandemia, porque ya no solamente es en México, ya no solo es en Morelos, en Cuernavaca, es un tema que ya nos está tocando a todas y a todos y que a mujeres que han levantado la voz y que el próximo 8 de marzo estarán manifestándose. Habrá quien no le guste, pero créanme que si no hubiera desaparecidas que, si no hubiera mujeres que están sufriendo violencia o están siendo desaparecidas, seguramente no estarían participando”, advierte.
Y también se requiere la ayuda de todos: “Nosotros ahora estamos trabajando incluso antes del nacimiento con la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, que identificó este fenómeno en donde las mujeres embarazadas se han acercado porque han sufrido un tipo de violencia, alguna es comunitaria, otra es con las parejas, otra es familiar, entonces desde ahí estamos trabajando… luego viene en adolescencias, la que ya conocemos, acoso y todo abuso, pero ahí también está la violencia menstrual… lo estamos trabajando con la organización para chicas que está con la Organización Panamericana de la Salud… Y así nos vamos con violencias que parecía que no veíamos antes y no es como de manera irresponsable. Y como decíamos, de cada 10 agresores, nueve son varones, pero hay uno que no, ese eres tú y esos son los lectores de La Jornada Morelos. Espero que, dentro de tres años, digamos, bueno, se ha registrado que disminuyó el número de agresores, disminuyeron las agresiones, estamos viendo que los hombres no están contabilizándose como agresores, sino más bien como aliados. Esa sería la idea que podamos ir contando cada vez, porque sin la participación de los varones es imposible. Ahí hay que deconstruir estas historias de poderío, de machismo que se traen y generar una cultura de masculinidad saludable y muy responsable”, explica.

Foto: La Jornada Morelos

Foto: La Jornada Morelos

Foto: La Jornada Morelos

Foto: Cortesía Ayuntamiento de Cuernavaca

