

Hace poco inició la temporada de carnavales que reciben la mayor promoción turística por parte del Estado, Tlayacapan, Tepoztlán, Tlaltizapán y Yautepec, y como cada año, se abre el debate en torno a lo que algunos consideran como tradicional del brinco del chinelo, particularmente respecto a la indumentaria de este. Es en Tlayacapan donde se ha dado el primer paso en ese debate con la prohibición de la presencia de los llamados “chinelos rasta” y las “reinas” como una forma de mantener intacta la “tradición” ya que estos no son de reciente creación y responden a lógicas diferentes y completamente ajenas al brinco del chinelo.
Debo aclarar que pongo tradición entre comillas porque hay que recordar que los chinelos originalmente fueron una variante o innovación dentro de los Huehuenches que, así como los rastas y las reinas, en su momento también debieron haber causado molestias entre los asistentes a los huehuenches. Por otra parte, es precio señalar que los primeros trajes de chinelo se confeccionaban a partir de manta de algodón, es solo hacia finales del siglo XIX, en la década de 1890, que el chinelo experimentó su primera innovación, en Tepoztlán comenzaron a fabricarse trajes de satín, mismo que al paso de los años volvió a cambiar de material textil, pasando al terciopelo que se mantiene hasta nuestros días. Ahora bien, del traje de terciopelo, fue en Yautepec donde sucedió una nueva variación ya que estos comenzaron a recargarse de aplicaciones y decoraciones derivando en el traje actual, muy impresionante en su exhibición, pero impráctico para brincar.
Como toda tradición viva, el chinelo se encuentra sujeto a múltiples cambios. Debe quedar claro que esta no es una festividad estática y definida a una normatividad única e irreversible. Sin embargo, en este particular caso, un pueblo está en todo su derecho cuando se trata de defender lo que considera como suyo, como un rasgo identitario, en este sentido me refiero al estándar de los chinelos con sus trajes, ya sean de manta o terciopelo.
Pero también hay que señalar que lo que en su momento era una festividad eminentemente popular en donde todos o casi todos podían costear un traje de chinelo, y léase esto sin desacreditar el impresionante trabajo de los artesanos que se dedican a elaborar trajes, el portar un traje de chinelo se ha convertido en un lujo y un privilegio. Hoy día muy pocos pueden costearlo así se trate del de más sencilla confección, optando por opciones más económicas. Un punto a favor es que al menos los rastas trataron de fusionar elementos de la cultura jamaiquina con el traje típico del chinelo, deformándolo en el proceso pero manteniendo cierta esencia. En cuanto a las llamadas “reinas” es poco lo que puedo señalar ya que un servidor desconoce exactamente donde surgió ese fenómeno, cual sea su función o a que responda, además de que a mi parecer ellas tienen más similitud con los concheros que con los chinelos.
Además de los trajes que como sabemos han sufrido cambios a lo largo de la historia, y del cual se debería conservar el estándar establecido por Tlayacapan Tepoztlán y Yautepec. En mi opinión particular considero que el debate debería centrarse más en las bandas que año con año, salvo contadas excepciones como Tlayacapan, los sones tradicionales del chinelo cada vez se escuchan menos. Mismo de los cuales hay partituras y en caso de no conocerlas, se cuenta con materiales audiovisuales a los cuales se puede acceder con facilidad. En su lugar, actualmente las bandas contratadas tocan cualquier cosa, temas de bandas sinaloenses o cualquier otro estilo menos el chinelo. En ese sentido además de deformar la tradición, la cambian por algo que como tal ya no puede llamarse Brinco del Chinelo.
Los debates sobre el Brinco del Chinelo y si debiera permitirse o no la presencia de chinelos rasta y reinas en los carnavales merece un análisis más profundo, no se trata únicamente de posiciones conservadoras frente a la pretensión de innovar-deformar un elemento identitario del estado de Morelos y la región suriana. Recordemos que Morelos no es el único estado donde hay chinelos. Uno de los problemas radica en que al exotizar y hacer más llamativo un elemento cultural, casi siempre responde a intereses de otro tipo, particularmente económicos, que buscan mayores ventas y más percepciones, esto no es la primera vez que sucede, en su tiempo cuando las cerveceras comenzaron a patrocinar los carnavales, terminó derivando en problemas como los vividos en los últimos años en Tepoztlán, donde el brinco lamentablemente ha pasado a segundo término. La defensa de nuestras tradiciones debe mantenerse de manera irrestricta pero también soy consciente de que la mejor manera de potenciar algo es prohibiéndolo, en ese sentido, aún estamos lejos de llegar a una solución con aquellos que tratan de introducir nuevos elementos al chinelo y quienes buscan preservarlo en su estado estandarizado.

* Historiador

Chinelo Rasta Foto: Chinelo Rasta Reggae Boy FB

