¿Es posible prevenir y controlar la obesidad?: una reflexión en el Día Mundial y Nacional de la Obesidad

Simón Barquera*

En 2013, un reporte sobre el impacto de la obesidad en el mundo reveló que, en los últimos 30 años, no había existido una disminución de esta enfermedad en ningún país, con los datos nacionales disponibles. Doce años después, el Atlas de la Federación Mundial de Obesidad sugiere que, a nivel global, las prevalencias de obesidad no han bajado, a pesar de importantes esfuerzos de prevención, avances en su manejo y una creciente concienciación entre la población. Esto ha llevado a cuestionar si realmente es posible prevenir y controlar la obesidad con las intervenciones actuales.

En 2021, la Organización Mundial de la Salud, junto con UNICEF y la Federación Mundial de Obesidad, establecieron el Consorcio Global de Obesidad, que propuso un “Plan Mundial de Aceleración de los Esfuerzos para la Prevención y Control de la Obesidad”. México, por sus avances en políticas de prevención, fue invitado a participar como un país pionero, ejemplificando mejores prácticas para el desarrollo de planes nacionales en otras regiones.

En nuestro país, el Instituto Nacional de Salud Pública documentó la epidemia de obesidad desde hace más de dos décadas, proponiendo diversas iniciativas y programas. Sin embargo, no fue hasta 2014, con la implementación del impuesto a los refrescos y bebidas azucaradas, que se logró una primera victoria. Aunque estos impuestos son bajos en comparación con las recomendaciones internacionales, lograron reducir el consumo anual en promedio unos cinco a seis litros por persona, lo que representa más de 100 000 toneladas de azúcar menos por año. Posteriormente, el etiquetado de advertencia implementado en 2021 generó una reformulación masiva de la comida chatarra, reduciendo contenidos de azúcar y grasa, y disminuyendo el consumo de productos con estos sellos, tal como se observó previamente en Chile. Recientemente, se implementaron lineamientos para prohibir totalmente la venta de bebidas azucaradas y comida chatarra en las escuelas, con el potencial de mejorar la dieta en la población preescolar y escolar.

Estas intervenciones, aunque efectivas en reducir la ingesta de productos no saludables, no representan por sí solas la solución al problema de la obesidad. México ha avanzado en concienciación y en la promoción de dietas más saludables, pero se requiere reforzar estas políticas y aumentar impuestos a las bebidas azucaradas. Es esencial garantizar la accesibilidad y asequibilidad de alimentos saludables, limitar la publicidad de comida chatarra, especialmente dirigida a niños, y desarrollar campañas de información para fomentar una correcta alimentación e hidratación y la práctica de actividad física. Además, es crucial desarrollar estrategias que promuevan cambios de conducta, especialmente en hombres adultos, quienes tienen un consumo más alto de bebidas azucaradas y alcohol y cuya tendencia de obesidad podría aumentar en los siguientes años.

Con casi 40% de los adultos ya padeciendo esta enfermedad en México, es vital una capacitación masiva en el sistema de salud para proporcionar respuestas efectivas a esta condición, basadas en evidencia y trabajo interdisciplinario. Aunque todavía no se logran reducciones claras en las prevalencias, se ha estabilizado la tendencia desde 2016 tras la implementación de impuestos y etiquetado de advertencia. Las proyecciones sugieren que, intensificando esfuerzos, se podría lograr una reducción de 6% en el porcentaje de obesidad en adultos para 2030. Con esto, México podría ser uno de los primeros países en observar resultados positivos en prevención y control si se aborda el problema de forma integral y se evita la interferencia de actores con conflictos de interés.

Este 4 de marzo se conmemora el Día Mundial y Nacional de la Obesidad, con el lema “Cambiando sistemas para vidas más saludables”, que destaca la necesidad de tratar la obesidad como un problema de salud mundial y promoviendo cambios sistémicos centrados en el bienestar. Este enfoque reconoce la complejidad de la enfermedad y las medidas necesarias para su prevención y control: un sistema alimentario sostenible y equitativo, espacios urbanos saludables, regulación de la comida chatarra, acceso adecuado a servicios de salud y colaboración intersectorial.

En este día, profesionales de la salud, miembros de la sociedad civil y del ámbito académico, junto con organismos internacionales, reiteramos nuestro compromiso de demostrar que es posible lograr una prevención y control adecuados, brindando apoyo efectivo y sin estigmatización para quienes viven con obesidad.

*Especialista en salud pública. Invitado por el Dr. Eduardo C. Lazcano Ponce.

La Jornada Morelos