

Si te ahoga, no es amor
Hoy no voy a escribir sobre ciencia. Se acerca el 8M y no puedo ignorar lo que está pasando. Recientemente, casos como el de Alicia Villarreal (la cantante del grupo Límite) han puesto sobre la mesa una realidad incómoda: la violencia doméstica sigue siendo una sombra que nos persigue a muchas. No puedo evitar pensar no solo en ella, sino en todas nosotras, en todas las que hemos sido víctimas de esta violencia, a veces en silencio, a veces sin saber siquiera que lo era.
En las marchas, una de las consignas que más resuena es: “Amiga, hermana, si te pega no te ama”. Se grita con fuerza, con rabia, con dolor. Pero parece que no la hemos gritado lo suficientemente fuerte. Léelo las veces que sea necesario. Te quiero viva y esto, es verdad. El amor no lastima.
Pero hoy quiero hacer énfasis en cómo la violencia nos va dejando pequeñas señales que perdonamos en nombre del amor. Porque la verdad es que los golpes no llegan de inmediato. A veces inicia con palabras que duelen, con gestos que hieren, con silencios que pesan. Y, en otros casos, la violencia escala hasta convertirse en una amenaza letal.
Entre todas las formas de violencia, hay una especialmente peligrosa y muchas veces ignorada, el estrangulamiento como le sucedió a Alicia, a la que en redes llamaron “exagerada”. Puede sonar extremo, pero es más común de lo que pensamos. Y lo más alarmante es que si sobrevives a un episodio de estrangulamiento, las probabilidades de que termines sin vida son extremadamente altas.
No es un golpe. No deja moretones visibles de inmediato. Pero es un aviso silencioso de que la violencia ha escalado a su punto más crítico. Las mujeres que han sobrevivido a un episodio de estrangulamiento tienen muy altas probabilidades de ser asesinadas por su pareja en el futuro. No es un número inventado, es una estadística alarmante basada en estudios que analizan los patrones de feminicidio. De hecho, la correlación entre el estrangulamiento y el aumento del riesgo de feminicidio es una preocupación reconocida a nivel internacional. En Puerto Rico, por ejemplo, en 2024 entró en vigor una ley que establece como tentativa de feminicidio el estrangulamiento o asfixia no letal

El estrangulamiento no solo corta la respiración; corta el flujo de oxígeno al cerebro. Causa daños irreparables, desde pérdida de memoria hasta problemas neurológicos graves. Pero, sobre todo, es un acto de poder absoluto. Es una forma de decir: “Tu vida está en mis manos”. Es un método cruel de control, un mensaje claro de dominación.
Muchas veces, las víctimas ni siquiera lo reconocen como violencia extrema. Lo normalizan. Lo justifican. Lo esconden. Porque, al no haber sangre, creen que no es tan grave. Pero es grave, es mortal, y es una de las señales más claras de que la violencia puede terminar en feminicidio. No es amor, es intento de feminicidio
Cuando en las marchas gritamos “Amiga, hermana, si te pega no te ama”, también estamos hablando de esto. Porque si te corta la respiración, está tratando de borrarte. Es así de simple y brutal. No podemos seguir callando. No podemos seguir minimizando el daño. Este 8M, gritémoslo más fuerte. Hagamos que se escuche hasta el último rincón.
Si estás leyendo esto y alguna vez lo viviste, no estás sola. Busca ayuda, alza la voz. Y si conoces a alguien que está pasando por esto, acompáñala sin juzgar, abrázala sin preguntas. Que nuestras palabras sean su fuerza. Que nuestras voces sean su refugio.
Porque el amor nunca debería quitarte el aliento.
*Comunicadora independiente de ciencia. Instagram: @karimediaz_

Señal de auxilio hecha por Alicia Villareal durante un concierto y viralizada en redes / Cortesía de la autora

