


El lycánthropos es, de acuerdo con el diccionario de la lengua griega de George Liddell y Robert Scott, un hombre o una mujer lobo. La tradición helénica había dado mucho de qué hablar al respecto y la metamorfosis de los dioses del Olimpo era una característica bien establecida. Sin embargo, la plasticidad del cuerpo no fue una capacidad reservada a los dioses, pues debido a su furia, al favor que prodigaran a los mortales o a sus intereses más abyectos, con frecuencia, aplicaron sus artes sobre el cuerpo humano.
Recordemos que Zeus convierte a Licaón y a sus hijos en lobos; o a Circe convirtiendo a los hombres en cerdos; así como Atenea desatando su furia para hacer de Medusa un monstruo y de Aracne una araña, entre muchos otros ejemplos de la plasticidad del cuerpo humano bajo la voluntad de los dioses griegos. De esta capacidad plástica del cuerpo también da cuenta la tradición latina, pensemos en el célebre pasaje de La Metamorfosis de Ovidio: “in villos abeunt vestes, in crura lacerti: fit lupus et veteris servat vestigia formae; canities eadem est, eadem violentia vultus, idem oculi lucent, eadem feritatis imago est.” (Su ropa se transforma en vellos, en patas sus brazos; se hace lobo y se percibe su antigua forma; la misma canicie, esa violencia en su rostro, sus ojos encendidos; son imagen de esa ferocidad).
Egidio Forcellini apunta, en su Totius latinitatis lexicon, al respecto del término versipellis: “…qui facile verter pellem, faciem, vultum, apparentiam”. (Aquél que fácilmente cambia de piel, cara, rostro, apariencia). Posteriormente precisa: “qui in lupos vert credebantur. Homines in lupos verti, rursumque restitui sibi”. (El que los hombres creían que se cambiaba en lobo, y que nuevamente se restituye). En este sentido, Lucio Apuleyo nos presentará una versión novedosa de la operación se vertere pellem suam (transformar su propia piel), en la que un hombre, afecto de la magia, provoca su transformación en asno. Para esta época, la palabra versipellis ya tenía una larga data; sin embargo, no se encuentra limitada a la transformación en lobo.
Para la lengua náhuatl el nahualli es el que llevamos junto, eso que apunta a otra naturaleza. Resulta extraña la cercanía de la composición lógica del vocablo que también en náhuatl señala un cambio de forma, si atendemos a lo establecido por el Códice florentino, “In tlacateculotl mocuepani naoale” (El brujo se transforma en nahual). Desde luego, la referencia al trabajo de Alfredo López Austin es inevitable, pues el doctor señala como significado de nahualli, “el que tiene poder para transformarse en otro ser”, el origen de la palabra es el verbo nahualtia, es decir, esconderse u ocultarse. Aunque otros han indicado la posibilidad de que esté asociado con nahui, el poderoso número cuatro en la cultura mesoamericana. Por su parte, Roberto Martínez González enfatiza las dimensiones del vocablo como disfraz o cobertura; además de la compleja distinción que existía entre los nannahualtin. De tal modo, podríamos pensar que el caso que nos ocupa, y que por su semejanza nos recuerda al versipellis, es el nahualli tlahuipuchtli, es decir, hechiceros transformistas a quienes se atribuían comportamientos desviados y fechorías bajo el amparo de la forma animal.
Las tres tradiciones resaltan la capacidad de mutar el cuerpo humano hacia la forma del animal. Aquí los matices son importantes, pues para la tradición griega la forma del animal es el correlato de la furia de los dioses; en tanto, para la metamorfosis latina cabe la posibilidad de que el hombre, con la fuerza de sus artes, propicie la transformación en otro tipo de animales, como es el caso del Asno de oro. En tanto, para la tradición de los pueblos náhuas, el tránsito hacia la forma de los animales está asociado con la voluntad y pericia de un individuo, que además posee una naturaleza privilegiada por los dioses o por su nacimiento. De tal modo, Martínez González nos recuerda que la capacidad de transformación no era exclusiva de un solo tipo de nahuales, sino que caracterizaba en igual medida a los texoxqui, así como a los teyolloquani y a los teltachihuiani quienes también podían transformarse.
*Nahuatlato, Profesor de Tiempo Completo en el Colegio de Morelos.


Imagen Nahual en el Códice Florentino. Cortesía del autor
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