

Muchos grupos liberales que comúnmente se enfocan en políticas de identidad están cambiando su enfoque hacia perspectivas de izquierda y con un análisis materialista del mundo, no solo por la gravedad de las condiciones materiales para un gran sector de la población (situación que afecta desproporcionadamente a minorías identitarias), sino también porque aunque las políticas identitarias siempre han nacido del lugar correcto, han tenido efectos negativos: han alienado a aliados potenciales, particularmente hombres jóvenes, y han fallado en tocar las preocupaciones económicas de las personas. Las semillas del cambio hacia la izquierda son visibles, pero esto no es algo seguro; se deberá impulsar, pues es necesario.
Una de las críticas principales de las políticas de identidad es lo divisivas que pueden resultar, no debido a su contenido, sino por la manera en que su difusión se ha dado y las problemáticas que han nacido dentro de diversos colectivos. Por ejemplo, muchos colectivos feministas han excluido y activamente discriminado a personas trans y a trabajadores sexuales. Estos mensajes, a veces, resultan en discriminación sin sentido, como su repudio a mujeres trans; pero en materia de trabajo sexual, tienen razón en que puede ser coercitivo y que existen malos actores. Pero su análisis falla en notar que esto es aplicable para cualquier línea de trabajo y que querer hacer el trabajo sexual inaccesible por medio de persecución y restricciones legales afecta mayormente a aquellos que lo ejercen por voluntad propia.
Las políticas liberales han empujado a muchos a la derecha autoritaria, en parte porque muchos hombres jóvenes no se sienten bienvenidos en espacios liberales, pero también porque la derecha ofrece soluciones para las problemáticas materiales. Muchas veces estas soluciones son completamente ridículas e ineficientes; muchas otras veces se proponen con motivos externos y se utiliza el lenguaje para engañar a votantes. Pero por lo menos utilizan el lenguaje, por lo menos hacen que las personas sientan que sus preocupaciones están siendo escuchadas. Y mientras que las causas sociales son importantes y necesarias, el dejar la política económica a un lado hace imposible solucionar los orígenes fundamentales de las desigualdades, y muchas personas en grupos liberales han notado esto y han cambiado su enfoque hacia estas problemáticas y han abogado por vivienda accesible, mejoras en materia de salud y educación, e incrementos a las protecciones de los trabajadores. Esto no significa abandonar la justicia social, solo significa reconocer que un enfoque en economía es fundamental para una verdadera equidad.
Este potencial cambio sigue siendo apenas las semillas de una idea, y las personas que han cambiado su enfoque de manera explícita son una minoría. Pero es un cambio necesario, pues el enfoque en identidad les ha ganado a grupos progresivos más enemigos que aliados, e incluso ha llevado a la marginalización de aquellos que más apoyo necesitan.

