

El Estado de Morelos en poco más de ciento cincuenta y cinco años de vida constitucional, ha tenido gobernadores de todos los calibres. Prohombres como Carlos Pacheco, arraigados como Francisco Leyva y Manuel Alarcón, quienes de manera deshonesta se hicieron de valiosas propiedades aun estando en funciones como Jesús Castillo López, veteranos revolucionarios como Elpidio Perdomo, Rodolfo López de Nava y Norberto López Avelar, este último asombrosamente uno de los hombres que abatieron a Zapata en Chinameca.
También industriosos como Emilio Riva Palacio, carismáticos y entregados al campo como Felipe Rivera Crespo, avezados políticos y populares como Lauro Ortega, institucionales y juristas como Antonio Riva Palacio, polémicos y de amplia trayectoria como Jorge Carrillo Olea y frívolos como Sergio Estrada Cajigal. Ahora con Margarita González Saravia nos gobierna por primera vez una mujer.
Pero también lo hemos tenido nefastos, particularmente dos de ellos, Juvencio Robles y Cuauhtémoc Blanco, quienes son recordados por el daño ocasionado a Morelos, por ser aves de paso sin ningún compromiso con la entidad, mucho menos arraigo. Se entiende que constitucionalmente, el requisito de residencia es suficiente para que una persona pueda acceder a la gubernatura de un estado, lo anterior pone en igualdad de condiciones a quienes eligen ser ciudadanos de un lugar con los oriundos, lo cual es justo y equitativo. Pero también se presta a violaciones a la ley y a fomentar el “aventurismo político”. Los casos más sonados localmente de ambos supuestos lo representan la llegada del propio Cuauhtémoc Blanco a la presidencia municipal de Cuernavaca y de Graco Ramírez a la gubernatura de Morelos.
Juvencio y Cuauhtémoc, guardando las distancias y las proporciones tuvieron cada uno en su campo, credenciales importantes previo a su llegada a Morelos. Juvencio Robles, nació en 1849 en Juchitán, tierra de magníficos soldados. Fue veterano de las guerras contra la intervención y el imperio, se distinguió en la Batalla del 2 de abril y en la rebelión de Tuxtepec, lo cual le significó prestigio con el presidente Díaz y en el Ejército Federal. Llegó a Morelos en 1912 a combatir al zapatismo, de inmediato implantó la brutal táctica de tierra quemada y concentración de poblaciones, lo cual fue contraproducente, pues en vez de abatir la rebelión suriana, la avivó, los campesinos prefirieron unirse a Zapata en vez de ser concentrados por Robles. Derivado de su fracaso fue relevado por el pundonoroso y humanista Felipe Ángeles.
Pero los morelenses no se libraron tan fácilmente de Robles, tras la Decena Trágica y el asesinato de Madero en 1913, Huerta envió a Robles de nueva cuenta a Morelos, ahora no solo como comandante militar sino como gobernador. Durante su gestión se recrudeció la violencia y la lucha armada, previo a asumir el cargo, disolvió los poderes y apresó al gobernador y a los diputados reduciendo a la entidad al estatus de Territorio Federal. Ante su incompetencia para derrotar a Zapata, fue destituido y se fue por fin de Morelos. Tras la caída de Huerta en 1914, se exilió en Estados Unidos donde murió en 1917.
Cuauhtémoc Blanco, es dueño de un perfil pendenciero que no le impidió ser un popular futbolista, incluso sus ocurrencias y desplantes agresivos en la cancha fueron festejados siempre por una afición divertida. A lo anterior se añadieron sus escándalos al cortejar a artistas y conductoras, sin embargo, esgrimió con éxito ser un genuino producto de la cultura del esfuerzo y que su fortuna provenía de meter goles no de las arcas públicas. Es de sobra conocido, la rocambolesca historia de cómo debutó en la política morelense, así como del desaseado proceso para obtener su carta de residencia y convertirse en alcalde capitalino.

La gestión de Blanco como presidente municipal fue desastrosa, la negligencia, excesos y prebendas a sus allegados hundieron más a una ciudad que después padeció al “Lobito” Antonio Villalobos Adán. Aun así, sorprendentemente, los morelenses lo eligieron gobernador en el 2018. Su pasó por la gubernatura llevó a Morelos a la peor crisis padecida desde precisamente los días de Juvencio Robles en 1913. El brete se vio reflejado no solo en la inseguridad pública sino en los rubros de desarrollo económico y social. Recientes crónicas en diversos medios nos han dado a conocer lo que ya era un secreto a voces, los excesos, el nepotismo, el manejo deshonesto de los recursos públicos, las prebendas a funcionarios, como aquellos que adquirieron a precio de risa, lotes del Fideicomiso del Lago de Tequesquitengo y la grave denuncia por intento de violación interpuesta por la media hermana de Blanco en su contra. Desafortunadamente la impunidad sigue siendo reina entre la clase política mexicana y Cuauhtémoc Blanco fue premiado con fuero y curul federal.
El espejo de la historia nunca deja de ser oportuno, ojalá el recuerdo de las trayectorias de Juvencio Robles y Cuauhtémoc Blanco sean referentes de lo que nunca más debemos consentir en Morelos. Finalmente aprovecho estás líneas, para felicitar ampliamente a los hombres y mujeres que sirven en la 24 Zona Militar, así como a los militares en retiro que viven en Morelos, con motivo de un aniversario más hoy, del Día del Ejército.
*Escritor y cronista morelense.

«Rendición del Tuerto Morales a Juvencio Robles, 1913” Mediateca INAH

