

Cierto que los malos elementos policiacos probablemente sean los menos, pero prenden muchas alarmas.
Los trabajos de inteligencia de la Fiscalía General de Morelos y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana incluyen la posible participación de policías municipales y estatales y líderes sociales en la comisión de delitos en el estado.
La revisión de carpetas de investigación que habían quedado abandonadas llevó, a principios de este mes a la captura de ocho elementos, siete estatales y uno municipal, por su presunta participación en el delito de desaparición forzada. El mismo ejercicio respecto a diversos casos de robo en Tepoztlán, ha permitido identificar que por lo menos dos elementos municipales habrían participado en el robo de un restaurante ocurrido la semana anterior; y se sospecha la vinculación de otros elementos policiales en robos, particularmente de casas de fin de semana, ocurridos en el municipio.
En paralelo, los alcaldes de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, y Tepoztlán, Perseo Quiroz, han pedido abiertamente la revisión de sus elementos policiacos; otros más lo hacen en privado. Las sospechas de elementos policiacos relacionados con hechos delictivos existen en prácticamente todos los municipios, como una herencia del abandono de los esquemas de supervisión, colaboración y formalidad en los reclutamientos.
La contaminación de elementos policiacos involucrados en prácticas criminales es impermisible desde cualquier punto de vista, se trata de una traición a la misión elemental de proteger el patrimonio, la vida, la seguridad y la libertad de la gente; un inhumano abuso de la confianza bajo la que se fundó el Estado y sus gobiernos; y una merma significativa al estado de fuerza, de por sí insuficiente, de la seguridad pública en los municipios y el estado.
La situación, sin embargo, no ha mermado la estrategia de seguridad que incluye, necesariamente, la revisión de cada elemento policiaco; pero también la dignificación del trabajo que realizan, la ampliación del estado de fuerza, el equipamiento, la incorporación de tecnología de punta y otras herramientas que modifican y refuerzan la estrategia de seguridad de Morelos.

Pese a lo impactante que resultan las revelaciones sobre las malas conductas de algunos elementos policiacos, deberá reconocerse que el trabajo de revisión de carpetas de investigación que por olvido, incapacidad o complicidad se habían hecho a un lado en el pasado, ha sido posible identificar a quienes han corrompido su misión de proteger a la ciudadanía o, para decirlo vulgarmente, “se han pasado al otro lado”.
Los datos de inteligencia que aporta la revisión puntual de las carpetas de investigación pueden enriquecerse aún más si se recupera, como es el objetivo, la confianza ciudadana para denunciar los delitos de los que es víctima, un servicio que la Fiscalía General del Estado deberá mejorar significativamente en los próximos meses.
Queda claro que hay todavía mucho por hacer, pero a diferencia de lo que ocurría en el pasado, parece que ahora sí se dan pasos firmes en la dirección correcta. La depuración de las fuerzas policiacas va en serio y gran parte de su éxito depende de la voluntad de los alcaldes quienes, por el bien de sus municipios, están obligados a colaborar en ella.

