

Mucho cambio pero los grupos políticos siguen casi igual
La velocidad con que ocurrieron los hechos de la semana pasada que, con todo y ser menor en un día hábil de las normales, nos regaló escándalos como el de la corrupción en la Coordinación de Movilidad y Transporte, la solicitud de desafuero del exgobernador diputado federal Cuauhtémoc Blanco, la destitución del exfiscal Uriel Carmona, y el nombramiento del nuevo fiscal general, Édgar Maldonado Ceballos; resultó en una sucesión tan vertiginosa que favoreció la confusión de muchos en cuanto al orden político de Morelos.
Si bien resultó evidente la adquisición (por lo menos temporal) de una mayoría absoluta para Morena y sus aliados en el Congreso, difícilmente ese proceso puede considerarse un reacomodo permanente entre los grupos de poder que, por su escaso tamaño e influencia, suelen endurecerse para permanecer vivos.
En el plano macro, podemos decir que la remoción del fiscal que había solicitado el desafuero de Cuauhtémoc Blanco no significa que el grupo del exgobernador se haya convertido en aliado, o tenga siquiera un mediano respaldo, del que hoy ocupa la administración estatal bajo la conducción de Margarita González Saravia.
La gobernadora no detendrá las investigaciones de hechos de corrupción cometidos por exfuncionarios de la administración Blanco, y en los que podrían estar involucrados sujetos muy cercanos al exgobernador. Margarita González Saravia tampoco influirá, por cierto, en el desahogo del proceso de declaración de procedencia que, a petición del Ministerio Público de la Unidad de Delitos Sexuales, fue hecha al Congreso de la Unión para poder proceder penalmente en contra del irascible exgobernador por el delito de violación en grado de tentativa, un asunto que deberán de resolver las cámaras federales.
Para decirlo claramente, Margarita González Saravia no es amiga del exgobernador, aunque haya un respeto institucional por la figura de exmandatario derivado de la mínima cortesía política. Por el contrario, si la gobernadora quisiera proteger al exgobernador, no habría nombrado en la terna a su exconsejero político y responsable del primer paquete de denuncias contra excolaboradores de Cuauhtémoc Blanco, y de buena parte de las que vendrán en el segundo paquete, por lo menos. En efecto, el hoy fiscal, Édgar Maldonado Ceballos, junto a la contralora, Alejandra Pani Barragán, han sido fundamentales para los hallazgos de presunta corrupción cometidos en la administración anterior, lo que haría esperar no sólo que se sigan los casos, sino hasta que eventualmente se procesaran de forma más veloz en la Fiscalía Anticorrupción, cuya relación con la General puede no ser de dependencia, pero sí de relevancia.

En el frente del exgobernador, las cosas tampoco se han movido. En su conferencia de prensa, Cuauhtémoc Blanco fue respetuoso con la gobernadora González Saravia, pero no mencionó su nombre, tampoco respaldó sus políticas. Hubo un buen comentario sobre la destitución del fiscal que era obvio dado la enemistad política y hasta personal entre Cuauhtémoc Blanco y Uriel Carmona, pero nada más. Incluso Blanco Bravo tuvo lo que muchos partidarios de la gobernadora considerarían osadía al asegurar que las investigaciones que se hacen sobre su administración son iguales a las que e su momento él hizo sobre la de Graco Ramírez, como para restar importancia al asunto.
El exgobernador tampoco pudo mostrar gran fuerza, por cierto. En su rueda de prensa le acompañaron algunos de sus exfuncionarios cuya cara de aburrimiento reflejaba más preocupación que seguridad; y un solo diputado federal, el quintanarroense Enrique Vázquez Navarro, quien llegó al Congreso de la Unión como suplente de Juan Carlos Natale López, y es solo uno de los 257 diputados federales de Morena en el Congreso de la Unión.
En el Congreso de Morelos las cosas tampoco cambiaron ni un poco. Acaso lo sorpresivo fueron los votos de la priista, Eleonor Martínez Gómez, y el panista Francisco Sánchez Zavala por la remoción del fiscal. El de ella probablemente alineado con su partido al que de cuando en cuando le gusta coquetearle a Morena. El de Sánchez Zavala evidencia de una suerte de fisura en la bancada de Acción Nacional cuya dirigencia y coordinación parlamentaria en manos de Daniel Martínez Terrazas ya pelan bastante poco al de Yecapixtla.
Cuando la diputada del PT, Tania Valentina Rodríguez, especialista en ocupar su posición de minoría decisiva, pidió modificar el orden de la sesión de Congreso para incluir el nombramiento del titular del Órgano Interno de Control de la Fiscalía General de Morelos quedó muy claro que el voto de los dos petistas en el Congres también iría por la destitución de Uriel Carmona, a quien tanto habían defendido y respaldado. Puede ser, como aseguran algunos, que se haya requerido la instrucción del dirigente nacional del PT, Alberto Anaya, para que Tania Valentina y Alberto Sánchez Ortega cedieran, pero la sempiterna dirigente estatal, obtuvo una posición regularmente privilegiada en la Fiscalía.
La votación por la destitución del fiscal no significa que los grupos en el Congreso se hayan reacomodado, en todo caso, el proceso fue coyuntural y no significa que Morena haya conseguido por fin la anhelada mayoría absoluta que pretende tener con sus aliados. Al contrario, el PT demostró que sigue siendo la misma bancada que, por decirlo de forme elegante “no da paso sin huarache”.
Los que sí parecen haber perdido rápidamente la simpatía del gabinete son el grupo de Josué Fernández, excoordinador General del Transporte, y Andrés Bahena Martínez, director del DIF estatal. Ambos forman parte de un grupo de jóvenes que se incorporó ya en campaña al equipo de la hoy gobernadora, el primero fue removido sin honores del cargo para el que se le dio la confianza; y el segundo, ya no aparece en las fotos de los comunicados del DIF, todo apunta a que la influencia de ese equipo juvenil se ha reducido al mínimo.
@martinellito / martinellito@outlook.com

