Con la reapertura de la parroquia de Santiago Apóstol en Jiutepec, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Diócesis de Cuernavaca, los restauradores y las comunidades de Morelos están concluyendo un pendiente de más de siete años después de la enorme destrucción que ocasionó el sismo del 2017 en Morelos y con el que inició un periodo lleno de dolores culturales, pero también de enormes aprendizajes.

La festinada entrada de las figuras religiosas a la iglesia ubicada en el centro de Jiutepec, un templo de más de 500 años que representa necesariamente la historia y tradiciones del pueblo que la aloja, o mejor dicho, que creció en torno suyo; deja en la mente la importancia que tienen los templos y edificios religiosos no solo para la fe de los católicos, alrededor del 71% de la población de Morelos; sino para la construcción de la identidad y la cohesión de las sociedades, especialmente en tiempos de encono político e inseguridad pública.

El atrio de las iglesias, los patios de los exconventos, las explanadas de los edificios históricos tienen un poder igualador, todos sus visitantes son lo mismo, valen igual y participan de las mismas celebraciones. De ahí el poder casi místico que se les asocia como cemento en la construcción de las comunidades. Los pueblos se crean más que en sus edificios y hogares, en esas plazas que les dan forma e identidad. De ahí la relevancia social de que se mantengan abiertos y funcionales.

El sismo del 19 de septiembre de 2017 provocó daños considerables a 3 mil 200 templos católicos muchos de ellos en Morelos. El INAH en Morelos fue el responsable de la reconstrucción de los templos y edificios históricos, acción con la que hacía patente el reconocimiento a la importancia cultural, pero también social de las iglesias y sus atrios.

En torno a las iglesias se tejen las historias sociales más diversas, se construyen familias, se recibe a los nuevos habitantes del territorio, se despide a los muertos, se organizan los movimientos colectivos. Los templos se convierten en centros reales de cada comunidad pues en torno a ellos gira de alguna manera la vida de cada localidad; son puntos de encuentro vecinales donde se construye la identidad colectiva.

Jiutepec es un municipio cuyas divisiones políticas son añejas, los enconos entre grupos de poder son añejos y conocidos por prácticamente todos los habitantes que, a su vez, parecen distanciarse en medio de los pleitos de otros, de los que tienen alguna forma de poder legítima o no. Y aunque no es responsabilidad única de los templos volver a unir lo que la política divide, la ceremonia de apertura de la parroquia de Santiago Apóstol permitió que la comunidad se reencontrara en torno a algo que es mucho más importante que las causas políticas y que, por lo menos en el reino de este mundo, resulta más importante incluso que el fervor religioso: la identidad cultural común.

Junto con la parroquia más importante, también llamada la Casa Grande de Jiutepec, otros 28 inmuebles religiosos serán entregados en las próximas semanas, cada uno de ellos recuperará las funciones religiosas, culturales y sociales que tenía antes del terremoto del 2017. Volverán a ser, sin duda, los centros de reunión y tejido de la identidad cultural que perdió miles de sus escenarios comunes por la fuerza catastrófica de la naturaleza. Probablemente, la recuperación de los espacios apuntale la identidad comunitaria lo suficiente para ayudar a enfrentar los enormes retos de la sociedad en Morelos, esos que sólo se logran vencer en comunidades unidas.

 

La Jornada Morelos