

A pesar de que el agua es un recurso fundamental para la vida en la Tierra y particularmente crucial para el bienestar humano, que de ella dependemos no ya para mantenernos con vida, sino para conservar la salud, alimentarnos y hasta para todos nuestros procesos productivos, hacemos muy poco por conservarla y cuidarla.
No hay que hacer mucha memoria para recordar el pánico que todos sentimos cuando nos percatamos de la rapidez con la que se vaciaban las presas en medio del estiaje del año pasado, la forma dramática en que disminuyeron los caudales de los manantiales que, entre otras cosas, ocasionó la pérdida de cosechas completas y puso en jaque a los productores agrícolas del estado.
“Enterrar” obras nunca es la acción favorita de los gobiernos, que prefieren inaugurar calles, monumentos u obras a las que puedan poner placas, sin embargo la dotación de agua es vital para cualquier lugar habitado por humanos. Es un elemento estratégico y los gobiernos a todos los niveles deberían gestionar de manera eficiente los recursos hídricos para asegurar el suministro continuo y equitativo. Y en nuestro estado, según el INEGI, la gestión del agua enfrenta desafíos debido a la creciente demanda urbana e industrial, la contaminación de fuentes hídricas y los impactos del cambio climático como la disminución de las precipitaciones y la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos.
Por eso es de agradecerse que el municipio de la capital reaccione y se tome las cosas en serio, sin procrastinar sus responsabilidades más urgentes, como hicieron por lo menos las administraciones de Antonio Villalobos y Cuauhtémoc Blanco, quienes vieron sin hacer nada la forma en que crecía el problema del agua en Cuernavaca por el deterioro de su infraestructura y la acumulación de deudas en su sistema de aguas.
Hace algunos años se calculaba que la mitad del agua potable en Cuernavaca se desperdiciaba en fugas y la deuda con la Comisión Federal de Electricidad se antojaba impagable.
Ayer, el Ayuntamiento anunció el cambio de 8 kilómetros de tubería de las líneas de conducción y distribución, la sustitución de siete tanques de almacenamiento y la adopción de tecnología de última generación para prevenir las pérdidas de agua; no menos importante es la negociación de la deuda del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca para garantizar que no les falte la electricidad a los pozos: el adeudo acumulado entre 2015 y 2019 se pagará mediante abonos mensuales de un millón y medio durante seis años, ni más ni menos.

Obviamente las obras y la suspensión del agua no son populares, como no lo son las inyecciones o las dietas, pero son necesarias. Y, a pesar de su importancia y de la inversión de 220 millones de pesos que anunció el presidente municipal, José Luis Urióstegui, se aprecia como inversión inicial para una ciudad como Cuernavaca y el olvido que ha padecido su infraestructura.
Pero por algún lado se tenía que empezar y se hace de una manera oportuna para estar en condiciones de enfrentar la temporada de sequía que se avecina que, no es por ser agoreros, pero los especialistas advierten que podría ser peor que la del año pasado.
Aunque no sean obras vistosas, son imprescindibles y otras administraciones municipales podrían seguir el ejemplo de Cuernavaca y después ¿por qué no? entre todos habrá que ir al rescate y saneamiento de ríos, cañadas, manantiales y bosques que los alimentan.

