

Morelos y Pavón. Apuntes históricos entre la broncínea belleza y la pétrea horridez.
“Con qué entusiasmo, con qué amorosos recuerdos enseñaremos y aun enseñamos ya a nuestros pequeñitos hijos por primeras palabras el nombre de Morelos, el gran Morelos, el inmortal Morelos”, ofrecieron Los Guadalupes, desde la Ciudad de México ‒1813‒, en carta dirigida a Morelos, quien afirmó de sí mismo: “Todo hombre debe ser humano por naturaleza, porque en este orden no es más que hombre (corrupción) como los demás” ‒1814‒.
El 19 de julio de 1823, el Soberano Congreso Mexicano decretó reconocer “los sacrificios que los buenos patriotas han prestado a la Nación en todas épocas”, acordando premiar a quienes lucharon por la “independencia y [la] libertad”. Y estableció: “El [ayuntamiento] de Cuautla, bajo la inspección de la [sic] de México, hará que en su plaza principal, se erija una columna que recuerde su memorable sitio”. Dicho decreto continúa sin ser cumplido.
“Al rendir […] este homenaje ardentísimo al valeroso caudillo de la independencia, sentimos empapada el alma de toda esa ternura, de esa admiración sin límites de que es merecedor […] el defensor de Cuautla, el valerosísimo soldado que, anticipándose á los tiempos modernos en sus ideas, fué previsor, sabio estadista”, peroró José Hilario de Jesús Preciado Aguayo, general y gobernador del estado, al develar la estatua del Siervo de la Nación en Cuautla.
La primera estatua de Morelos en Cuautla fue inaugurada ‒1892‒ en la Alameda, resguardada en la huerta del monasterio de San Diego ‒2015‒ y reubicada en la Plaza de Armas ‒2024‒. La estatua sedente de Morelos en Cuernavaca ‒1932‒ fue enviada a Jonacatepec ‒1967‒. La estatua de piedra del insurgente instalada en la plaza al sur del Palacio de Cortés ‒1945‒ fue reubicada al norte del mismo edificio ‒1992‒ y volvió a su plaza de origen ‒2010‒.
El 31 de enero de 1812, el insurgente Ignacio Antonio López Rayón y López Aguado dirigió una carta a José María Teclo Morelos y Pavón advirtiéndole que “en el primer trozo de su ejército viene un sujeto [del] que se ignora su nombre, pero es un grueso barrigón”, quien tiene la encomienda del entregar al Rayo del Sur a los realistas. Con el sarcasmo que le caracterizaba, Morelos agradeció respondiendo: “Que no hay aquí otro barrigón que yo”.

Tres estatuas han ocupado la plazuela que despide y recibe, en el límite norte, a morelenses y a no morelenses. La primera ‒1953‒, un pétreo héroe señalando, con el diestro índice, un impreciso horizonte; la segunda ‒1985‒, un broncíneo jinete, cuyo desmembramiento y robo fue su destino ‒2012‒; la tercera ‒2025‒, una pétrea horridez escultórica. “Es ya tiempo de decir la verdad conforme es en sí misma” escribió, en Cuautla ‒1812‒, Morelos y Pavón.
El Orden. Periódico Oficial del Estado de Morelos; t. VIII; núm. 43; sábado 5 de noviembre de 1892; 4 pp.
Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época; Ernesto Lemoine Villicaña; primera edición; Universidad Nacional Autónoma de México; México; 1965; 718 pp.
Insurgencia y República Federal; estudio histórico y selección de Ernesto Lemoine; Banco Internacional; primera edición; México; 1986; 432 pp.

Imagen: Estatua del benemérito general José María Morelos ‒1892‒
(fragmento); Cuautla; ca. 1930. Archivo Jesús Zavaleta Castro.

