Don Jorge Cázares Campos expresamente le prohibió a Jorge hijo hacer ampliaciones de sus óleos.

“Es que yo me esmero en hacer imágenes muy finas y si tú las amplificas se van a ver como brochazos burdos y no quiero que la gente piense que soy pintor de brocha gorda”.

Pero Jorge hijo desafió a su padre. Un día, temiendo ser reprendido, se atrevió a mostrarle a su padre un óleo (Ocuituco) que de tamaño carta lo hizo crecer doce veces.

Por varios minutos don Jorge observó. Para el hijo eso fue una angustiosa eternidad.

“Mira, el detalle del tacón de carrete de la señora no se deformó”, exclamó don Jorge.

El hijo exhaló el aire contenido y sintió que le habían quitado un peso enorme de los hombros.

“¿Lo puedo tocar?”, preguntó don Jorge. Y sin esperar respuesta pasó sus dedos por lo que simulaba un realce. Y no había tal.

“Sentí que mi papá había entrado en shock al darse cuenta de que esos arbustos pequeñitos no perdieron la finura que él les dio”, comenta Jorge hijo.

“No puedo creer que esto esté tan grande y no se vea tan burdo”, sentenció Don Jorge, sorprendido de su propia obra.

Jorge hijo le mostró el detalle amplificado de otra pieza.

“Qué bella pintura impresionista. ¿De quién es?”.

“No es una pieza impresionista. Es tuya”.

“Claro que no, yo no soy impresionista”, responde atacado de la risa y agrega “ellos pintaban con manchones”.

“Es un detalle amplificado de este cuadro tuyo” (Cortadoras de flores en Xochitepec).

“Jorge ¿sabes qué? haz lo que se te de la gana”.

Una vez que Jorge hijo sintió que le quitaron el freno, logró que Don Jorge viviera catorce años emocionándose con detalles amplificados de obras suyas. Cada que su esposa, Doña Minda, le decía: “Vino Jorge con una nueva pieza”, Don Jorge, ritualmente, desocupaba la mesa del comedor para extenderla. Una de esas muchas ocasiones que los esposos, abrazados, contemplaban los detalles, don Jorge reflexionó: “No entiendo cómo pinté eso. Es una locura haber logrado esos detalles, a ese tamaño”.

Ocuituco

Cortadoras de flores en Xochitepec

Julián Vences