

Históricamente, los municipios en México, y prácticamente en todo el diseño institucional de Occidente, son las unidades más importantes en el gobierno; los más cercanos a la ciudadanía pues enfrentan los problemas comunes de las comunidades, los relacionados con los servicios y seguridad pública; pero también resultan relegados en importancia, desatendidos en materia presupuestal y hasta expuestos en los niveles de riesgo que asumen sus autoridades.
Aún más grave resultaba, por lo menos hasta hace poco, que los ayuntamientos eran ignorados en el mejor de los casos y en los peores atacados por los gobiernos estatales y federales. Las historias de conflictos de gobernadores y funcionarios federales contra alcaldes y sus equipos en los municipios eran tan comunes que dejaron de ser noticias para convertirse en una triste rutina.
La historia de desdén fue constante salvo por algunas historias de éxito de algunos gobernadores que atendían a los municipios de donde eran originarios. Por ejemplo, en Morelos las relaciones de Lauro Ortega Martínez con Xochitepec, Jorge Carrillo Olea con Jojutla y Sergio Estrada Cajigal con Cuernavaca fueron eventos extraordinarios que, aunque trajeron beneficios para esas demarcaciones prácticamente olvidaron al resto del estado.
La llegada de Margarita González Saravia a la gubernatura de Morelos y Claudia Sheinbaum Pardo a la presidencia de México, no solamente representa el arribo, por primera vez en la historia, de mujeres a las posiciones de poder más importantes del estado y el país; también se ha traducido en el establecimiento de una nueva relación con los municipios que incluye, más allá del respeto, la colaboración interinstitucional para el beneficio de la ciudadanía que, antes que en el país o el estado, habita en los municipios.
Las señales de cooperación entre el gobierno de Morelos y los ayuntamientos comenzaron incluso antes de que la gobernadora rindiera protesta en octubre pasado. La etapa de transición estuvo fuertemente marcada por el acercamiento con los ayuntamientos, tanto los que concluyeron funciones el 31 de diciembre como los que asumieron el 1 de enero. Particularmente llamó la atención el restablecimiento de relaciones de cooperación amplia, más allá de lo necesariamente institucional, entre la gubernatura y el ayuntamiento de Cuernavaca, que había sido prácticamente abandonado por el Ejecutivo estatal desde hace por lo menos una década.
Los esfuerzos de colaboración con los alcaldes en Morelos han sido aún mayores desde el 1 de octubre, las reuniones entre funcionarios estatales y municipales se han multiplicado y la coordinación ha sido significativa, a pesar de lo jóvenes que son aún los gobiernos municipales (los nuevos ayuntamientos tienen apenas 16 días de ejercicio), en materia de seguridad, obras públicas, salud y educación.

En el plano federal, resultó especialmente significativo, sin duda, el primer encuentro en la historia del titular de la presidencia de la República con los alcaldes y alcaldesas de los más de dos mil 500 ayuntamientos que existen en el país y con las 32 gobernadoras y gobernadores; porque si bien la magnitud del acto impidió el acercamiento directo de cada uno de ellos con la presidenta, Claudia Sheinbaum, se trató de una innegable muestra de buena voluntad y reconocimiento a la importancia que tienen los ayuntamientos en el servicio público y el buen gobierno. El encuentro de ayer es el primero, aseguró la presidenta y permitirá una relación más directa y respetuosa entre los alcaldes y el gobierno federal a través de sus muchas dependencias y órganos desconcentrados. Lo más relevante, sin duda en el mensaje de la presidenta a alcaldes y gobernadores fue el compromiso de unidad “mientras permanezcamos unidos no hay ningún problema que no podamos enfrentar juntas y juntos”, con eso nos quedamos porque sin duda cada día será puesto a prueba.

