Transubstanciación: La reconfiguración feminista de lo sagrado

 

En el centro de Iconoclasias, estéticas y accionares radicales desde la rabia y la ternura, la exposición que habita la galería principal del Museo Morelense de Arte Contemporáneo (MMAC) Juan Soriano, se encuentra Transubstanciación, de Larisa Escobedo. Esta obra es una intervención audaz y poética que resquebraja las narrativas dominantes sobre la espiritualidad, la colonización y la corporeidad divina.

Transubstanciación parte de una intervención material y simbólica. Escobedo toma una escultura de la crucifixión del arte popular realizada en Pátzcuaro, Michoacán, una pieza que carga consigo no solo el peso de lo sagrado, sino también el de la colonización. Este cristo crucificado, icono que por siglos también ha sido emblema de imposición y borrado cultural, se transforma en una deidad que trasciende las rígidas categorías de género.

La pieza no solo nos comparte a un Cristo con un cuerpo femenino, sino que también abraza la ambigüedad, permitiendo lecturas que incluyen identidades trans. Escobedo nos recuerda que la historia del arte está repleta de representaciones de cristos de toda clase: grandes, pequeños, negros, indígenas, asiáticos, blancos. Pero nunca una mujer. Nunca alguien que encarne lo femenino sagrado.

El gesto de Escobedo es tan radical como tierno: resignificar un símbolo que, para las culturas colonizadas, representó la aniquilación de sus propios iconos. La pieza devuelve a la imagen del Cristo crucificado aquello que la colonización intentó borrar: la diosa madre, el principio femenino, la posibilidad de lo diverso en lo divino, sin duda alguna le cuento que Escobedo nos lleva a recordar un ritual distinto, uno dónde lo divino también tiene rostro femenino.

En la tradición judeocristiana, la transubstanciación es el acto por el cual el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo. Pero en esta obra, esa transformación se resignifica desde las preguntas de la artista: ¿Qué pasaría si Cristo se transustanciara en una sustancia femenina? ¿Y si su cuerpo pudiera reflejar las infinitas posibilidades de género?

Transubstanciación no se limita a presentar a Jesús como mujer. La obra se abre a múltiples lecturas, rompiendo las dicotomías y los binarismos que el patriarcado impone incluso en lo espiritual. Podría ser un hombre trans, una deidad femenina, o algo completamente indefinible. Esta ambigüedad no confunde, sino que libera, permitiendo que cada espectador proyecte sus propias preguntas y anhelos sobre el cuerpo o las cuerpas divinas.

En el contexto de Iconoclasias, donde más de 30 artistas y escritoras reivindican las prácticas feministas desde Morelos, la obra de Escobedo no teme desafiar las imposiciones culturales y religiosas que han silenciado las voces femeninas y diversas a lo largo de la historia. Al hacerlo, nos invita a imaginar un mundo donde la espiritualidad no sea sinónimo de exclusión, sino un espacio abierto a todas las identidades. En un rincón de la galería, entre la rabia y la ternura que habitan esta muestra, Transubstanciación nos habla de posibilidades infinitas: de un Jesús que es mujer, trans, o ambos. De un futuro donde lo sagrado sea, por fin, verdaderamente inclusivo.

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Transubstanciación, de Larisa Escobedo / Imagen cortesía de la autora

Denisse B. Castañeda