

¿La cibernética es mexicana por nacimiento?
El libro Cibernética (1948) de Norbert Wiener está dedicado a un mexicano; el doctor Arturo Rosenblueth, afirmando ser su “compañero en la ciencia por muchos años”. A Wiener y Rosenblueth los unía una fecunda amistad, que fue madurando a lo largo de los años cuarenta. Se conocieron en un seminario sobre el método científico convocado por Rosenblueth en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard. En dicho seminario participaba Wiener, junto con otros miembros de la comunidad del vecino Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Entre los que destacaba otro mexicano, Manuel Sandoval Vallarta, coautor de la teoría de la radiación cósmica con Georges Lemaître. Curiosamente fue Sandoval Vallarta quien invitó originalmente a Wiener a participar en el seminario de Rosenblueth en Harvard. Esto es, Wiener y Rosenblueth se conocieron gracias al mexicano Sandoval Vallarta.
El joven doctor Sandoval ganó la beca Guggenheim en 1927 lo que le permitió hacer una estancia en la Universidad de Berlín, donde fue alumno de Einstein, Max Planck y Erwin Schrödinger. En 1943 Sandoval ya era profesor de física en el MIT donde había estudiado ingeniería y obtuvo su doctorado en Física en 1924.
En 1944, Rosenblueth decide regresar a México. El Dr. Ignacio Chávez fundador del Instituto Nacional de Cardiología (INC), lo invita a dirigir el Departamento de Fisiología, en la naciente institución. Se inicia así una nueva etapa en el trabajo de los dos científicos al convencer a sus respectivas instituciones (INC-MIT) de patrocinar durante un lustro sus trabajos de investigación, mediante estancias alternadas de Wiener en la ciudad de México y de Rosenblueth en Cambridge, Mass.
Su trabajo consistía en aplicar técnicas matemáticas para el estudio de ciertos procesos neurofisiológicos. Con su investigación formularon una serie de metáforas, sobre las que advierte Alfonso Reyes: “¡Física, guárdate de la metafísica! Y, en el caso, guárdate de la metáfora, que es, oh cibernética, tu pecado de nacimiento.” [1] Metáforas, analogías e isomorfismos, entre el sistema nervioso humano, las computadoras digitales y los mecanismos de comunicación y control en los llamados servomecanismos. Supieron ver que estos conceptos de comunicación y control involucraban una nueva interpretación del hombre, y del conocimiento que el hombre tiene del universo, así como de la conformación y funcionamiento de las diversas sociedades que conforman la especie humana.
En el verano de 1946, Wiener realizó un viaje a Francia para asistir a un congreso de matemáticas sobre “Análisis Armónico” en la Universidad de Nancy. Durante su paso por París conoció a un librero de origen huichol de apellido Freymann. Era dueño de la editorial Hermann et Cie. El mexicano huichol Freymann tenía una pequeña librería frente a la Sorbona. Este editor fue en palabras de Wiener “uno de los hombres más interesantes que jamás haya conocido”. Era por ascendencia paterna judío alemán y por la materna huichol. Freymann fue un mexicano que había llegado a París como agregado cultural en la embajada de México. Fue precisamente este singular personaje radicado en París, quien convenció a Wiener de escribir sus ideas y publicarlas, precisamente bajo el sello editorial de la empresa fundada por su suegro.

Al regresar de Francia, con la promesa de escribir lo que sería su obra maestra: Cibernética, de la comunicación y control en el animal y la máquina. Wiener pasó por unas semanas a Boston en los Estados Unidos, donde residía con su familia, a fin de preparar su próxima estancia semestral en México, que pensaba aprovechar para terminar de redactar su libro.
En esta ocasión lo acompañaron a México, su esposa y sus hijas Barbara y Margaret. Por esta razón decidió rentar un departamento en un edificio recién construido en los terrenos del antiguo hipódromo de la colonia “Condesa”. En este lugar compartían un hermoso roof garden con otra pareja de científicos norteamericanos, colegas en el Instituto de Cardiología. Desde ese sitio podían ver las nieves del Popocatépetl y del Iztaccíhuatl. Fue en este lugar, “bajo los volcanes”, que Wiener terminó de redactar el libro prometido a Freymann. Este libro estaba dirigida a un público muy reducido, por las muchas ecuaciones y difíciles conceptos. Sin embargo, como escribió Reyes de una forma premonitoria, revela que la Cibernética “parece inaugurar un nuevo pensamiento científico”. Y es uno de los referentes obligados de la cultura actual.
Para cerrar esta serie de “coincidencias exactas” entre México y la gestación de la cibernética, cabe señalar que la introducción a la primera edición de este libro fue signada por Wiener en el Instituto Nacional de Cardiología de la ciudad de México en noviembre de 1947.
En el segundo volumen de su autobiografía Soy un matemático, Wiener declara su aprecio por nuestra tierra y su gente, dice con emoción que: “jamás podré ver a México como un país verdaderamente extranjero.” [2] La cibernética es mexicana por nacimiento, que es lo que precisamente queríamos demostrar.
[1] Reyes, Alfonso “El hombre y sus inventos” (1952, XXII p. 241)
[2] N. Wiener, Soy un matemático. Conacyt. México. 1982 p. 304

Norbert Wiener. Foto: kubernetica.com

