

En las anteriores colaboraciones, Una filosofía cardiaca, Un pensamiento poético, Un rumor invisible, hemos destacado la importancia del lenguaje en nuestra vida, principalmente, por su función en la concepción de mundo; Unamuno, Zambrano y Vasconcelos, en dichas colaboraciones, nos advirtieron del límite en la capacidad del lenguaje para producir mundos.
La expresión poética, a diferencia de la conceptual, reconoce, en dicha concepción y producción de mundos, su convivencia e interacción con otras instancias, llámese: sentimiento, existencia o ritmo, en Unamuno, Zambrano y Vasconcelos respectivamente; sin mencionar las implicaciones éticas de mundos concebidos o producidos en donde falte dicho reconocimiento e interacción…
En esta ocasión referiremos la crítica de dichos pensadores a la tradición filosófica; Parménides, Platón, Aristóteles, Hegel, Kant; pues, con ésta, considero, los señalamientos antes dichos, acerca de la expresión poética y su relación con nuestra vida, pueden ser mejor apreciados.
Comenzamos con Vasconcelos, quien, en Un rumor invisible, se dijo, “cuestiona la interpretación formal o geométrica del número” y en su lugar propone, “considerar el número como cuerpo y no el cuerpo como número; derivar el número del cuerpo y no el cuerpo del número”.
Vasconcelos reconstruye lo que Kant dijo sobre fenómeno y noúmeno, esto es, lo que Kant dijo sobre lo que aparece o la apariencia de las cosas y lo que es o la cosa en sí independientemente de cómo la cosa aparece ante nosotros los humanos. Sólo que Kant otorga valor igual a cero al noúmeno, porque no acepta sensación humana, mientras que Vasconcelos otorga al en sí de las cosas un valor fundamental para nuestra propia existencia.

Sucede aquí un proceso ontológico inverso.
El noúmeno pues, para Kant, es una reducción a la nada de todo aquello que se encuentra como magnitud y como valor en el ámbito de lo fenoménico, esto es, en el ámbito de lo que aparece, principalmente, porque en lo que aparece sí hay sensaciones.
Para Vasconcelos, en cambio, la ausencia de cualidades del noúmeno y su valor negativo, está subordinado a lo que es perceptible, en específico, al primer movimiento mecánico de las cosas que se ejerce en la conciencia por lo que: “es positivo y real de manera única e importantísima como existencia, su existencia es nuestra existencia” (Pitágoras una teoría del ritmo); un elemento positivo completamente inexpresable desde lo formal.
El proceso inverso consiste entonces en imprimir desde lo fenoménico a las cosas en sí, al nóumeno, este ‘puro existir’ latente en nosotros, ritmo en Vasconcelos. Este movimiento es, pues, inverso a la causalidad, es atelesis, sin finalidad y sin propósito. Es la potencia que no busca ser acto; como proceso inverso: a-teleología característica de la síntesis, opuesta al análisis; así, contrario a concebir el acto como finalidad de la potencia, en el que se resuelve todo su propósito, con el acto se instaura, bajo este miramiento, la ocasión de la potencia; abriéndose al infinito. Un acto sinfín.
* Profesor de Tiempo Completo de El Colegio de Morelos.

