2025 representa un nuevo ciclo para El Colegio de Morelos. Como es conocido gracias al valioso trabajo informativo de La Jornada Morelos, la institución atravesaba una situación muy difícil hace apenas unos meses. Hoy en día hay una administración interina en la que se tienen expectativas muy altas, sin embargo, aún está por verse si se cumplirán. Como parte de la comunidad del colegio, deseo expresar algunas opiniones para que haya un cambio verdadero en relación al pasado rectorado, sobre todo respecto a la falta de transparencia con la que se tomaban las decisiones y la poca dignidad con la que se trataba al personal.

Los principales objetivos de la institución son (o deben ser) la investigación, la docencia y la divulgación de la ciencia. Para ello, se requiere personal capacitado y quizá haya que tomar decisiones difíciles. No obstante, también creo que la dignidad que menciono incluye la claridad y la transparencia en ese sentido. A mi parecer, lo ideal es informar en el momento mismo en el que se decida. Para nadie es un secreto que enero suele ser un mes complicado económicamente y, si habrá despidos, lo más humanitario es comunicarlo lo antes posible.

Pero no sólo eso, también tendría que haber claridad en los criterios con los que se tomen esas decisiones. No sería necesario mencionarlo, pero, dado los antecedentes de la institución, lo haré: dichos criterios deberían ser ante todo académicos. Planteemos un caso hipotético: supongamos que se pretende despedir a una profesora o profesor de tiempo completo porque no cuenta con el máximo grado de especialización (el doctorado), pero se contrata a otros profesores con el mismo grado y con menos trayectoria académica, menos publicaciones científicas y menos experiencia docente. Evidentemente, ese sería un mal mensaje.

La actual administración ha impulsado el humanismo mexicano como una de las líneas de investigación prioritarias de la institución. En general, me parece adecuado y, con ciertos matices, hasta positivo. Ahora bien, lo más coherente sería llevar esos principios al interior de la institución. Creo que ello implica varias cosas; por ejemplo, reconocer que el pago de fin de año y el de separación o despido son diferentes. Ambos son productos de luchas obreras y uno no reemplaza al otro. Esto es algo que alguien con sentido de la justicia podrá apreciar. Hacerlo de otra manera sería, desde mi perspectiva, actuar de forma similar a como lo hacía la impresentable administración pasada.

Otra cosa importante sería que las autoridades actuales tomen responsabilidad de sus decisiones, sin delegar culpas a otras personas u órganos (a la Junta de gobierno, por ejemplo, o a quien la preside, la Dra. Viridiana Aydeé León Hernández, rectora de la UAEM). Este tipo de transparencia fortalece la confianza en la administración, sienta las bases para que la comunidad del colegio se identifique con su proyecto y, si es el caso, lo respalde.

Ahora bien, es verdad que las autoridades tienen una parte de las responsabilidades de lo que suceda o no en el colegio. Otra parte depende de la comunidad —tanto estudiantil, como académica y administrativa—. Quisiera detenerme en la comunidad académica, a la que pertenezco. Es momento de preguntarnos si hemos cumplido con nuestras labores de manera satisfactoria. La investigación rigurosa, la docencia comprometida y la difusión efectiva del conocimiento tendrían que ser el corazón de nuestras actividades y debemos abordarlas con la seriedad que merecen.

Como se lo comenté a mi jefe directo, el Dr. César Augusto González Bazán, Coordinador de investigación, a todas y todos nos conviene una institución con mejores índices de productividad. Así contaríamos con más legitimidad para demandar mayor cantidad de recursos. El Dr. González Bazán coincidió conmigo y, si eso forma parte del proyecto de esta administración interina (que supongo pretende extenderse), no puedo estar más que de acuerdo. No obstante, eso no es excluyente de la transparencia y el trato digno hacia el personal.

¿Me genera miedo expresar públicamente estas ideas? Para ser sincero, sí, un poco. Amo mi trabajo y quizá no debería ser yo quien lo señale, pero lo hago con muchísima dedicación y esmero, así como con un firme compromiso en que mi labor académica tenga un impacto social positivo. En una colaboración pasada donde expuse ideas sobre el colegio mencioné que “una de las tareas más urgentes es la construcción de una cultura institucional donde se pueda decir lo que se piensa sin miedo a represalias”.[1] Después de esa publicación, el Dr. Carlos Barreto (actual rector interino) se me acercó y me felicitó (me dijo “¡muy bien!”).

Las palabras de aliento del Dr. Barreto me dan algo de confianza para insistir en lo anterior. No me habría atrevido a escribir estas líneas si no hubiera observado algunos indicios de que el rumbo institucional pudiera no ser el mejor. Vuelvo a escribir sobre el colegio con la intención de contribuir al fortalecimiento de nuestra institución, confiando en que haya apertura para tener un diálogo abierto y constructivo.

Mis mejores deseos para la comunidad de El Colegio de Morelos en este nuevo ciclo. Los retos no son sencillos. Con trabajo duro de nuestra parte, así como una real y auténtica transparencia de las autoridades, pueden sobrellevarse.

*Profesor de Tiempo Completo en El Colegio de Morelos. Doctor en Estudios del Desarrollo por el Instituto Mora.

  1. https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/que-sigue-ahora-para-el-colegio-de-morelos/

Cuitláhuac Alfonso Galaviz Miranda