Renacer y Descubrir

 

Lo que me gusta del Año Nuevo es que nos da la sensación de poder empezar de nuevo. Es como un «borrón y cuenta nueva», aunque no siempre se aplica a todo. Un ejemplo de esto es la diversidad biológica: a menudo escuchamos que, de todas las especies que habitan el planeta, conocemos apenas una fracción.

Este comienzo simbólico del Año Nuevo tiene algo en común con la taxonomía, el campo de la biología dedicado a clasificar y nombrar las especies. La taxonomía nos ofrece una oportunidad para «renovar» nuestro entendimiento de la naturaleza, como si comenzáramos de nuevo cada vez que descubrimos una nueva especie o cuando afinamos nuestro conocimiento sobre las ya conocidas. Nos permite entender la riqueza y complejidad de la naturaleza, ordenando el caos biológico de acuerdo con relaciones evolutivas y características morfológicas. Este proceso, aunque aparentemente simple, es esencial para la conservación, la investigación y el entendimiento de los ecosistemas, tal como el Año Nuevo es fundamental para darnos un punto de partida.

Aunque el término “taxonomía” pueda evocar imágenes de libros de clasificación o laboratorios de biología, es mucho más que eso. Es un viaje de exploración, dedicación y descubrimiento. Y, como ocurre con el arte, en la taxonomía se encuentran historias de pasión, de observación minuciosa y de traducción de la naturaleza en un lenguaje científico. Margaret Mee, por ejemplo, fue una pionera en este sentido. Nacida en 1909 en Inglaterra, dedicó su vida al estudio de la flora amazónica. Se embarcó en un viaje extraordinario que la llevó a los rincones más remotos de la selva tropical, una exploradora temeraria en toda la extensión de la palabra.

La taxonomía, al igual que el arte, requiere una mirada profunda, una capacidad para observar los detalles que se podrían pasar por alto. Margaret Mee, siendo además una talentosa artista botánica, pasó años documentando especies vegetales de la Amazonía brasileña. Muchas de estas especies eran desconocidas para la ciencia en ese momento, y sus contribuciones fueron fundamentales para que se comprendiera que la biodiversidad de esta región es crucial para la salud global del planeta. Hoy se piensa en la Amazonia como los pulmones del planeta. Sus ilustraciones no solo eran representaciones artísticas, sino también mapas visuales de un conocimiento científico que estaba siendo construido paso a paso.

En cierto modo, la taxonomía y el arte tienen mucho en común. Ambos buscan hacer visible lo invisible, traducir lo complejo en algo comprensible y, a veces, lo desconocido en algo familiar. Esta temporada nos invita a reflexionar sobre lo que hemos logrado y lo que aún nos falta por descubrir, el trabajo de personas como Margaret Mee nos recuerda que, aunque hemos hecho avances significativos en la comprensión de la biodiversidad, aún queda mucho por explorar, clasificar y proteger. El arte y la ciencia, como el paso de un año a otro, son dos formas de buscar orden y sentido en un mundo complejo, lleno de maravillas y misterios esperando ser descubiertos.

Cada nueva especie identificada es una historia que contar, una oportunidad para aprender y una razón más para conservar. Al igual que los primeros días de enero nos invitan a reflexionar sobre nuestras metas personales, la taxonomía y el arte nos llaman a reflexionar sobre nuestro papel y responsabilidad en la conservación de la biodiversidad, destacando que el verdadero «borrón y cuenta nueva» solo será posible si abrazamos la conservación como un propósito compartido.

Margaret Mee, Philodendron Rio Negro Amazonas, The Shirley Sherwood Collection.

Karime Díaz