Editorial del Segundo Número de Una-O-Varias

Hilvanando historias, luchas y futuro: La noción de cuerpa

Denisse B. Castañeda

En esta segunda entrega de Una-O-Varias, nos acercamos a la poderosa y transformadora noción de cuerpa, un término que desafía las estructuras patriarcales del lenguaje y resignifica el territorio que habitamos como mujeres: nuestro cuerpo. No se trata solo de un cambio lingüístico, sino de una afirmación política y simbólica que reconoce las experiencias diversas, las memorias compartidas y las resistencias tejidas a lo largo de la historia.

La cuerpa es un espacio de lucha, un archivo viviente de opresiones y conquistas. A lo largo de los siglos, las mujeres hemos reclamado el derecho a decidir sobre este territorio. Desde la lucha por el voto hasta las actuales batallas por la interrupción legal del embarazo, la cuerpa ha sido el epicentro de un movimiento que no solo busca justicia individual, sino también colectiva.

En esta edición, nos acompañan autoras que enriquecen nuestra reflexión desde múltiples perspectivas. Cavilaciones sobre la ars poética de Sylvia Marcos y las mujeres zapatistas, por Xochiquetzal Salazar, explora el movimiento zapatista como una poiesis, una creación de mundos posibles desde una raíz ancestral reclamada, revivificada y practicada. Salazar nos invita a comprender este universo donde lo femenino y lo masculino se entretejen para feminizar los espacios, en contraste con las estructuras falologocéntricas que conocemos. Este enfoque nos recuerda que las palabras y las prácticas pueden configurar nuevas realidades.

Por su parte, Dresda Emma Méndez de la Brena reflexiona en Investigar sobre el dolor de otras sobre los desafíos de teorizar el dolor ajeno desde una postura feminista. Nos propone herramientas para conectar las heridas propias con las de otras mujeres, transformando el dolor en una teoría encarnada y en una fuente de inspiración colectiva.

El texto de Pamela Alvarado aborda la necesidad de deconstruir la maternidad romantizada en nuestras cuerpas, explorando cómo estas experiencias pueden ser resignificadas para desafiar estigmas y construir nuevas narrativas. Además, la ilustración de Amatista Lía dtejiendo imágenes e una “principita” que nos invitan a respirar, a abrazarnos para sobrevivir.

Finalmente, reafirmamos el compromiso sororo de la Secretaría de las Mujeres por garantizar que todas las mujeres tengan pleno acceso a sus derechos. Este esfuerzo colectivo implica transformar estructuras y abrir caminos para que ninguna mujer quede atrás.

En Una-O-Varias, tejemos estas historias y reflexiones, inspiradas por quienes nos precedieron y quienes hoy levantan sus voces. Sigamos hilvanando nuestra autonomía y reafirmando que la lucha por nuestros derechos no es solo un acto de resistencia, sino un ejercicio constante de construcción y esperanza.

Con sororidad,

El equipo editorial de Una-O-Varias

Investigar sobre el dolor de otras

Dresda Emma Méndez de la Brena[1]

Como investigadora feminista, si algo he aprendido investigando sobre el dolor es que no es fácil localizarlo y convertirlo en un lugar para teorizar (hooks 1991, 11). Tampoco es fácil teorizar sobre el dolor ajeno sin correr el riesgo de crear un discurso vacío. Desde este punto de aprendizaje, investigar sobre el dolor es buscar herramientas que permitan encontrar puntos de encuentro entre las heridas, el dolor propio y los padecimientos de otras y hacer de ellas una teoría encarnada que nos ayude a movernos epistemológicamente a otros sitios teóricos donde el dolor sirva también como fuente de inspiración.

Investigar sobre el dolor es investigar historias frágiles, que nos dejan frágiles a su encuentro. Como menciona Sara Ahmed (2018), son estas historias las que a menudo nos llevan a una habitación feminista. Las feministas no podemos separar nuestras historias personales sin las implicaciones que conllevan las experiencias de dolor sufridas en el camino. Sin embargo, también deja claro que todo el dolor duele, no importa su origen, y existe un vínculo compartido en el sentido que le damos y en cómo ese significado altera nuestra experiencia de dolor. Como escribe Joanna Bourke en The Story of Pain (2014), aunque todas sentimos el dolor de diferentes maneras, existe un vínculo que nos une y ese es la forma en que nos contamos historias respecto al dolor. Sin embargo, siempre es difícil abordar historias de dolor y, sobre todo, historias de dolor cronificado. Ese dolor que se encuentra siempre en la ambivalencia de la voz doliente. Ese dolor que se encuentra en un espacio constatado, que está siempre en duda, el cual está a la espera de pruebas, de ser evidenciado. Ya lo mencionaba la académica feminista Joan Scott (1991), la evidencia se ha convertido en la herramienta de la historia normativa (generalmente masculina) y en términos del saber médico experto (usualmente en masculino) que se ha apoyado en la autoridad y legitimidad de lo que se puede ver y comprobar, dejando en un segundo plano la historicidad de la experiencia dolorosa, sobre todo, si esa experiencia es la de las mujeres.

Es por ello que las enfermedades con dolores cronificados, como la fibromialgia, van de la mano con la violencia de la historia clínica que deja a un lado el hecho de que las historias del dolor cronificado tienen historicidad – suceden en procesos vitales de cuerpos que importan – y, por ello tienen que ser un tema de interés para las metodologías feministas. La fibromialgia es un síndrome reconocido por la Organización Mundial de la Salud desde 1992. La fibromialgia se manifiesta como un dolor crónico difuso, sin causa orgánica clara y cuya distribución en el cuerpo no se corresponde con ningún techo explicativo según los parámetros biomédicos hegemónicos. De cada diez personas que padecen esta enfermedad, nueve de ellas son mujeres; por tanto, la fibromialgia es una enfermedad de género lo que conlleva a su deslegitimación y a la existencia de discursos y metáforas que relacionan el dolor de las mujeres con «la enfermedad de las vagas», «las que quieren llamar la atención», las «que quieren vivir del cuento» (Valverde 2015). Al ser una condición invisible, es decir, por su falta de «evidencia», es considerada como parte de las «nuevas enfermedades que se constituyen como la ciencia-ficción de la medicina» (Rendueles en Moreno 2011, 82). En otras palabras, la historia de un dolor que nadie cree.

¿Cómo investigar historias de fibromialgia y dolor cronificado si son ajenas a nuestra experiencia? ¿Cómo sentir el dolor invisible de otras como nuestro? ¿Cómo analizar la fragilidad del dolor que entra y/o se imprime en el cuerpo, encarnándose en todos los aspectos de la vida? ¿Cómo creernos las historias de dolor, de cualquier dolor, entre nosotras mismas? ¿Cómo desafiar a un sistema médico, político, económico que no cree en nuestras historias de dolor?

Uno de los planteamientos feministas más fuertes desde los años setenta que alude al pacto entre mujeres, al reconocimiento de la otra como interlocutora, a la empatía y capacidad de brindarnos apoyo muto entre mujeres, lo que conocemos como “sororidad” ha sido una herramienta metodología para acercarnos al reconocimiento positivo de las experiencias de las mujeres e incluso de la afinidad por los sufrimientos comunes. Sin embargo, como muchas feministas de color han expresado, el concepto sororidad, a veces, no alcanza a cubrir todas las historias de dolor que atraviesan cuerpos diversos de mujeres diversas: prietas, gordas, ancianas negras, mujeres con discapacidad. Por ello, la filósofa brasileña Vilma Piedade (2021), nos propone el concepto de “doloridad”, no en oposición del concepto de sororidad, sino como un complemento crítico que pone al dolor en un lugar común y, al mismo tiempo, específico. Nos habla del dolor provocado en todas las mujeres por el machismo, pero que, para Piedade, se entrelaza con el dolor que produce el racismo y, aquí también añadiría el dolor que produce el capacitismo – esa idea devaluar la discapacidad y equipararla con una condición anormal – cosa que el concepto de la sororidad no parece contemplar. Doloridad nos invita a entendernos-con-dolor, esa necesidad política de decir “qué te duele” – “Yo me duelo contigo”. Esto nos lleva a dolernos y condolernos con/entre nosotras; conjugaciones corporales que construyen nuevas formas de acompañamiento en el dolor.

Investigar historias del dolor es desdoblar nuestro yo hasta tocar el dolor de la otra. Implica narrar el dolor del cuerpo, de los dolores «invisibles» que le vienen y de las opresiones de género que se le acumulan. Investigar historias de dolor significa saber que no todas las mujeres se enferman y duelen igual, porque nuestra pertenencia a una comunidad nos hace, algunas veces, más vulnerables a cierto tipo de sufrimientos. La interseccionalidad es el vocabulario que hemos encontrado para recordarnos que el viento no nos sopla y roza de la misma manera. Con el viento, algunas esperan la brisa mientras otras esperan tornados. Investigar historias de dolor es habitar un proceso compartido de experiencias dolorosas que nos acontecen por el simple hecho de ser mujeres. Es investigar el viento que nos recuerda que todas tenemos cuerpo un cuerpo con algún dolor.

Pienso en la investigación que dio pie a este texto, que forma parte de mi libro Estados Mórbidos: Desgaste corporal en la vida contemporánea (2022, Madrid:Kaótica Libros), como un ejercicio metodológico para que las historias de dolor del cuerpo puedan leerse, compartirse y formar nichos comunes. En contra de los regímenes de separación, veamos la posibilidad de pensar en vínculos, en conexiones exacerbadas para desobedecer los discursos médicos hegemónicos que catalogan a los cuerpos de las mujeres con fibromialgia como flojas, impuntuales, deficientes, porque no pueden moverse, porque no pueden llegar, porque no pueden hacer y mejor crear vínculos entre nosotras, nuestras enfermedades y nuestros dolores en donde nuestros dolores sean compartidos y, haciendo eco de las palabras de Cristina Rivera Garza (2011), que permitan imaginarios donde podamos decir, “tú me dueles y yo me duelo contigo”. Eso investigar historias de dolor.

Bibliografía

Ahmed, Sara. (2018). Vivir una vida feminista. Barcelona: Ediciones Bellaterra. (Año de publicación original: 2017)

Bourke, Joanna. (2014). Story of Pain: From Prayer to Painkillers. Oxford University Press.

hooks, Bell. (1991). “Theory as Liberatory Practice”. Yale Journal of Law and Feminism.

Piedade, Vilma. (2021). Doloridad. Argetina: Mandacaru Editorial.

Scott, Joan W. (1991). “The Evidence of Experience”. Critical Inquiry. Vol. 17, No. 4 (Summer, 1991), pp. 773-797 (25 pages). Published By: The University of Chicago Press

Mendez de la Brena, Dresda Emma. (2022). Estados Mórbidos: Desgaste corporal en la vida. Madrid: Kaótica Libros.

Moreno, Fidel. (2011). El estado de malestar, conversación con Guillermo Rendueles. El Estado Mental. https://primeravocal. org/wp-content/uploads/2011/09/El_estado_de_malestar.pdf

Valverde, Clara. (2015). De la necropolítica neoliberal a la empatía radica: Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización. Barcelona: Icaria.

  1. Doctora en Estudios de las Mujeres, con especialización en Prácticas y Discursos de Género, obtenido en la Universidad de Granada, España. Maestría en Estudios de las Mujeres y de Género de la Universidad de Utrecht, Holanda. Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de las Américas, Puebla.

Cavilaciones sobre la ars poetica de Sylvia Marcos y las mujeres zapatistas*

Xochiquetzal Salazar

Sobre la poética de la obra, deseo elaborar dos dimensiones yuxtapuestas. Una dimensión es la apuesta de la autora de comprender al movimiento zapatista como una poiesis, como la creación de un mundo posible, en tanto que no es una calca de un pueblo mesoamericano en tiempos contemporáneos, sino una creación a partir de una raíz ancestral reclamada, revivificada, practicada; universo zapatista que tiene una configuración lingüística madre, que estructura el universo de tal manera que produce “otra” ordenación de nuestra lengua colonial -para ellos la castilla, danzando el tzotzil, tzeltal con el español-. Esta poética lingüística que Silvia logra escuchar, mirar, y leer es otra conformación de la realidad, del universo, que organiza el mundo desde la fluidez de lo femenino y lo masculino, por lo que en contraposición de nuestra configuración falologocéntrica, feminiza los espacios. En esta dimensión del zapatismo como poiesis, Sylvia muestra a sus mujeres como lo femenino que irrumpe, que desorganiza la hegemonía de la lengua española, la hegemonía de la colonización, la hegemonía de la epistemología occidental, por lo cual, es en sí mismo una insurgencia.

A la par la otra dimensión, que es la creación de Sylvia como autora, lo que ha construído en diálogo con el zapatismo, en ese caminar limítrofe, en esa liminalidad situada entre su bagaje intelectual y su cercanía con los mundos indígenas, entre 2 epistemes. De tal forma que esta otra dimensión de la poética es la poiesis de la misma Sylvia, no solamente el trabajo intelectual, académico, filosófico, antropológico, etnográfico, sino de la vida de la autora que es una epistemología feminista “otra” encarnada, aquí la leemos desde la experiencia, desde un conocimiento situado. La autora, reorganiza este universo del movimiento zapatista desde sus mujeres zapatistas, en este vaivén, en esta fluidez dentro del mismo movimiento, dentro de la episteme mesoamericana, dentro del pluriverso, dentro de la naturaleza.

Esta poética es otra dimensión que es muy valiosa, es la vida de una mujer feminista, que se abraza (sin fundirse) con la vida de una sujeta colectiva, la voz colectiva de las mujeres zapatistas:

“Me doy cuenta de que no es una historia. Es mi historia. (…) es mi vida, mi experiencia personal, todo esto lo he vivido. ¿Necesito demostrar que es verdad? Mi propio movimiento, mis errores, mis dilemas, mis compromisos, las cosas en las que creo firmemente son parte de ello. (…) No quiero atraerlos a mis propios puntos de vista y tampoco quiero ser una de ellas.”

Así, como autora, Sylvia produce este libro que es un universo en sí mismo. 30 años de movimiento zapatista, 30 años de la vida de Sylvia, y a la vez esta transposición, este traslape de epistemes, de ontologías, de epistemologías, que son pluriversales, este libro es un Ser, un ser de papel, que es un árbol, que es corteza, creación colectiva, una poética de la vida de Sylvia, -que a su vez es también una voz colectiva por ser feminista-, porque está en ella la genealogía feminista, ella evocando nociones que encarnan generaciones de feministas, generaciones de un movimiento múltiple diverso, rizomático, en esta danza de raíces, de bosque, con las mujeres zapatistas, que son las mujeres indígenas, mesoamericanas, contemporáneas.

Sylvia confecciona este libro-ser como una diosa que toma la materia en sus manos para darle vida, y la amasa en cuatro partes: en ese escuchar, en ese caminar, en ese dialogar, en ese “falta lo que falta” -que son las partes del libro- se sitúa desde las mujeres zapatistas para comprender, que no es solo las mujeres, que es lo femenino, en danza con lo masculino, lo femenino en fluidez con lo masculino, no calcificado, no en pausa, no fijo, sino en movimiento, que es el horizonte y la esperanza,de otras formas de existencia que sean vivibles, que producen sociedades, justas, armónicas, equilibradas.

Esta poética que Sylvia construye nos invita a una travesía epistemológica con las mujeres zapatistas como brújula: mostrándonos un proceso de gestación, desde la insurrección, que vuelca al mundo y lo pone de cabeza (1994) hasta Hoy…

*Estas cavilaciones versan sobre mi lectura del libro: “Una poética de la insurgencia zapatista” de Sylvia Marcos.

 

Deconstrucción de la Romantización de la Maternidad

Pamela Alvarado

La maternidad, tan sublime, tan completa, tan llena de gozo, de amor, tan dadora de plenitud, tan dispuesta a pagarlo todo… o así más bien se ha repetido desde el discurso patriarcal, aquel que adoptamos de forma casi innata, aquel discurso que sostenemos muy relacionado con el “deber ser” y “la felicidad”, sin embargo el ideal romántico tradicional de la maternidad ha sido un ideal que muchas de sus veces sostiene violencias normalizadas y problemáticas dolorosas que son calladas casi al punto de ser invisibilizadas.

La deconstrucción de la romantización de la maternidad implica una revisión crítica de las narrativas que rodean la maternidad; la maternidad romantizada implica la idea de que ser madre es un acto natural, relativo a la mujer, a la realización, sinónimo de una experiencia completamente gratificante, lo que puede llevar a que muchas mujeres a aspirar a alcanzar ese ideal sin cuestionar, además de que algunas otras tantas se sientan culpables si no experimentan ese gozo absoluto al convertirse en madres. Es un ideal que ignora las complejidades y demandas del cuidado de las infancias, así como el impacto de factores socioeconómicos, socioculturales y de salud mental que pueden afectar la experiencia de maternar.

La romantización de la maternidad puede llevar a la creación de expectativas poco realistas, en donde existe una narrativa sobre la “buena madre” que cobija muchas veces el abandono de la mujer como un ser completo, complejo e individual, perdiendo muchas veces casi todo de sí por un ideal en dónde debe poner a todas las personas antes que a sí misma, esencialmente debe poner a sus infancias en prioridad, atendiendo trabajos y labores de cuidados, crianza, educación, acompañamiento y dejando de largo sus aspiraciones individuales porque así debe ser “el ser buena madre”y así debe ser también “ser una buena mujer”.

Deconstruir la romantización de la maternidad es además fundamental para abordar los problemas del abandono parental de manera efectiva. Al desafiar las narrativas tradicionales y ofrecer un enfoque más realista y compasivo hacia la maternidad, como a la paternidad se puede crear un entorno más justo y comprensivo para todas las madres, alcanzar esto no solo las beneficia a ellas, sino que también fomenta un futuro más saludable y estable para las infancias y en general para toda la sociedad, es decir, la deconstrucción de la maternidad romantizada es un proceso complejo que busca cuestionar y redefinir lo que significa ser madre en un contexto patriarcal. A medida que hablemos de ello, que perdamos más la culpa relativa de la “buena madre” (idealizada) para hablar de todas las realidades que implican la elección de maternar, abrimos la puerta a nuevas narrativas que reconocen tanto la positivo como lo desafiante de este rol. La búsqueda de una maternidad auténtica y liberadora es esencial para el empoderamiento de las mujeres y la transformación de las estructuras sociales en el país.

Existe una idealización de la maternidad en las aspiraciones de muchas mujeres en donde desde el embarazo y su brillo en los ojos ya se empieza a negar que dicha experiencia es distinta para todas las mujeres y varia mucho dependiendo de los contextos de cada una; desde donde se imagina solo a un pequeño ser regordete que es digno de ser fotografiado 24/7 ignorando por completo lo desafiante que es cuidar de otro ser esa misma relación temporal, ese ideal nos brinda un panorama imaginario en donde todo lo elegimos, desde la personalidad de nuestras infancias, como van a comportarse, lo brillantes que serán y lo maravilloso que será todo el tiempo acompañar a esta criatura a pesar de cualquier situación en cualquiera de sus formas, los desafíos comienzan cuando la realidad dista de ser la misma para todas e invalida a quienes no ejercen estas dificultades o las ejercen del modo tradicional, que enmarca siempre una sonrisa y la disponibilidad eterna de sacrificio.

Las maternidades autónomas no elegidas son un ejemplo de la necesidad de desromantizar la maternidad como una necesidad elemental a considerar en la elección de maternar, misma elección que hoy en día en nuestro país sigue simbolizando un privilegio y el cual podrá considerarse como un derecho cuando sea tangible para todas las mujeres y al cual solo llegaremos desmitificando lo perfecto que es ser madre para todas las mujeres en todos los contextos existentes.

Desromantizar estas ideas y cuestionarlas, debe entenderse como una necesidad urgente y elevarse a un rango de derecho humano subjetivo en donde pueda llegar a ser una elección, segura, voluntaria, deseada, planeada, informada y protegida para todas pues hoy en día la maternidad idealizada no dista mucho de una esclavitud voluntaria.

LA PRINCIPITA • AMATISTA LÍA

La Jornada Morelos