

Después de muchos años en que las sesiones de madrugada de las legislaturas locales servían para urdir toda clase de confabulaciones y cometer cualquier número de tropelías contra los morelenses; era natural que, cuando los diputados de la LVI Legislatura convocaron pasada la medianoche a una sesión para dar primera lectura al paquete económico 2025, muchas alertas se prendieran. Afortunadamente, todo parece haber quedado en el susto.
Como ya se había advertido en las páginas de La Jornada Morelos, lo que está ocurriendo en el Congreso de Morelos es que, ante la dificultad de alcanzar acuerdos en torno a la ley de ingresos y presupuesto 2025 para el estado, y otros temas complicados ideológicamente como la despenalización del aborto, se ha apretado la agenda legislativa de un primer periodo que debe concluir, por ley, el 15 de diciembre próximo. Así que se ha tenido que convocar a sesiones nocturnas para dar trámite a los pendientes.
La buena noticia es que, conforme a los adelantos que han dado los coordinadores parlamentarios de los dos grupos que por sí mismos tendrían la mayoría absoluta en el Legislativo, Morena con 10 y el PAN con 4, el paquete económico para el 2025 no provocará mayor daño a los bolsillos ciudadanos; permitirá que el Ejecutivo estatal ejerza el gasto como lo había programado en infraestructura, seguridad, salud, educación y otras áreas de urgente atención; mantendrá las posibilidades de recuperación económica para el sector productivo; y dará un paso, probablemente modesto, pero definitivo, para fortalecer la recaudación y con ello reducir la dependencia que el estado mantiene de los recursos federales.
Es decir, la Legislatura parece haber logrado un consenso en que todos ganan y en que el sacrificio es mínimo. Lo que en política podría calificarse como una negociación no solo exitosa, sino ejemplar. Mucho más porque hay una serie de compromisos e intenciones legislativas para que la recaudación se fortalezca en años próximos sin que ello signifique golpear a la ciudadanía que aún construye vías para recuperarse de una crisis económica que en Morelos ha durado más de siete años derivada de tragedias sucesivas como el sismo de 2017 y la pandemia de 2020-2021, y permanentes como la inseguridad y el aumento de la violencia criminal.
Entre esos compromisos e intenciones destacan primero, el pacto para revisar nuevamente las propuestas de nuevos impuestos para la ley de ingresos de 2026, apostando por supuesto a que el impulso económico que, entre obra pública, dotación de infraestructura, refuerzo a la seguridad, mayor promoción del estado, planes de desarrollo turístico y comercial, fomento a las empresas y otras políticas públicas, tendría que mejorar los ingresos y el nivel de vida de los morelenses.
Segundo, la intención de algunos legisladores de promover leyes y reglamentos que permitan la suave y paulatina incorporación de quienes viven de la economía informal a actividades formales de forma que puedan contribuir al desarrollo del estado, obtener beneficios sociales y ayudar al incremento de la recaudación. La meta es interesante, pues hasta el tercer trimestre de 2024, el 66.3% de la fuerza productiva de Morelos estaba en la economía informal, (67% de las mujeres y 65.8% de los hombres con actividades remuneradas), la integración de por lo menos la mitad de esa población a la base de contribuyentes serviría mucho más que cualquier impuesto de nueva creación para fortalecer la recaudación local.

Los diputados volverán a sesionar de noche, seguramente porque tienen la intención de aprobar las leyes más importantes por consenso, lo que significa conseguir la unanimidad en el pleno, y esa práctica alargará cualquier proceso legislativo. Lo que queda claro es que, hasta ahora, no han dado amargas sorpresas como las que gastaban sus antecesores, y eso es ya un avance enorme.

