

Si algo hemos aprendido los habitantes de Cuernavaca a la mala es que cualquiera puede ser alcalde. Hemos tenido en el cargo a ingenieros, licenciados, juniors, hasta un futbolista, de diferentes edades e ideologías políticas. Pero si contáramos a los 16 de las últimas tres décadas (seis fueron interinos), probablemente podríamos contar con los dedos de una mano los que resultaron buenos alcaldes.
A Cuernavaca la han gobernado en las últimas tres décadas siete fuerzas políticas. Desde los partidos tradicionales hasta los emergentes han tenido ocasión de presumir rescatar a la ciudad que, por lo menos en los últimos cinco lustros había visto el deterioro constante en la calidad de vida, en su belleza, en su cultura y en el turismo, la actividad que mayores recursos genera a la ciudad después del comercio. Salvo quizá un leve respiro en la administración de Jorge Morales Barud (2013-2015), las del interino Roque González Cerezo (2008), Manuel Martínez Garrigós (2010-2012), Cuauhtémoc Blanco Bravo/Manuel Hernández Limonchi (2016-2018), y Francisco Villalobos Adán (2019-2021), fueron gestiones cada vez peores, que enfrentaron desde la ineptitud de sus titulares y funcionariado, hasta graves episodios de corrupción que prácticamente quebraron a la ciudad.
Además de las pésimas gestiones, se vivió un alejamiento total de entre las administraciones municipales y sus gobernados. Cuauhtémoc Blanco y Francisco Villalobos enfrentaron incluso antes del término de sus gestiones un rechazo incluso mayor del que sufría Martínez Garrigós. También faltaba el oficio político.
José Luis Urióstegui Salgado tomó las riendas del Ayuntamiento en 1 de octubre de 2022 con el lema “Cuernavaca renace”, un proceso que ha sido mucho más largo y doloroso de lo que se planteó en un principio debido, de acuerdo con el secretario de Gobierno, Juan Salgado Brito “por la falta de oficio político de muchos que han estado al frente de responsabilidades que quizá no merecían”. Así que casi la gestión entera del alcalde ha sido de navegar contra corriente, y aún con ello consiguió la reducción de la deuda, la reactivación de la obra pública municipal, y una mejora en los servicios públicos que, aunque aún modesta, habría sido impensable hace tres o seis años.
Un dato importante es la recuperación de la confianza ciudadana que se nota en hechos palpables, como el aumento de 49% en la recaudación del municipio, gracias en gran medida a las contribuciones de la ciudadanía con el pago de impuestos y tarifas que ha mejorado porque ahora saben el destino de esos recursos.
La cercanía del gobierno municipal con la gente de Cuernavaca ha permitido también construir lo que el alcalde llamó durante su informe “una fuerza colectiva para el avance social” lo que se ha notado en la renovada participación ciudadana con donaciones en especie y trabajo a favor del municipio.

El informe del alcalde Urióstegui, además, mostró una renovada relación entre el Ayuntamiento y los tres poderes del estado, con las fuerzas políticas, con el sector productivo y con los vecinos de colonias y poblados de la ciudad, una que sienta las bases para seguir construyendo una mejor ciudad y hacer que ese renacimiento que en 2022 se percibía tan lejano, permita que Cuernavaca siga creciendo de forma ordenada, elevando la calidad de vida de sus habitantes y recuperando sus vocaciones productiva, turística, cultural, artística, que la hicieron famosa en todo el mundo y un orgullo para sus residentes.
José Luis Urióstegui, al ser un acierto de los electores, nos demuestra también la importancia de la participación ciudadana y la coordinación entre poderes para engrandecer a las ciudades y los municipios.

