

Farid Barquet Climent
Hace setenta años el club Zacatepec le propinaba al Atlante derrotas tan dolorosas en sentido deportivo que acabaron por generar entre ellos una rivalidad de época.
En 1957, mientras Paulino Rivera Torres compraba la Hacienda Cocoyoc para convertirla en hotel; el psicólogo germano-estadounidense Erich Fromm, autor de El arte de amar, se avecindaba en Cuernavaca; y Rubén Jaramillo, primer presidente del ingenio de Zacatepec, se alzaba en armas enarbolando una segunda versión de su Plan de Cerro Prieto, el equipo cañero se perfilaba rumbo a la conquista de su segundo título de campeón de Primera División. Para conseguirlo, en su camino se impuso al Atlante en las dos vueltas de la Liga por idéntico marcador. Ganó 1-0 en el estadio entonces denominado Parque del Ingenio, que no se llamaba Agustín “Coruco” Díaz —pues éste, primer morelense en ser llamado a la selección mexicana, todavía no era mártir ni leyenda, aún jugaba en el equipo, aunque tendría que retirarse a finales de aquel torneo por la leucemia que finalmente lo mató en diciembre de 1961 a los veintiséis años—, y en el Olímpico Universitario, entonces casa del Atlante y de todos los clubes chilangos, venció también por la mínima diferencia. El torneo siguiente la dosis aumentó: el conjunto albiverde anotó tres como local sin recibir ni uno. Y durante la temporada 1959-60, en cada uno de los dos partidos que disputaron en aquella competencia, los de la tierra de la zafra les metieron cuatro a los azulgranas. 4-1 fue el marcador en la selva y 2-4 en el campus central de la UNAM, al que le faltaban ocho años para ser sede de una Olimpiada.
Horacio Casarín, el mítico delantero del Atlante en uno de sus famosos lances. Foto: Cortesía La Jornada de Oriente
Hoy, en cambio, Zacatepec no sólo no se ensaña con el Atlante sino que sale en su auxilio, le ofrece su hospitalidad, necesitado como lo está el club fundado en la colonia Condesa de la Ciudad de México hace 108 años de encontrar una morada, al menos provisional, luego de que por una serie de desavenencias con los propietarios del estadio Ciudad de los Deportes —en que el volvió a instalarse en 2020 tras su regreso a la capital del país después de trece años en Cancún— abandonara ese inmueble de cara al torneo venidero de la Liga de Expansión.
La gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia, atlantista declarada, acompañada del presidente del Atlante, Emilio Escalante, encabezó en la cancha del Coruco la conferencia de prensa en la que se anunció la llegada del Atlante a nuestro Estado. Ahí se dio a conocer que, por lo pronto, durante el torneo Clausura 2025 los Potros de Hierro jugarán sus partidos de locales en esa mítica grama.


Junto a Emilio Escalante, presidente del club, la gobernadora Margarita González Saravia levanta el “Potro de Hierro”, mascota del Atlante, al darle la bienvenida al estadio Agustín Coruco Díaz. Foto: Especial
El acuerdo entre el gobierno de la entidad y el empresario farmacéutico apunta a un ganar-ganar. De un lado se tiene un estadio, si no del todo inutilizado —porque el viejo Zacatepec sobrevive y busca renacer jugando ahí sus encuentros de tercera división— que al menos no aloja futbol de las esferas superiores desde hace casi un lustro, a pesar de que para su ampliación y remodelación se destinaron aproximadamente 800 millones de pesos de dinero público durante la administración de Graco Ramírez. Del otro hay un club errante —es la cuarta mudanza de su historia— que a pesar de ser por amplia diferencia el equipo más exitoso de la segunda categoría, por los despropósitos de los directivos de la Federación Mexicana de Futbol se encuentra imposibilitado de ascender a la Primera División, penuria institucional que se suma a su problema histórico de no contar con estadio propio. La gota que derramó el vaso y que fue determinante para emigrar a Morelos fue la suspensión de actividades impuesta por la alcaldía Benito Juárez al Ciudad de los Deportes una vez que sus dueños, que son los mismos de la contigua Plaza de Toros México, organizaron simultáneamente eventos masivos en sendos cosos, lo cual orilló al Atlante a buscar dónde jugar sus partidos de liguilla del Apertura 2024. Tuvo que irse a Pachuca, donde ser local en cancha ajena le acarreó una desventaja que quizá sea la explicación de que no llegara a la serie final, en la que probablemente pudo haber obtenido su cuarto título de la categoría.

Después de apenas cuatro años de vuelta en la Ciudad de México, Atlante vuelve a dejar el estadio azulgrana, la que fue su histórica casa. Foto: Especial
A diferencia de otros casos de equipos que cambian de ciudad, que el Atlante se instale en Zacatepec no deja el amargo regusto a despojo como el que sí quedó entre los aficionados del Zacatepec cuando José Luis Higuera se llevó a Morelia la franquicia representativa del municipio en 2020. Porque Atlante no llega a desplazar al conjunto azucarero que compite en la división inferior. Tampoco se va muy lejos de su lugar de origen, el otrora Distrito Federal. Quizá es el destino más próximo con estadio disponible y certificable. En conclusión: si se viene ahora a Morelos es porque, como lo declaró su presidente ante los medios de comunicación, “no hay condiciones para jugar en la Ciudad de México, por eso tuvimos que mudar al equipo”. Decisión forzada, no deseada. No sabemos si transitoria.

El Agustín “Coruco” Díaz, sede de míticos encuentros entre Atlante y Zacatepec, ahora será su casa común para partidos de local. Foto: Cortesía
Antaño adversarios encarnizados, Zacatepec y Atlante hoy se ayudan recíprocamente y conviven en la que, para Fromm, el vecino de Cuernavaca, sería seguramente una de las formas del arte de amar.

