(Primera parte)

 

Crece mi ignorancia sobre la historia colonial del hoy territorio de Morelos, mientras corre parejas con más y más lecturas que de ella hago. Generalmente esas indagaciones están asociadas con la creación de obras teatrales de corte histórico y por ello, luego de realizada una investigación superficial, no fijo la procedencia de fuentes y archivos. Con lo cual me quedó en la periferia de la categoría de historiador amateur sin mayor pretensión. Y esto viene a cuento por la pregunta de mi amiga Bárbara Barberi sobre el origen de la información sobre los esclavos negros de la hacienda de Xochimancas que detonara la obra con el mismo nombre y que estrenó Mulato Teatro en 2021. Interés, el de Barberi, por desentrañar la herencia africana que se percibe en el pueblo de Ticumán y que no puede deberse sino a la presencia esclava de las haciendas de Barreto y Xochimancas que franquean a sur y norte la población, ambas administradas por los religiosos jesuitas durante los siglos XVII y XVIII.

Si bien no he podido acceder al trabajo “Xochimancas: los trabajadores y los días en una hacienda azucarera de Nueva España en el siglo XVIII” de Jean-Pierre Berthe, publicado por la Universidad de Texas, con la conducción del historiador y sacerdote jesuita Arturo Reynoso llegué a otros materiales importantes sobre las haciendas que pertenecieron a la Compañía de Jesús y a una tesis de 2014 de Julieta Pineda Alillo que es la fuente más acuciosa hasta el momento: Esclavos de origen africano en las haciendas jesuitas del colegio de Tepoztlán y de la hacienda de Xochimancas del Colegio de San Pedro y San Pablo Siglo XVII. Pineda acudió a documentos de la orden que recogen los haberes de la hacienda en distintos años, en 1653, 1660, 1664 y 1666; en total 4 Libros de inventario como llamaban los religiosos a los registros de contabilidad.

Creía recordar que fue Antonio García de León (él me podrá desmentir) quien me había dicho que la Hacienda de Xochimancas llegó a tener hasta 300 esclavos que era el promedio mayor de esclavonía que solían tener las propiedades cañeras grandes en la colonia y yo lo repetí como lorito estos años. Seguramente me lo inventé o entendí mal en esa necesidad hiperbólica de los que hacemos ficción. Pineda me saca del error -o al menos esa es la documentación existente- consignando un máximo de 246 esclavos registrados entre hombres, mujeres y niños en el Libro de inventario de 1653. En éste, el acucioso administrador de ese momento dedicó 25 fojas para consignar datos importantísimos para intentar construir un mapa -incompleto siempre- de la vida y tratamiento de los africanos en Xochimancas. En esas fojas se consigna, además de sexo y edades, las procedencias, defunciones, nacimientos, matrimonios, si eran dados al cimarronaje (huir), grado de mezcla, oficio, etc.

Son interesantes las clasificaciones generales que hacían los jesuitas, y no sólo ellos, dependiendo de la procedencia. Si venían directamente de África se les llamaba negros bozales sin importar nación de origen y evidentemente no hablaban castellano por lo que solían recibir un trato más estricto y punitivo. Los esclavos criollos eran aquellos nacidos en Nueva España, hijos de otros esclavos criollos, de bozales o de la mezcla de ambos; y tenían un grado de” domesticación” mayor. Esclavos ladinos se llamaba a “aquellos que llegaron primeramente a la península ibérica o a cualquier lugar de América y posteriormente fueron trasladados a la Nueva España, ya con un conocimiento de la cultura hispana. En esta categoría encontramos a esclavos ladinos de Sevilla (2), de la Islas Canarias (1) y de Portugal (1).” (p. 72, Pineda). Aún hay otra categoría de esclavos chinos de los que confiesa la investigadora no saber si se trataba de africanos u orientales aunque también apunta que a Nueva España fueron traídas personas con rasgos “negroides” que pertenecieron a regiones del oriente como Filipinas o Nueva Guinea “y que eran introducidas por el puerto de Acapulco, vía los galeones de China.” Y también estaban los esclavos mulatos y los derivados de las muy distintas mezclas étnicas que generaron una aberrante clasificación de “castas”: lobo, saltapatrás, no te entiendo, tente en el aire, gíbaro, albarazado, jarocho, etc.

Continuaremos…

La foto la hizo José Luis Domínguez Guadarrama a la obra Xochimancas de Mulato Teatro. En ella aparece Marisol Castillo y la propia Bárbara Barbe. Cortesía del autor

 

JAIME CHABAUD MAGNUS