

Vlady y su padre Víctor Serge, dos notables rusos en Cuernavaca
Fíjense queridos amigos, que revisando mi archivo me topé con un hermoso legajo de escritos que me dejó como despedida antes de morir, mi querido e inolvidable amigo Vlady, hijo del gran escritor Víctor Serge (Víctor Lvóvich Kibálchich) y considerado como el último trotskista de corazón en México. Entre sus escritos me detengo en uno: “Adquirir el sentido a la historia”, fechado el 5 de enero de 1944 ya en su exilio mexicano, tres años antes de su propia muerte por un síncope cardiaco ocurrido en un taxi, pobre como siempre fue, “tal vez agotado por persecuciones, cautiverios y miseria material. Triste final para un brillante intelectual revolucionario”, escribirían de él.
Vlady nunca creyó en ese diagnóstico -así se lo comunicó a quien esto escribe- él siempre pensó que su padre había sido envenenado por agentes de Stalin. Leo este escrito de Serge y les comparto una frase que por su profundidad me atrajo: “Los hombres tendrían necesidad de un sentido de la historia comparable al sentido de orientación de las aves migratorias, que nos acerque a la conciencia como instinto natural y nos aleje del Enciclopedismo…”.
Serge fue un lector de Jacques Bossuet, (Dijon1627-París1704) que fue un religioso predicador y escritor discípulo de jesuitas; también leyó a Giambattista Vico (1668 Reino de Nápoles 1744) abogado y filósofo con su concepto de la verdad de la historia como resultado del hacer y luego de leer a muchos otros, como a Hegel y a Marx, Serge sintió que a través de la historia se puede alcanzar de pronto una especie de plenitud.
Con esta culta formación, rescato para ustedes, queridos lectores, un formidable retrato que de él hizo en 1990, el político revolucionario español experto anarco sindicalista Francesc de Cabo Vives (1910-1997) publicado por la Fundación Andreu Nin, que lo describe en un artículo titulado: “Víctor Serge, un revolucionario humanista“, de la siguiente manera: “Desde la adolescencia se comprometió con los humildes, con los desheredados de las sociedades de la orientación que fueran y hasta su muerte conservó incólume su yo independiente sin menoscabo de sus ideas redentoras de los desamparados”.
“En este sentido -sigue la descripción de Cabo Vives- Víctor Serge, tras lograr salir primero de la Unión Soviética, URSS, y después de Bruselas, (su esposa Liuba Rusakova ya había fallecido en un hospital psiquiátrico de Bélgica), siguió a Trotski a su exilio en México acompañado solo de su hijo el, entonces joven, Vlady. Y pese a su sufrimiento, nunca devolvió injurias ni siquiera los reproches que el mismo Trotski les hizo a algunos de sus mismos adeptos incluido al mismo Serge. Nunca le devolvieron a Trotski en vida sus críticas. Tanto lo amaban y respetaban que jamás se atrevieron a polemizar con él. En 1944, asesinado ya, Víctor Serge escribió lo siguiente:

“A pesar de los crímenes. A pesar de su propia muerte a la que se acercaba día a día, Trotski se negó a reconocer que la URSS había dejado de ser un ´Estado Obrero Socialista´ y que en ella se hubiera establecido un nuevo sistema de totalitarismo, el viejo líder creyó poder llevar sobre sus espaldas desde el exilio el peso de una nueva internacional, la Cuarta, continuadora de la Tercera. Voluntarioso y utopista, Trotski se separó del conjunto del movimiento socialista.”
“Se empeñó en hacerse el mantenedor de un bolchevismo de épocas pasadas que, en la actualidad, ya nadie comprendía. Trotski se mostró intransigente con revolucionarios que lo veneraban y comprendían, pero no querían seguirle por esos caminos. Incluso analizamos sus reacciones desde un punto de vista psicológico, su tensión interior y el drama de su soledad”.
Miren queridos lectores, qué manera de Víctor Serge de entender a su héroe que incluso, en ocasiones, atacaba a sus fieles seguidores. Y pese a ello, en sus cartas Serge siempre demostró su fortaleza moral, como también lo hizo su hijo Vlady el que tan solo a través de sus profundas y bondadosas miradas, detrás de sus infaltables lentes, demostraba sus sentimientos. “Hay quienes aseguran que Víctor Serge, quien ya no contempló el desmoronamiento de la URSS, fue una figura principal de la etapa revolucionaria por la magnífica bondad de una adhesión absoluta y heroica al proletariado y al espíritu humano”, refirió Cabo Vives.
Ese fue el padre de nuestro gran amigo el pintor Vlady, (Vladimir Viktorovich Kibálchich Rusakov) fallecido en Cuernavaca en el año 2005. Qué afortunada soy de haber sostenido pláticas inolvidables en el estudio de su “dasha” (como llamó en ruso a su sencilla casa-estudio en esta ciudad) donde vivió con su esposa Isabel Díaz Fabela que fue todo para Vlady desde que falleció su padre con el que llegó hacía tanto tiempo a nuestro país y con el que incluso visitó varias veces Cuernavaca antes de instalarse definitivamente aquí, ya fallecido su padre. Y hasta la próxima queridos amigos.

Aquí aparece el revolucionario anarquista, poeta, escritor, historiador y periodista Victor Llovich Kibalchich, mejor conocido por su nombre de guerra Víctor Serge, con su entonces pequeño hijo Vlady, en 1926. Imagen que figura en su libro de 608 páginas titulado Memorias de un Revolucionario. Publicado en 2011 por la editorial Veintisiete letras en España.

