

Vulnerabilidad e incertidumbre, el umbral de una nueva época
Hace unos días en la reunión semanal que tenemos un grupo de baby boomers, coincidimos en que la humanidad se encuentra en una que crisis que impacta todos los ámbitos de la actividad humana. Hoy se habla de una crisis civilizacional, que en lo ecológico se refleja en la depredación de la naturaleza, en lo social en una violencia cada vez más generalizada y hasta normalizada, y así, en los demás ámbitos de la sociedad.
En lo económico, por ejemplo, se tiene una economía suspendida con alfileres, pues casi toda la actividad económica se concentra en el sector terciario, y poca en el primario. En el sector primario, el productivo, el que produce la comida, se ubica un 10 por ciento de la población económicamente activa. La economía en términos generales se sostiene a través de la especulación, no de la producción.
Hoy, todas las actividades humanas se encuentran en crisis, aun la ciencia con su forma unimetódica de acercarse y conocer la realidad bajo un criterio positivista, es decir, basado en hechos cuantificables, dejando fuera de su ámbito de estudio los fenómenos subjetivos, que no están soportados por hechos. Queda fuera de lo científico el mundo subjetivo, cuyos fenómenos no puede explicar.
Qué está pasando en el planeta nos preguntamos, intentando entender y encontrar una respuesta. Mis amigos al igual que un servidor estamos ya en el séptimo piso, hemos vivido las amenazas de la guerra fría, la milagrosa recuperación de Europa con un modelo de importaciones, la caída del muro de Berlín entre otros.
También vivimos y sobrevivimos al cambio del mundo analógico por el digital, a la comunicación por cartas que a veces duraba semanas en llegar para transitar a los rápidos e instantáneos mensajes de internet. A todo nos fuimos acomodando y acoplando de manera casi resiliente.

Sin embargo, el actual mundo en crisis no lo alcanzamos a entender ni tampoco sus alcances. Pero entendemos que esta crisis civilizacional no permite las condiciones más humanas para vivir y por otro lado nos aterra el mundo que estamos heredando a las futuras generaciones.
Una característica de los tiempos actuales es sin duda el cambio, ante esta premisa surge la pregunta ¿el mundo está viviendo una época de cambios o más bien está en el proceso un cambio de época?
En nuestra reunión se citó al José de Sousa Silva, pensador latinoamericano quien aborda con profundidad el tema del cambio de época, asumiendo que las estructuras humanas como instituciones, organizaciones y sistemas sociales en este contexto histórico se vuelven vulnerables.
Un cambio de época implica una serie de transformaciones profundas en todos los ámbitos de la actividad humana. Así por ejemplo en las relaciones de producción se modifican las formas en que se generan los bienes y servicios afectando la estructura económica y laboral.
En las Relaciones de poder cambian las dinámicas de autoridad y control, alterando las estructuras políticas y sociales. En la Experiencia humana, estas trasformaciones impactan en la manera como las personas viven y perciben su realidad cotidiana, los valores, creencias y prácticas que conforman la identidad de las sociedades.
Estas transformaciones requieren de nuevos paradigmas que respondan al nuevo contexto. Entendiendo como paradigmas al conjunto de ideas, creencias, valores y prácticas que configuran la forma de percibir, entender y responder a la realidad. Hoy las sociedades modernas responden básicamente a un paradigma, el del TENER. En torno a este paradigma giran la economía, la cultura, los valores, la política y más.
Me tomo la libertad de comparar a la crisis civilizatoria con las crisis individuales humanas como cuando nos enfrentamos a nuestra mortalidad por algún evento o incluso una pandemia como la del Covid-19. En esas circunstancias los paradigmas vigentes dejen de tener relevancia y se asumen otros paradigmas que revaloran lo que en verdad tiene importancia en la vida. Ese momento de crisis permite un cambio de pensamiento y de actitudes hacia la búsqueda del sentido de la existencia.
Ante la crisis que vive el mundo, se tiene la esperanza de que se generen nuevos paradigmas que permitan una mejor calidad de vida en todos los aspectos, en los vivenciales, ambientales y espirituales. En síntesis en este cambio de época es necesario cambiar el paradigma prevaleciente del TENER por el paradigma del SER, y el desarrollo de lo humano. Esa es la esperanza que como en la caja de Pandora muchos esperamos para la nueva época histórica.

