

Ulises Bravo, hermano de Cuauhtémoc Blanco, podría estar mintiendo…
Ave de tempestades, Ulises Bravo Molina está enfrentando todas las tormentas que fue creando durante los seis años que lleva como un residente, nada distinguido, pero extraordinariamente relevante en la vida política de Morelos.
Dirigente de Morena a fuerza con el único voto de Mario Delgado, el hermano del gobernador, Cuauhtémoc Blanco tenía una influencia en la política local que todos reconocieron por seis años, y que ahora se niega a reconocer más para deslindarse públicamente de exfuncionarios involucrados en probables actos de corrupción que como un acto de humildad, algo totalmente nuevo en el personaje, uno de los más importantes en la trágica comedia (que no tragicomedia) de Morelos del último sexenio.
Ulises Bravo asegura no tener tanto poder como el que se le atribuye en los círculos políticos y mediáticos. La idea, sin embargo, era alimentada por el mismo sujeto, quien incluso permitió que el grupo político que comandaba, a fuerza de relaciones y beneficios aparentemente extralegales o de aplicación discrecional de las normas, se autodenominara “los Ulises”.
Conviene ser muy puntuales en esto, la certeza sobre el poder que ejerció Ulises Bravo Molina en la administración de su hermano no proviene de chismes regados por sus enemigos políticos, sino de la observación elemental de la realidad en la catástrofe que fue la política Morelense desde 2018 hasta octubre pasado. Hay grabaciones de Ulises dando instrucciones a diputados, declaraciones de exsecretarios y exdirectores de áreas gubernamentales sobre la necesidad de pasar sus decisiones por el filtro de Ulises Bravo, testimonios de testigos de comidas y cenas en conocidos restaurantes que el grupo frecuentaba en Acapantzingo y el centro de Cuernavaca, testimonios ante autoridades de procuración de justicia sobre la influencia de Ulises Bravo en las decisiones.
Ahora, golpeado política y judicialmente por sus hechos, y a lo mejor en parte también por los rencores que fue acumulando, Bravo Molina asegura que él no fue, y que las versiones sobre su influencia en la administración de su hermano Cuauh, son exageradas y provenientes de la mala fe de sus enemigos.

Y aunque hay la certeza de que Bravo Molina podría estar mintiendo, no sería la primera vez que un político utiliza esa táctica de hipérboles discursivas para ilustrar un punto probablemente falso; pudiera ser que, en algún mundo paralelo, esté diciendo la verdad, o por lo menos crea que dice la verdad, en cuyo caso conviene preguntarse, ¿por qué desearía mantener el control de Morena? Si, como él dice, su propio grupo no le hacía caso en todo, es muy probable que el liderazgo aparente de Bravo Molina sirva para absolutamente nada, y entonces ¿de qué serviría mantenerlo a cargo del partido más influyente en el Morelos actual?
En cambio, si Ulises mintió en la conferencia de prensa en que intentó presentarse como una inocente víctima de persecución política orquestada por el fiscal mediante una nada intrincada confabulación con magistrados que le serían afines; entonces la influencia del hermano del exgobernador sobre el funcionariado que le acompañó era real y sería entonces, por lo menos en parte, corresponsable de todos los desaguisados cometidos durante el no-régimen de su hermano; en cuyo caso, tampoco debería dirigir Morena, o cualquier otra fuerza política.
Ulises Bravo Molina podrá ser muchas cosas, pero hasta donde todo apunta, no se trata de una víctima y tampoco de un personaje inocente; y mucho menos, de un dirigente que sirva de algo a Morena en Morelos. Pero eso lo tendrán que decidir los consejeros del partido tan pronto como el sábado próximo en que definan qué pasará con las carteras vacantes de su comité y si incluyen en el paquete de cambios a la presidencia estatal del comité.
Por lo pronto, el exabrupto mediático de Ulises Bravo no provocó el escándalo que habría querido el hermano del gobernador. Si bien la mayoría de los medios acudieron a la cobertura en una suerte de afán mórbido (como quien va a una película de terror), los asuntos en el estado resultan mucho más trascendentes que la reaparición del otrora poderoso sujeto del clan Bravo.
Los temas de seguridad escolar y hospitalaria, los pendientes de corrupción del no-régimen anterior, el Plan Estatal de Desarrollo, el presupuesto del 2025, la remoción del fiscal, y el panamericano de básquetbol en silla de ruedas, han resultado mucho más interesantes para el público que el aporte de Ulises Bravo a una agenda informativa integrada mayormente por los pendientes dejados por la administración Blanco (inseguridad, corrupción, y otros rezagos), y por la incipiente colección del restablecimiento de la política en Morelos, Plan de Desarrollo, eventos deportivos y culturales, diseño del futuro inmediato del estado, etcétera.
En un escenario así, Bravo Molina parece diluirse igual que lo hizo su influencia en Morelos. Su conferencia pareció más el fadeout de una mala película que un intento de resurgir del rincón al que fue condenado por sus acciones y omisiones, y hasta por quienes alguna vez le juraron lealtad.
@martinellito / martinellito@outlook.com

