La concepción de belleza y el cuerpo ideal es generalmente asociado a la angustia de mujeres que reciben presión social, así como un bombardeo de imágenes y videos sugerentes de la perfección estética por lo que la mayoría de los activistas relacionados con el tema tienen como objetivo principal proteger la integridad mental y física de un sector vulnerable de la sociedad. Sin embargo, en los últimos años ha surgido una nueva cultura denominada “Fitness” la cual requiere de una serie de requisitos de comportamiento específicos que engloban un estilo de vida basado en la búsqueda de salud.

Nuevos conceptos se han convertido en el eje central de toma de decisiones que si son analizadas desde una óptica médica, parece una irresponsabilidad la serie de actitudes que inician con modificaciones en la elección y consumo de alimentos, así como horarios estrictos dentro del gimnasio y muchas veces un acúmulo de actividades físicas superando le gasto calórico consumido durante el día debido a la ejemplificación de dietas hipocalóricas creando una idea de poco consumo de alimentos relacionado con una buena salud.

La idea de un cuerpo musculoso ha logrado un cambio de actitud generalizado sin discriminación de generó, lamentablemente los enfoques de apoyo así como de erradicación de mitos mediante campañas publicitarias son dirigidas diariamente al sector femenino olvidando que los hombres durante el paso del tiempo han caído en actitudes extremistas apareciendo en el escenario el uso no solo de suplementos no indicados por un experto, si no que también han añadido medicamentos vendidos como potenciadores de aumento muscular.

La historia reflejó por muchos años estereotipos de género en los que se ilustraba a un hombre proveedor y protector de su familia pero en la actualidad se añadió un nuevo requisito: lucir musculoso como sinónimo de masculinidad por lo que para lograrlo los hombres deben someterse a procesos que son disfrazados con una disciplina exhaustiva en la que se mandan constantemente discursos de superación personal más parecidos a un entrenamiento militar donde el amor propio y su autoestima son rebasados por palabras agresivas y poco sensibles asimilando a los hombres como individuos vacíos del corazón.

Sumado a lo anterior, se añade la lista de exigencias de muchas mujeres que relativamente ocupan un porcentaje menor si se diferencia con la relevancia de un físico tonificado; pocas veces se habla de la agresividad con la que muchas mujeres se dirigen reflejada en palabras, desprecios y desplantes hacia lo no percibido como atractivo. La dismorfia corporal no debe ser un tema exclusivo del sufrimiento femenino, tampoco lo son los trastornos alimenticios ya que es posible hallar hombres que en su búsqueda de la perfección consumen un exceso de proteínas sumamente peligrosas para la función renal, así como fármacos con un efecto grave sobre el hígado y algunos otros órganos importantes con lo cual puede garantizar una serie de efectos negativos traducidos ya sea en enfermedades o en procesos degenerativos.

En una sociedad donde los hombres no lloran, no sufren, pero protegen, comprenden a sus compañeras de vida, pero pocas veces expresan sus sentimientos y viven bajo un legado humano implícito en su psiquis: “Los hombres no lloran”, los hombres no se preocupan por el concepto de belleza y resisten las enfermedades y sus síntomas como buenos guerreros; en esta clase de sociedad pensar en campañas de salud dirigidas no solo para mujeres si no para humanos pareciera una idea de cuento de hadas.

Una persona en frente de un grupo de personas

Descripción generada automáticamente con confianza baja*Psico nutrióloga

Elsa Azucena Alfaro González