Alfonso Reyes en 1952. Un cibernético adelantado a su tiempo

En un ensayo escrito en 1952 titulado “El hombre y sus inventos”, publicado en la página 241 del tomo XXII de las Obras completas de Alfonso Reyes. Allí se formula una aguda crítica, aunque en paralelo también se reconocen, con una sopesada dialéctica de incisiva agudeza, los primeros pasos de la naciente cibernética. Surgida pocos años antes con la aparición del libro: Cibernética o de la comunicación y el control en el animal y la máquina, obra de Norbert Wiener publicada en 1948. Alfonso Reyes señala a la comunidad de científicos del área, con fina y precisa ironía: “¡Física, guárdate de la metafísica!”. Para después con acertado tino pasar a dictaminar que la metáfora, es nada menos que el gran pecado mortal de nacimiento de la Cibernética, incipiente ciencia que estudia la comunicación y el control en el animal y la máquina. Dice Reyes:

“La cibernética abarca varios dominios. Es una abstracción que se proyecta sobre múltiples campos particulares, una síntesis lógica lanzada a descubrir la coherencia entre muy distintas aplicaciones, unas realizadas y otras soñadas. ¡Física, guárdate de la metafísica! Y, en el caso, guárdate de la metáfora, que es, oh cibernética, tu pecado de nacimiento.”

Más adelante don Alfonso apunta algunas de las semejanzas, resultado del pecado original de la metáfora cibernética, pero también señala varias de las diferencias determinantes entre el cerebro humano y las entonces nacientes computadoras electrónicas. La computadora sin duda carece de iniciativa, es resultado de la programación hecha por humanos, y ni hablar de qué posea forma alguna de imaginación. El “cerebro electrónico” tiene la capacidad de recibir el reflejo de lo que sucede en su entorno y de direccionar a diferentes áreas el proceso de los datos recibidos, como hace el tálamo en el cerebro humano. Pero el artificio electrónico no puede emular las múltiples conexiones del córtex, o corteza cerebral, donde el retardo permite la reflexión significativa, “la intención, la incitación, la admiración, la duda y la pregunta.”

“Entretanto, no nos echen tierra a los ojos contándonos que la máquina supera al cerebro humano por el solo hecho de resolver en unas horas ciertos cálculos que ocuparían a varias generaciones por más de un siglo. Porque la máquina carece de imaginación e iniciativa: posee el reflejo, pero no el retardo en que la reflexión se acomoda; posee el don cerebral del tálamo, no el del córtex. Desde luego, opera mediante la aritmética binaria y no la decimal: propia correspondencia del sí y del no, únicas contestaciones donde faltan la intención, la incitación, la admiración, la duda o la pregunta.”

Como todo buen crítico, Reyes reconoce las ventajas cibernéticas en diversos campos del saber, pues la computadora electrónica, ha demostrado que permite derribar las murallas que escondían más de un enigma científico que para su solución excedían “la paciencia y la resistencia humanas.”

“Reconozcamos, en cambio, que el esquema del autómata ofrece una estructura abreviada donde pueden apreciarse nítidamente los procesos reflejos. Reconozcamos que estos sistemas mecánicos, aunque ajenos a la vida, pueden guiar la mano del biólogo: ventaja de los ‘mecanismos comunes a los fenómenos dispares’, minuciosamente estudiados a principios de siglo por Petrovitch, el profesor de Belgrado. Reconozcamos que la velocidad de la calculadora permite derribar esas murallas de cifras tras de las cuales se escondía más de un enigma científico y que excedían la paciencia y la resistencia humanas. La astrofísica, la meteorología, la química, la economía han resultado singularmente favorecidas a efectos de semejante Blitzkrieg. Hasta parece que pronto disfrutaremos de un ajedrecista artificial superior al que conoció Edgar Allan Poe.”

Y bien que pudimos conocer apenas 44 años después de lo escrito por Reyes. A ese ajedrecista artificial (Deep Blue de IBM) fue capaz de ganarle en 1997 al mejor de los ajedrecistas humanos (Garri Kaspárov). Rebasando con mucho al jugador de ajedrez presentado por Edgar Allan Poe en su ensayo: “El jugador de ajedrez de Mälzel” (1836). En este ensayo Allan Poe expone el montaje de un ingenioso, aunque fraudulento jugador de ajedrez. Era un autómata llamado por su apariencia El Turco. Fue un lucrativo espectáculo a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Espectáculo itinerante que se había hecho famoso en Europa y luego en Estados Unidos tras continuas giras. Fue tal el éxito que El Turco llegó a jugar sonadas partidas con diversos personajes, entre otros nada menos que con el emperador Napoleón Bonaparte en 1809 en Italia, a quien por cierto le ganó, por un movimiento ilegal realizado por el destacado militar. También jugó en Londres contra Charles Babbage (1781-1871), quien fuera uno de los pioneros de la computación con su diseño de la “Máquina analítica”. El mecanismo llamado el Turco fue inventado por Wolfgang von Kempelen en 1769, posteriormente fue llevado a los Estados Unidos en 1825 por Johann Nepomuk Mälzel después de la muerte de von Kempelen. Derivado de esas presentaciones Edgar Allan Poe escribió el ensayo publicado en 1836.

*www.matemagica.mx

“El Turco”. Imagen: Wikipedia

Braulio Hornedo Rocha