Desde el inicio de su gobierno, el presidente AMLO dijo que íbamos a tener un sistema de salud tan bueno como el de Dinamarca. Seis años después, en su último informe de gobierno y ante la plaza del Zócalo de la CDMX repleta de seguidores, dijo que nuestro sistema de salud no sólo es como el de Dinamarca, sino incluso mejor. Escupió mentiras a la cara de todos los mexicanos, hayamos o no estado presentes en la plaza atiborrada del Zócalo capitalino. La mentira referente a que nuestro sistema de salud es mejor que el de Dinamarca fue sólo una de tantas que dijo a lo largo de su sexenio y en su informe final.

Para tener un sistema de salud mejor que el de Dinamarca (o de cualquier otro país) se necesitan condiciones sociales, políticas, educativas y económicas que sean también superiores a las de ese país. La ocurrencia 4T-ísta del Instituto de Salud para el Bienestar (el INSABI) fue un fracaso rotundo reconocido incluso por los mismos proponentes de la 4T. Se tuvo que cancelar esta “iniciativa” y reemplazarla por el IMSS-Bienestar, ocurrencia que utiliza los recursos e instalaciones que ya existían en el IMSS desde sexenios anteriores. No hay datos estadísticos en México (¡que sorpresa!) que determinen cuántas personas heridas por arma contundente, punzocortante o de fuego quedan sin recibir atención médica en hospitales públicos debido a que están saturados. Lo que sí sabemos es que la tasa de asesinatos en México es de las más altas en el mundo.

La figura que acompaña este artículo muestra la tasa anual de homicidios dolosos (por cada 100,000 habitantes) en México, Dinamarca, EE.UU. y otros países considerados como “desarrollados”. Los homicidios son un reflejo de la criminalidad en cada país porque es muy difícil esconderlos. Cuando se encuentra a una persona muerta con signos de violencia (ya sea en una calle oscura, un terreno baldío, la orilla de una carretera, un departamento habitacional o un basurero), es prácticamente imposible no reportarlo. Llega mucha gente: los policías, los peritos forenses, reporteros de diversos medios de comunicación, el Ministerio Público, los influencers de redes sociales, los mirones, etc. Por eso, los homicidios son una especie de “termómetro” que mide qué tan grande es la criminalidad en un país. Otros crímenes de alto impacto como las extorsiones, secuestros, robos de vehículos, violaciones, etc., pueden no reportarse por miedo a las represalias que puedan ocurrir por parte de los criminales. Pero los asesinatos son prácticamente imposibles de esconder en cualquier país desarrollado o en vías de desarrollo. Tal vez se puedan ocultar los muertos temporalmente en fosas clandestinas (como las tantas y tantas que hay en México), pero cuando dichas fosas se encuentran, hay una multitud de personas que reportan el hecho.

Esto me recuerda a una de las muchísimas mentiras que el presidente y artífice de la 4T nos escupió a la cara cuando en una conferencia mañanera de mayo del 2024 dijo que no había más violencia en México, sino más homicidios. Estimado lector, los homicidios en cualquier país del mundo son el “termómetro” que mide el nivel de violencia justo porque no se pueden esconder.

La figura de este artículo muestra que México tiene una tasa de homicidios treinta veces más alta que Dinamarca y ciento cincuenta veces más alta que Japón. Incluso si nos comparamos con Estados Unidos, famoso por los tiroteos masivos en escuelas, lugares públicos y sus asesinos seriales, la tasa de homicidios en México es casi cinco veces más alta que la de nuestros vecinos gringos “violentos”. La guerra en Sinaloa, Guerrero, Tamaulipas y Baja California, las extorsiones y asesinatos en Michoacán, Morelos y Chiapas, los narco bloqueos en carreteras de Zacatecas y San Luis Potosí, los coches bomba en Guanajuato, y toda esta violencia a lo largo y ancho del país, ¿en serio nos permite tener atención médica mejor que la de Dinamarca? ¿Podemos siquiera ir al médico sin temor de ser asesinados en el camino?

Los mexicanos hemos hecho de la violencia de alto impacto (homicidios, robos, secuestros, extorsiones, etc.) una cosa casi normal y cotidiana. Pensamos que mientras dicha violencia le ocurra “a otros”, no nos debe preocupar. Pero en países como Dinamarca un solo asesinato al año es cosa de escándalo nacional porque todo el mundo sabe que tales actos de violencia le pueden ocurrir a cualquier ciudadano. Recordemos el escrito de Martin Niemöller:

“Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío.

Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre”.

¿Quién va a hablar en tu nombre cuando vengan por ti?

*Instituto de Ciencias Físicas, UNAM / Centro de Ciencias de la Complejidad, UNAM.

Figura elaborada por el autor con datos de diferentes fuentes: INEGI, Banco Mundial, Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, el Ministerio de Justicia de Dinamarca y el «Uniform Crime Reporting Unit» del FBI.

 

Maximino Aldana