Desde hace tiempo se habla de la necesidad de contar con industrias fuertes que sean el motor de la economía estatal. Desde hace tiempo también se ha señalado el papel primordial que la iniciativa privada tiene en el círculo virtuoso de una economía sana, en el que los trabajadores se vean beneficiados por el éxito de su empresa y trabajen con tesón y orgullo, en donde el gobierno reciba sus impuestos y procure el bienestar para todos y en donde los emprendedores se vean beneficiados por un contexto en el que puedan desarrollarse sanamente.

Parece una utopía, sin embargo, no hace mucho en nuestro estado existió una empresa que lo consiguió: salió de las cenizas para convertirse en un proveedor estratégico de las fuerzas armadas nacionales y llegó a gozar de algo muy cercano al monopolio del abastecimiento de cartuchos; logró afianzar acuerdos con empresas de su ramo que eran líderes mundiales y vendía su producción a decenas de naciones y, además, sus trabajadores estaban satisfechos, gozaban de buenos sueldos y estaban convencidos de su empresa, Tecnos – Águila Ammunition.

Pero la bonanza no está hecha para todos y algunos llegan a pensar que es perenne, ciertamente el contexto de las economías nacional e internacional en la actualidad no es ni remotamente el mismo que en los años ochenta, cuando la empresa vivió sus mejores años, pero las balas y las municiones no se han dejado de fabricar y, quizá como nunca, hoy tienen mayor demanda que en aquellos años.

Los que sucedió fue un lento declive en el que se embarcó la empresa misma, cambiando de cuadros directivos cuando todo iba viento en popa, dejando de atender sus responsabilidades patronales, reduciendo sus estándares de calidad y seguridad, y hasta inmiscuyéndose en la vida de las organizaciones de sus trabajadores. Eso no lo hizo en un par de años, sino en varias décadas en las que seguramente sus directivos sentían que tenían el título de propiedad del nirvana en el que estaban instalados.

En efecto, los tiempos cambian, y en aquellos lejanos tiempos de bonanza no existía un tratado multilateral de libre comercio en el que los países miembros tienen la prerrogativa de corroborar por sí mismos, y mediante instrumentos acordados en los propios tratados, que el funcionamiento interno de las empresas de las que importan sus productos trabajen de acuerdo a estándares internacionales.

Tecnos ha tenido sus tropiezos en cuanto a seguridad y manejo de contaminantes, pero la puntilla se la dieron sus propios trabajadores al solicitar el arbitrio internacional para que se realizara una revisión de sus condiciones laborales y de la libertad que tienen para organizarse.

Nadie tiene comprado el éxito y conforme se ha ido deteriorando la economía mundial se hacen cada vez más necesarias empresas que sepan triunfar, que no solo trabajen para sus dueños y administrativos sino para impulsar el verdadero desarrollo regional. Sirva la fábula de Tecnos para escarmentar en cabeza ajena y para comprender, de una vez por todas, que la gallina de los huevos de oro solo vive si no se le tuerce el pescuezo, aunque sea de poquito en poquito.

La Jornada Morelos