
Todo indica que, después de días muy difíciles, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) está lista para refrendar su liderazgo como la comunidad académica más importante de la entidad y una de las ejemplares en México.
Las complicaciones que supusieron en días anteriores el protagonismo de posiciones extremas motivadas en su mayoría por un justificado enojo, pero también por intereses políticos de control sobre la comunidad universitaria, se han retirado y el discurso entre todas las partes involucradas se ha moderado y permite ya establecer un diálogo de por lo menos dos vías, la administración central a cargo de la rectora Viridiana Aydeé León Hernández y la comunidad que se ha puesto el nombre de resistencia estudiantil como una representación alterna a la Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos.
Es prudente señalar que no deriva del agotamiento la voluntad de los estudiantes en paro por terminar con la toma de instalaciones y volver a clases normales mientras se trabaja efectivamente en los cambios que la UAEM debe hacer para mejorar la seguridad y el bienestar de la comunidad universitaria.
Las y los verdaderos estudiantes abanderan causas justas cuando exigen justicia para sus compañeras víctimas de feminicidio, mayor seguridad para los universitarios y cese a los acosadores y violentadores de mujeres que hay en la institución; cada uno de esos temas sigue vigente y debe ser atendido y resuelto por las autoridades competentes dentro y fuera de la UAEM. Pero también quieren seguirse formando en una institución que no queda a deber en cuanto a calidad académica y que es la apuesta única de la mayoría de ellos para un futuro mejor.
Concluir el paro, entonces, es un imperativo, pero que sólo será posible si la movilización que inició hace trece días se traduce en un cambio profundo en la conciencia y la práctica universitaria; un anhelo que, por cierto, comparten con la rectoría y la mayor parte de los docentes y administrativos.
Llamará la atención de algunos que, pese a compartir esos temas de la agenda, se haya provocado un distanciamiento tal que incluso amenazó con romper las relaciones al interior de la comunidad universitaria, lo que habría sido profundamente grave porque significaría el inicio de su desintegración.

La explicación no es tan compleja, en los primeros momentos de las movilizaciones dominaron los discursos radicales tanto en el grupo estudiantil como, y esto es mucho más grave, en directivos y maestros que fueron incapaces de demostrar empatía con la pérdida de dos jóvenes mujeres de su comunidad y el dolor que ello provocó en sus alumnos. La insensibilidad emocional llevó a muchos maestros y directivos a amenazar a los estudiantes en paro; lo que dio pie a mayor distanciamiento del estudiantado con quienes son sus primeros contactos con la UAEM.
Por eso debieron venir los compromisos públicos de la rectoría y el colegio de consejeros universitarios maestros en torno a que no habría represalia alguna en contra de quienes participaron en el paro. Probablemente no era necesario porque no se había planteado como una acción institucional, pero convenía hacerlo como muestra de voluntad de diálogo y respaldo a la causa estudiantil.
Seguramente estamos a poco tiempo de que se retome el diálogo por el bien de la comunidad universitaria y por el futuro de Morelos. Uno que debemos empezar a construir de inmediato todos juntos.


