
Más allá de los reduccionismos que, desde fuera del estado creen que todo o gran parte del territorio de Morelos es Cuernavaca, debe reconocerse que la ciudad ha crecido en las últimas décadas de forma impresionante hasta convertirse en una metrópoli.
Esto es, en toda la extensión del término, un área urbana con una gran ciudad central y generalmente con alrededor de un millón de habitantes que es núcleo político, económico y cultural de una región. Además, registra una alta densidad poblacional, infraestructuras complejas, diversidad cultural e influye fuertemente sobre los núcleos urbanos vecinos, en el caso de la zona metropolitana de Cuernavaca, esta influencia se da sobre Yautepec, Cuautla y Jojutla.
Como toda metrópoli la zona metropolitana en Morelos conecta a Cuernavaca con Tepoztlán, Huitzilac, Jiutepec, Temixco, Xochitepec y Emiliano Zapata a través de sus suburbios que forman una conurbación en la que radican alrededor de un millón ciento veinte mil personas en poco más de 708 kilómetros cuadrados., lo que la convierte en el núcleo poblacional más amplio del estado.
También igual que otras ciudades de su tipo, la metrópoli morelense padece problemas compartidos por los varios municipios que la forman, deterioro de infraestructura, contaminación, inseguridad, conflictos sociales. Es el costo que se paga por ser territorios con alta concentración poblacional, centros económicos, y por el movimiento pendular de sus habitantes (que suelen trasladarse de sus ciudades -dormitorios- a la ciudad central para trabajar o estudiar).
La complejidad de los problemas que padecen las metrópolis suele requerir soluciones profundas, integrales y a menudo sumamente costosas, lo que las vuelve imposibles para los ayuntamientos que administran las ciudades que las conforman. Los recursos de los municipios de Tepoztlán y Huitzilac, por ejemplo, son drásticamente menores que los de Cuernavaca y Jiutepec, lo que haría imposible que los dos ayuntamientos de la parte norte de la metrópoli enfrenten los requerimientos de infraestructura, servicios públicos o seguridad como lo hace la ciudad central o la zona industrial (ubicada mayormente en Jiutepec).
También existen las limitaciones jurídicas. Aunque un municipio se vea afectado por lo que hace o deja de hacer su vecino, los ayuntamientos solo están facultados para regular lo que ocurre en sus territorios. Así, pese a que la vigilancia y protección de las áreas naturales puede ser muy eficiente en Tepoztlán, por ejemplo, al no serlo en Jiutepec o Emiliano Zapata, el deterioro ambiental es severo y afecta a todos los habitantes de la región.

Apostar a la buena voluntad combinada con el conocimiento y habilidades políticas de las administraciones municipales no ha sido nunca una buena idea. La historia enseña que la mayor parte de los alcaldes en la zona fallaron en la visión del territorio como una sola ciudad y muchos de ellos sólo ocupan espacios como escalones en sus carreras políticas o, peor, como espacios para negocios personales.
Aun cuando virtuosamente ahora los alcaldes de Cuernavaca José Luis Urióstegui Salgado, Jiutepec Eder Rodríguez Casillas, y Tepoztlán Perseo Quiroz Rendón han mostrado una visión de ciudad, sigue sin ser buena idea confiarse en que solo eso funcionará para atender las necesidades de una ciudadanía exigente.
Ahí es donde ayuda mucho la coordinación que ha orquestado la gobernadora Margarita González Saravia, pues no sólo se funda en la buena voluntad y habilidades de cada actor político, también (y esto es lo más importante), responde a una planeación del desarrollo metropolitano, y a instrumentos jurídicos como convenios de colaboración y coordinación cuya permanencia a futuro dependerá más de la exigencia ciudadana que de la voluntad de las autoridades.
Por eso vale la pena recordarlo, la zona metropolitana de Cuernavaca para muchos es una sola ciudad y en ella se reconocen todos sus habitantes.


